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Viernes | 10.08.2007
 
Travolta vuelve al musical hecho una dama
 
 

The New York Times Syndicate
BARCELONA, España

 
 

AP/Michael Sawyer
John Travolta visitó París, Francia, para la promoción de su último filme.

En unas recientes declaraciones, el actor John Travolta califica a las mujeres como “la fuerza más poderosa en mi mundo interior”, y afirma que ya las amaba desde su niñez - empezando por su madre y sus hermanas- y lo ha seguido haciendo hasta hoy día, con su esposa Kelly y su hija Ella Bleu por delante de todas.

Pero una cosa es admirarlas y otra convertirse en ellas, que es lo que hace el actor en su más reciente película, el musical Hairspray. Su personaje de la oronda Edna Tumblad, con sus abultados pechos y trasero, ha sido todo un reto para Travolta.

De entrada, cada día de rodaje implicaba una maratoniana sesión de caracterización que se iniciaba de madrugada y duraba cinco horas en las que se le colocaba la peluca, las prótesis correspondientes y el maquillaje. Esta película es una adaptación al cine de un éxito teatral y es el primer musical que hace Travolta en casi 30 años, después de Grease, el filme que en 1978 lo propulsó a la fama con su personaje de Danny Zuk o, al año siguiente de Fiebre del sábado noche, su primer trampolín.

AP/Michael Sawyer
Travolta está acompañado de otras estrellas como Christopher Walken, Michelle Pfeiffer y Queen Latifah.

Cuando al actor se le ofreció el papel de señora Tumblad, estuvo a punto de decir que no, pero finalmente accedió, ya que se impuso el reto de actuar como una mujer de verdad y no como un hombre disfrazado de fémina o un travestido. Tal fue el empeño de Travolta, que tuvo un efecto imprevisto. Según él mismo explicó en una entrevista al diario británico Daily Express, “no quería que el público viera un hombre en pantalla y, aunque me resulte incómodo decirlo, me sentí sexy”. “Incluso el equipo de rodaje, al final, se dirigía a mí como si fuera una mujer y hasta me ofrecían un asiento”. La receta para sentirse sexy fue “unos pechos más grandes, un trasero más voluminoso, una cintura más estrecha y una piel más suave”.

Haciendo honor a su condición de miembro de la ultraconservadora Iglesia de la Cienciología, Travolta pone en el primer lugar de su lista de mujeres a la suya, Kelly Preston, de 44 años, también actriz y madre de Ella Bleu, de 7 años, y de un chico, Jett, de 15. Y lo justifica diciendo que le gustan "las mujeres bien formadas". Al respecto, Travolta explica: “Me casé en los 90 con una mujer con curvas, quizás porque cuando era pequeño, en los años 50 y 60, las actrices de la época tenían formas, como Sophia Loren o Elizabeth Taylor. Eran mujeres reales, con cuerpo femenino. Ellas marcaban el erotismo de aquellas décadas y, aunque las curvas de Kelly no pueden compararse con las de ellas, sí tiene su sensualidad”.
Travolta considera que las actrices de Hollywood de hoy día están demasiado delgadas y no ve ningún atractivo en una mujer de la talla cero - la talla 34 en España-.

AP/Michael Sawyer
El nuevo proyecto de Travolta es una adaptación de una obra musical de 1988.

El actor no puede quejarse de las compañeras de reparto que le han tocado por suerte, ya que ha tenido oportunidad de trabajar con las rotundas curvas de Kirstie Alley en Mira quién habla (1989) y su secuela, las sugerentes curvas de Halle Berry en Operación Swordfish (2001) y cuya belleza califica como “un portento de la naturaleza” o las contenidas curvas de Jamie Lee Curtis en Perfect (1985).

Curvas aparte, una de las actrices que mayor impronta ha dejado en John Travolta es Olivia Newton-John, su compañera en Grease y con una sensualidad tan inocente como cautivadora que hace que sea “el tipo de chica que querrías llevar a casa para que la conociera tu madre”.

Curiosamente, la sustituta de Olivia en la segunda parte de Grease (1982) fue Michelle Pfeiffer, que también forma parte del reparto del musical Hairspray. Pfeiffer - al igual que Newton-John- nunca han tenido unas curvas muy marcadas, pero la actriz a sus 49 años se toma con humor las preocupaciones por el aspecto físico que tienen las féminas de su gremio. Michelle tiene la teoría de que las personas no aprecian su deterioro físico en toda su magnitud, gracias a que también su visión se degrada. Por ello, la actriz agradece a su mala vista el hecho de que se continúe viendo joven y guapa, algo que debe tomarse - salta a la vista, valga la redundancia- como una demostración de su modestia.

 
 
     
 
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