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“Vencer o morir”: general Esteban Huertas

 
Jueves | 09.11.2006
 
Por: Ricardo Arturo Ríos Torres
 
La nación panameña existe como una comunidad de intereses desde el siglo XVI; es la hija de un parto difícil, doloroso y traumático; su personalidad sumativa y aluvional la caracteriza.

Somos una identidad múltiple. A lo largo de nuestro acontecer cada etnia y cultura nos aporta sus diferencias, pero el convivir social hace de nosotros una nación multicolor, multilingüe y pluricultural.

No somos uno y simple, somos heterogéneos y complejos, tenemos múltiples herencias, somos distintas patrias en una, somos el producto de un activo proceso de interfecundación cultural.

El aporte de lo diferente es lo que nos da singularidad. Somos la síntesis de un fascinante periplo que se inicia desde hace más de quinientos años.

Somos la nación más antigua de la América continental, desde Alaska a la Patagonia. Hemos definido un sentido de pertenencia con continuidad emocional fundamentado en afinidades culturales y espirituales.

Panamá es tierra de ambigüedades, de metáforas exóticas; somos hijos del conflicto y la contradicción, somos seres paradójicos.

Distintas águilas imperiales han tratado de someternos pero nuestra determinación por la libertad y la independencia marcan nuestro devenir existencial.

Asumimos el pasado sin exclusiones, sin temores ni vergüenzas. Siempre hemos cuestionado críticamente la presencia de las águilas imperiales en nuestro territorio.

Nuestra historia es el aprendizaje del infortunio y nunca hemos permitido que nos venza el dolor ni el odio. Panamá cicatriza sus heridas con nuevas esperanzas.

Autenticidad y dignidad son las constantes esenciales de la nación panameña. Y todo ello entra en colisión con el coloso del norte en 1903 cuando se da el acto separatista de Colombia.

Durante el siglo XIX dos fuerzas históricas definieron sus rumbos nacionales. Panamá en l82l se independiza de España y voluntariamente se une al sueño de Simón Bolívar, el de la patria grande, la Gran Colombia.

Fenecido ese proyecto de solidaridad de la América criolla, Panamá en distintos movimientos autonomistas y separatistas manifiesta su indeclinable voluntad de romper los vínculos con Nueva Granada o Colombia.

Así lo son:
- Los actos separatistas de 1830 y 1831 con José Domingo Espinar y Juan Eligio Alzuru.

- En l840 Tomás Herrera declara el Estado Libre del Istmo y de l855 a l885 se desarrolla el Estado Federal de Panamá, creación de Justo Arosemena.

- En l861, el Convenio de Colón con Santiago de la Guardia reclama nuestros derechos federalistas. La Guerra de los Mil Días de 1899 a 1902 plantea la actitud inequívoca de los panameños de seguir nuestro propio sendero, Belisario Porras y Victoriano Lorenzo representan ese sentir nacional.

Paralelamente el coloso del norte proclama el destino manifiesto, la Doctrina Monroe, aplica la política del gran garrote y la diplomacia del dólar.

Su expansionismo sin límites los hace apoderarse de los vastos territorios mexicanos de Texas a la California; conquistan Cuba, Puerto Rico, las Filipinas, Guam y Hawai... su dominio estratégico se extiende en todo el Caribe y el Pacífico norte.

Ya habían adquirido la Lousiana, Alaska y la Florida. En l846 asumen el control del istmo de Panamá cuando Nueva Granada a través del Tratado Mallarino-Bidlack cede su soberanía, para impedir los movimientos separatistas de los panameños.

Se inician así once intervenciones norteamericanas en Panamá durante el siglo XIX. Para completar su rompecabezas geopolítico y dar el jaque mate imperial sólo les faltaba el control absoluto del istmo de Panamá y hacer el Canal que tanto ambicionaban.

En 1903 en esa encrucijada entre el poder expansionista y la determinación separatista de los panameños coinciden dos fuerzas antagónicas. El coloso del norte nos impone un tratado oneroso, injusto y cruel: el Panamá Cede o Hay-Buneau Varilla.

Milan Kundera en uno de sus libros comentó una situación que se aplica a nuestro país, esas implacables fuerzas de la historia que atentan contra la libertad, acaban por reconocérsela.

Y eso ocurrió el 3l de diciembre de l999 cuando a la pretendida perpetuidad, los panameños le pusimos término con nuestros héroes y mártires. La perpetuidad sólo les duró 97 años.

“Hay épocas, hombres y acontecimientos de los cuales solo la historia puede emitir un juicio definitivo”.

Tito Livio

“Para juzgar las revoluciones y sus actores es menester observarlos muy de cerca y juzgarlos muy de lejos”.

Simón Bolívar

Y en esa confluencia de l903, entre intereses tan dispares, en el caso de Panamá tuvo una participación decisiva el general Esteban Huertas apoyado por las fuerzas populares y sobre todo por los liberales dirigidos por el general Domingo Díaz.

Y es que la patria es el lugar donde se ríe, llora y se suda, la patria está allí donde están los afectos y lealtades.

Y en esos momentos críticos, de incertidumbre, Esteban Huertas proclamó su adhesión a Panamá con su consigna de vencer o morir.

A Panamá le corresponde hacerle un honroso reconocimiento al general Esteban Huertas. La reedición de sus memorias publicadas originalmente en l959 es una iniciativa del Dr. Temístocles Díaz, un estudioso de la historia nacional.

Le toca a los investigadores, sociólogos y amantes de la verdad republicana indagar con objetividad y honestidad las fuentes bibliográficas consultadas.

Ya Jorge Thomas con su novela histórica, Con ardientes fulgores de Gloria, rescató el protagonismo de Manuel Amador Guerrero y José Agustín Arango durante el acto separatista de l903; falta sólo en ese péndulo de justicia destacar también la acción del general Esteban Huertas y del general Domingo Díaz.

Y ese es el propósito de la segunda edición de Memorias y Bosquejo Biográfico del General Esteban Huertas.

(El autor es coordinador del Círculo de Lectura Guillermo Andreve).

 
     
 
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