Piratería moderna

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Una escena de la recomendable película ’Capitán Phillips’, del director Paul Greengrass. AP. Una escena de la recomendable película ’Capitán Phillips’, del director Paul Greengrass. AP.
Una escena de la recomendable película ’Capitán Phillips’, del director Paul Greengrass. AP.

El más realista de los directores que laboran hoy en Hollywood es inglés y se llama Paul Greengrass.

Su habilidad para hacer la ficción más creíble la dejó clara desde la película que lo dio a conocer en cada esquina del globo terráqueo: la sobresaliente Bloody Sunday (2002), sobre un hecho sangriento ocurrido en 1972 y que empeoró las de por sí pésimas relaciones que existían entre Irlanda e Inglaterra.

También hizo verdad desde la mentira del arte cuando firmó la mejor película sobre los sucesos terroristas acaecidos el 11 de septiembre en la unión americana: United 93 (2006).

Lo volvió a confirmar con una de las más relevantes sagas criminales de la última década: The Bourne Supremacy (2004) y The Bourne Ultimatum (2007), que incluso marcaron la estética y el ritmo de otras franquicias de este mismo género en la unión americana.

Por eso, Greengrass era el realizador más calificado para llevar a la pantalla grande la odisea marina del capitán Richard Phillips en la recomendable Capitán Phillips, que de seguro recibirá varias nominaciones al premio Oscar, de repente en apartes como película, dirección y actor principal para Tom Hanks.

De paso, fue la presencia de Hanks la razón primordial por la que Greengrass aceptó estar al frente de esta película por encargo (cuando una productora externa contrata a un cineasta independiente para que filme una cinta industrial).

Este drama de suspenso, basado en el libro A Captain´s Duty: Somali Pirates, Navy SEALS, and Dangerous Days at Sea, es una angustiosa y tensa producción sobre el coraje de un hombre y cómo la necesidad de otros los lleva a cometer cualquier tipo de delitos, entre ellos, robo, secuestro y asesinato.

Greengrass trata de ser justo a la hora de presentar los conflictos de cada personaje, al punto de que hasta a los victimarios se les ve su lado de víctimas y los que en apariencia son los afectados terminan exhibiendo sus propias flaquezas.

Greengrass ni convierte plenamente a Phillips en un moderno héroe (interpretado con mucha solvencia por Hanks), ni convierte a los piratas somalíes en unos villanos hechos de caricatura, sino que trata de plantear por qué cientos de pescadores de esa parte de África se inclinan por actos ilegales como resultado de la pobreza que los azota desde hace décadas y la guerra civil que ha marcado este país desde la década de 1990.

Al final, Capitán Phillips es sobre la batalla dialéctica y física de dos capitanes en una situación límite que tienen en común: uno blanco y el otro negro, uno adulto y otro joven, uno estadounidense y el otro somalí, uno de clase media alta y el otro pobre, uno miembro modesto del Primer Mundo y el otro uno de los más marginados del Tercer Mundo.

Hagamos memoria. Richard Phillips estaba a cargo del imponente Maersk Alabama cuando el 8 de abril de 2009 cuatro africanos, a bordo de una barcaza de lo más miserable, alcanzan el enorme barco de contenedores y logran capturar a 21 ciudadanos estadounidenses desarmados y los tienen recluidos durante cinco días.

Este acto recibió mucha atención mediática al convertirse en la primera nave de bandera de Estados Unidos atrapada por piratas en dos siglos. Obvio, aquello fue tan humillante que mandaron a cuanto militar pudieran para tratar de opacar semejante ofensa.

Estos piratas contemporáneos, tanto los de verdad como los que presenta Greengrass, están años luces de parecerse a los señores de espadas y patas de palo que aparecen en las extraordinarias producciones de Michael Curtiz (El capitán Blood), Robert Siodmak (El temible burlón), Víctor Fleming (La isla del tesoro) y Gore Verbinski (Piratas del Caribe).

Este grupo de escuálidos, nerviosos y violentos piratas con AK-47 no se parecen en nada a los guapos, atléticos y sensuales piratas cinematográficos con los rostros de los intérpretes Errol Flynn, Burt Lancaster, Jackie Cooper y Johnny Deep.

Greengrass, hijo fiel del documental, decidió que sus piratas fueran actores naturales (sin formación interpretativa previa) y originarios de Somalia (aunque residentes en Estados Unidos e Inglaterra) para darle autenticidad a su largometraje.

También su rodaje fue en altamar y su cámara es tan ondulante y trepidante como la furia del océano donde ocurre el secuestro. Su Capitán Phillips es una maravilla de tensión, dolor y miedo, un amplio escaparate de la desigualdad social que impera por todos lados.

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