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Tierra predilecta de rodaje para cineastas internacionales, en donde estrellas como Brad Pitt han compartido plano con figurantes locales, la región marroquí de Ouarzazate persigue, a golpe de inversiones gubernamentales, su aspiración de convertirse en la Meca cinematográfica del continente africano.
Plató de producciones como Lawrence de Arabia (1961), Gladiador (1999), El reino de los cielos (2004) o Body of Lies (2008), la región de Ouarzazate, en Marruecos, confía en que el atractivo de sus kasbahs, su excelente luminosidad y la amplitud y grandiosidad de su extensión sigan actuando de reclamo para directores de la talla de Ridley Scott.
La apodada como “Hollywood del desierto” guarda en un escenario natural imponente que no necesita de mayores decorados para relucir una de sus principales bazas para atraer a los grandes de la industria, y sobrevivir en un entorno amenazado por la falta de infraestructuras y la competencia nacional y extranjera.
25 AÑOS DE HISTORIA.
Como testigo principal del ajetreo propio de los meses de rodaje y de la incertidumbre sobre la próxima fuente de ingresos, una vez finalizados los últimos planos, se alzan los estudios Atlas Corporation de Ouarzazate, con 25 años de historia y cerca de una treintena de filmes rodados en sus 30 hectáreas de terreno.
De esas películas siguen presentes recuerdos visibles, como las columnas del palacio de Herodes en la última versión de La Pasión, el mercado de esclavos reflejado en Gladiador o el templo tibetano construido para Kundun, en los que bajo una apariencia de autenticidad subyace la fragilidad del cartón piedra.
Toda esa encrucijada de civilizaciones convive a la espera de ser resucitada por la siguiente gran producción, que el director general de los estudios, Karim Belghmi, asegura que este año llegará a partir de marzo a cargo de una compañía alemana, para ser sucedida en abril por la cadena británica BBC.
Belghmi reconoce que en la ciudad no se han dedicado esfuerzos ni presupuesto suficiente para potenciar y dar a conocer todas las posibilidades de ese enclave, por lo que su empresa ha emprendido su propio camino de promoción a nivel nacional e internacional.
El aparente desamparo oficial en una región en donde la mitad de la población vive del cine, no obstante, tiene visos de cambiar con la recién estrenada Comisión del Cine promovida por el Consejo Regional y el Centro Cinematográfico Marroquí (CCM), y nacida con la voluntad de convertir la zona en 2016 en líder de la industria africana del sector.
Un objetivo para el que según el director general del CCM, Nour-Eddine Saïl, todavía falta “mucho trabajo, tiempo y movilización”, pero que a su juicio es factible con buena organización y que aspira a jugar un importante papel en el desarrollo económico de la región.
No es la primera vez que se reciben promesas de inversiones posteriormente incumplidas, pero desde el sector se confía en que esta vez el trabajo conjunto conduzca al éxito del proyecto, de un presupuesto de 4.6 millones de dólares. |