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La bruja de Portobelo

 
Jueves | 28.12.2006
 
Por: Fernando López Peralta
 
“Las religiones establecidas han dejado de responder a las cuestiones fundamentales del hombre, como su identidad y su razón para vivir. En vez de eso, se han concentrado solo en una serie de dogmas y normas moldeadas para una organización social y política. De esta manera, la gente que busca una espiritualidad auténtica parte hacia nuevos rumbos; esto significa, sin ninguna duda, una vuelta al pasado y a los cultos primitivos, antes que esos cultos se contagien de las estructuras de poder”.

La bruja de Portobelo es una obra “testimonial” que inicia con una declaración sin firma que no contribuye en nada para comprender la rica y mística historia de Athena (otros nombres no valen la pena), una bebé adoptada por una pareja extranjera tras ser abandonada por su madre biológica, una gitana.

A partir de este punto, una vida de decisiones y atención incesante marcarán la memoria del lector a través de los testimonios de las personas que mayor oportunidad tuvieron de conocerla.

“El libre albedrío exige una responsabilidad inmensa, da trabajo y provoca angustia y sufrimiento”.

Su encanto siempre fue su espontaneidad, jamás se reservó su exuberancia natural, su luz interior irradió a todo el mundo, en todo momento.

No marchar sobre las líneas preestablecidas fue su goce, su desarrollo y su condena. Coelho es un “maestro” inspirador, un autor que espanta con su prosa liviana capaz de mimetizarse con el alma de sus lectores.

Aquello sucede porque “…al escribir los textos sagrados, está en ellos el alma del hombre que sirvió de instrumento para divulgarlos al mundo. Y no solo los textos sagrados, sino cada cosa que escribimos en un papel. Porque la mano que traza sus líneas refleja el alma de quien las escribe”.

Estamos ante una lectura que es una experiencia completa; todo un agente motivador que lleva al escalofrío, al borde del llanto. Tiene algo de brujería, de hechizo, que se apodera de las reflexiones y reta a la autenticidad al manifestar poderes y presencias superiores que la esencia humana ha tratado de reprimir durante siglos.

Entonces “las religiones volverán a ser tan solo un refugio para la gente más débil, que siempre está buscando guías”. “¿Qué quieres? No puedes querer ser feliz, porque eso es fácil y aburrido. No puedes querer solo amar, porque eso es imposible.

¿Qué quieres? Quieres justificar tu vida, vivirla de la manera más intensa posible. Eso es, al mismo tiempo, una trampa y un éxtasis. Intenta estar atenta al peligro, y vive la alegría, la aventura de ser… ¿Qué experiencia? Vivir como ser humano y como divinidad. Pasar de la tensión a la relajación. De la relajación al trance. Del trance al contacto más intenso con la gente. De ese contacto, de nuevo a la tensión, y así sucesivamente, como la serpiente que se muerde su propia cola. Nada fácil, sobre todo porque exige un amor incondicional, que no teme el sufrimiento, el rechazo, la pérdida. Pero el que bebe una vez de esta agua le es imposible volver a matar su sed en otras fuentes”.

En la literatura se encuentran las llaves que abren al hombre los senderos de la cultura, que conducen a la libertad; ocasionalmente resulta peligroso andar estos caminos y a veces, para llegar a la meta, hay que recorrerlos a solas. Afortunadamente, “la soledad es más fuerte cuando intentamos enfrentarnos a ella, pero se muestra débil cuando simplemente la ignoramos”. Así aprendemos a conocer el mundo y descubrimos universos particulares.

Es interesante la relación del protagonista para quien se escribe un libro y las declaraciones de aquellos que creen conocer su historia. El autor de aquel proyecto no develará por sí mismo su identidad sino hasta el final, antes es imposible o el interés se evaporaría cual gota de agua bajo el sol.

“El amor no es un hábito, un compromiso, ni una deuda. No es lo que nos dicen las canciones románticas; el amor es… ama y no preguntes demasiado. Solo ama”. “El verdadero amor está hecho de éxtasis y agonía”.

Todo tiene un precio, Athena lo supo muy bien y tras un violento crimen alcanzó su libertad.

El lector que se atreva a buscar en La bruja de Portobelo una oportunidad liberadora también pagará un alto costo, una influencia gitana.

“¡Cuando me muera, enterrádme de pie, porque he vivido de rodillas toda mi vida!”

(El autor de la reseña pertenece al Círculo de Lectura Guillermo Andreve).

 
 
     
 
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