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Primero quiero expresar mi sorpresa al descubrir luego de revisar la lista de nominaciones que el actor británico James McAvoy no fue considerado para los premios Oscar o Globo de Oro.
Sin embargo, sí fue nominado al Bafta (premio de la industria británica del cine) por su excelente actuación en El último rey de Escocia. McAvoy representa su papel de hilo conductor de la historia de forma holgada, coherente y sin sobreactuaciones.
Lastimosamente, McAvoy no ganó el Bafta al ser superado por Alan Arkin por su personificación en Little Miss Sunshine.
También está brillante en este largometraje Whitaker, quien es un retrato del dictador ugandés. Pudo personificar el carácter, modismos, mirada y posturas de Idi Amín sin ningún esfuerzo.
Whitaker merece todos los premios que ha ganado en Estados Unidos y otros países debido a su poder interpretativo. Realmente dibujó un Amín creíble y natural. McAvoy y Whitaker son parte de un equipo que ha creado un filme realista, que no abusa de las escenas violentas para demostrar la crueldad de un sangriento dictador.
El director escocés Kevin Macdonald, muy poco conocido en Panamá, plasmó en esta película la difícil situación que vivió Uganda en la década de 1970. Y nunca recurrió a la lágrima fácil o las exageraciones.
Sobre el guión, que está basado en la novela de Giles Poden, hay que destacar cómo recurre a los acontecimientos históricos para mostrar el sufrimiento de un pueblo.
En cuanto a la ambientación, vestuario y fotografía hay que recalcar que son buenas y nada sobrecargadas. Transportan al público a la década de los 1970 con maestría. Es un buen filme que no debe dejar de ver. Y seguro ganador del Oscar, de la mano de Whitaker. |