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Después de La calle del espanto, la historia del primer presidente del pueblo, desarrollada en Salsipuedes, Richard Brooks vuelve a plasmar un singular estilo literario con su homenaje a un personaje inmortal.
Alonso Quijano y Richard Brooks son los protagonistas de una publicación que está más allá del tiempo y los espacios; son exploradores en un universo sin fronteras y héroes de una gran batalla en pro de la cultura.
Juntos “cabalgan por el arco iris de las pasiones humanas”.
Ricardo Ríos, gran amigo de Richard Brooks y admirador del buen ciudadano es citado en repetidas ocasiones, pero en ninguna con palabras más exactas para describir la narrativa de Brooks que cuando señala “la literatura es cosa viva, expresa el ansia de infinitos de cada hombre, es un peregrinaje de absurdos”.
Los que conocen La calle del espanto saben que Richard Brooks es una persona apasionada, visionaria. La bitácora de la fantasía ratifica su genio irreverente, libre de preocupaciones conceptuales y siempre atento al entorno social.
“Carece de trama y temática creíble” es uno de los argumentos auto-críticos que emplea el autor. Como Oscar Wilde dijo: “sería maravilloso que yo mismo contase todo esto de mi mismo”.
Richard se deja llevar por su imaginación a un viaje de aventura creativa junto a personajes históricos y literarios.
Es cierto que no hay trama específica, pero leer la locura barroca de Richard Brooks satisface curiosidades y crea nuevas perspectivas, amplía horizontes.
La prosa precisa y sencilla pone al lector en contacto directo con la obra. Richard surge más sensual y romántico en su visión del mundo; un enamorado con los pies bien puestos sobre la tierra, y acompañado del más grande caballero andante, Alonso Quijano actúa con plena lucidez-.
Su estilo destaca en el uso del intertexto con autores y géneros diversos; Mercedes Arias, Neruda, Ramón Fonseca Mora, José Saramago, Ricardo Ríos, Augusto Roa Bastos, Simón Bolívar y Demetrio Korsi, entre muchos, aparecen sin egoísmo en un homenaje literario cargado de aventura quijotesca.
Richard Brooks es un hombre universal, como el inmortal personaje creado por Cervantes.
No le importa ni el tiempo ni el espacio, ama a las mujeres y a las aventuras; es un caballero, excelente amigo, hombre de letras y en una de sus vidas fue valiente luchador de la generación del 58, con quienes “hizo de cada panameño una bandera y sembró soberanía en su corazón”.
Es digno de admiración por su didáctico método de fomentar la creación e interpretación literaria.
La bitácora de la fantasía es sencillamente la historia de las andanzas de un personaje irreverente que también escribe con pasión. El libro será un hito en la literatura panameña ¡seguro!...
(El autor es parte de la membresía del Círculo de Lectura Guillermo Andreve).
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