Richard E. Grant dirigió y escribió en 2005 esta magnífica película que te roba el corazón desde su primera secuencia. Con una ambientación acertada y un vestuario impecable, Grant transporta junto con sus actores al espectador a la Suazilandia colonial.
En ese marco político la familia Compton, interpretada por los actores Gabriel Byrne (Harry); Miranda Richardson (Lauren) y Nicholas Hoult (Ralph), sufre por las medias verdades y el alcoholismo.
El reparto es reforzado a mitad de historia por la extraordinaria Emily Watson (Ruby).
Con un cuarteto como el detallado, Grant, al que conocemos en Panamá por su actuación en Garfield, Fraiser y Gosford Park, pudo idear escenas cargadas de dramatismo y dúos actorales.
Por ejemplo, Byrne tiene en cada momento del filme una responsabilidad grande, ya que debe reflejar, sin estereotipos, a un alcohólico torturado por el sufrimiento y el desamor.
Mientras que Richardson y Watson representan a las mujeres que aman al personaje de Byrne. Cada una creó un universo a sus personificaciones para darle más fuerza.
Richardson le da fortaleza con ademanes y recuerdos y Watson con sutileza y diálogos marcados por la profundidad y el efecto.
Sorprende el trabajo de Hoult, quien no se queda pequeño al estar junto a esos monstruos de la actuación, especialmente en sus escenas junto con Byrne y Watson.
La película es sin duda refrescante, con un tema que pocas veces los distribuidores exhiben en Panamá, donde la taquilla está dominada por efectos especiales y violencia. |