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Viernes | 26.10.2007 |
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| El Boss, la voz de la conciencia |
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Por:
Esteban Lines
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AP Photo/Kevin Mazur |
Barcelona (España) -
Bruce Springsteen ha comenzado su enésima gira mundial, pero en este caso con el mejor argumento para su afición: la E Street Band se reencuentra con su jefe para dar una vuelta más a la tuerca del éxito y a la fórmula rockera que galvaniza inmensas masas de aficionados desde hace 20 años.
El cantautor urbano de Nueva Jersey ha hecho coincidir la mencionada gira con la aparición en el mercado de su esperado nuevo disco, Magic (Sony-BMG), grabado también junto a su legendario combo.
Para el aficionado puntilloso del Boss -especialmente numeroso en Barcelona- los ensayos que estuvo realizando en el Convention Hall de Asbury Park y el Continental Airlines Arena de Nueva Jersey mostraron un gran tapete por entretejer: para la gira que empezó en Hartford (Connecticut), el repertorio se modificaba de un día para otro, con cambios de posición en el listado de canciones, temas que entran y salen, protagonismo relativo de cada uno de los miembros de la E Street...
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AP/Bob Child |
En su primera cita oficial, todo estaba dispuesto para que las dudas se difuminaran y la hermandad volviera a sonar bien engrasada.
Parte de la afición española podrá disfrutar en breve de este reencuentro (Madrid el 25 de noviembre, y Bilbao un día después). Barcelona se ha quedado esta vez fuera del circuito previsto.
Springsteen parece haber cerrado un corolario a modo de trilogía con este disco. El hecho es que después de la grabación del emotivo The rising en 2002, decidió cortar un tanto por lo sano con su grupo rockero.
Fue una decisión paradójica porque aquel disco le devolvió los favores de la crítica y de las emisoras radiofónicas comerciales de su país, tras obras de menor calado.
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AP/Carlos Osorio |
Aquella pieza gravitaba en torno al efecto del 11-S y comenzaba a alumbrar a un cantautor fornido y sanguíneo, pero también a un explícito crítico de su entorno.
Su obra siguiente, Devils and dust, incidió en esa apuesta, radicalmente política, prodemócrata, conservacionista, de alguien “harto de las mentiras”.
Las mentiras de la Administración Bush Jr., “un gobierno que nos está abocando al desastre”, manifestaba en 2004 en pleno apoyo a John Kerry.
Fracasó en ese apoyo y un buen número de seguidores de los tiempos de Born in the USA no dudaron en quemar públicamente sus discos. “Ya no es uno de los nuestros”, fue la consigna que corrió en los mentideros de la decaída industria del acero de la Costa Este, su gran caladero de fidelidades.
Magic es un significativo punto de inflexión. El tono general del disco gira gracias a dos soplos: el regreso de la energía, a ratos incluso pop, de la E Street Band, y por otro lado su permanente enfado ante la coyuntura política por la que atraviesa su país.
Su patriotismo no es aquel que mal entendió Ronald Reagan cuando dijo en 1984: “Mi mensaje se apoya en el mensaje de esperanza de Bruce Springsteen”.
Éste, aún con pocas tablas, respondió escuetamente que “los republicanos no lo comprendieron”.
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AP/Mark Lennihan |
Ahora, maestro de la escena, asegura que está “harto de mentirosos y gente que se merece ir a los tribunales”.
El diario The New York Times le dedicó una entrevista de lujo, y en ella el cantante de Nueva Jersey (58 años, tres hijos adolescentes: “son ellos los que me dicen que las cosas no van bien”) clarificaba su posición: “Estos seis años que van desde el 11-S hasta el desastre no han sido más que años descorazonadores, por no hablar del enfurecimiento”.
En su caso, y aquí muestra de indudable madurez, la rabia la ha destilado a través de canciones de corte melancólico, triste, jubiloso en ocasiones, pero con un deje de hartazgo profundo.
De desesperación, tal como grita en Last to die: “¿Quién será el último hombre en morir por un error?”.
En este panorama, y después de su último proyecto artístico en formato folk & roll de las Pete Seeger sessions, que dejó a buena parte de su guardia de hierro bostezando, Springsteen ha apostado por un cruce entre los citados The rising (la piedad, el dolor) y Devil and dust (rabia y denuncia) para clamar un civilizado “hasta aquí podíamos llegar” al ritmo que marca la imparable E Street Band.
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