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En la primera parte de la gran novela cervantina se utiliza la técnica de la intertextualidad con dos narraciones autónomas como lo son El curioso impertinente y El cautivo de Argel.
Además el Caballero de Lepanto complementa su diseño literario con dos exposiciones de oratoria-ensayo: El discurso de La Edad Dorada y el de Las Armas y las Letras, son apuntes conceptuales de la acción caballeresca del héroe manchego.
Don Quijote, en distintas ocasiones, reitera la misión de un caballero andante: su deber es acometer lo imposible. En su perfil debe ser un jurisperito, pues es imprescindible que conozca las leyes de la justicia distributiva; un teólogo para sustentar la ley que profesa; un médico o herbolario para curar las heridas; un astrólogo para determinar las coordenadas; un matemático para calcular sus acciones; saber nadar, herrar, ser honesto y casto en los pensamientos y sobre todo rechazar la adulación que corrompe.
Cervantes fue soldado de la España imperial (participa en la batalla de Lepanto de 1571, padece el cautiverio en Argel), conoce y sufre las penurias de su oficio; actuó con valentía y atrevimiento tal como lo hace el Quijote.
En su alegato sobre las armas y las letras nos dice: ellas requieren tanto espíritu como las letras. Su fin es la paz. Con ellas se defienden las repúblicas.
Dedicarse a las armas cuesta la vida. En la batalla es cuando se gana el grado. Su mayor peligro es la tecnología porque desconoce el valor personal, se refiere al uso de la artillería y la infantería (el uso de la pólvora y el estaño; el uso de las armas de fuego marca el ocaso de la caballería, la milicia deja de ser patrimonio de la nobleza).
Aunque es mayor el trabajo del soldado, es menor el premio. Es más fácil distinguir a dos mil letrados que a treinta mil soldados. El letrado puede sufrir en la vigilia hambre y desnudez, mientras el soldado a cada paso puede perder la vida. Don Quijote manifiesta a cada instante esa dualidad entre el hombre de acción y el de las letras. Es la proyección de la misma vida de Cervantes.
Su paradoja existencial oscila entre el soldado que lo da todo por el Rey y sólo recibe la indiferencia estatal.
Como escritor ni siquiera en su momento se le aprecia como uno de los clásicos. Amó las armas y sólo le dieron desilusiones. Con la prosa, la poesía y el drama alcanza el reconocimiento universal y gana el título de Caballero de la Palabra.
Recordemos a Simón Bolívar, hombre de letras, que aspiró a ser reconocido como el buen ciudadano. “Prefiero el título de ciudadano al de Libertador, porque éste emana de la guerra, aquél emana de las leyes. Cambiadme todos mis dictados por el de buen ciudadano”.
Al igual que Cervantes, Don Quijote sufre todos los desgarramientos, porrazos, auroras y ocasos. Para él, la literatura nos hace meditar en términos de siglos, nos libera de prejuicios, es el arte del cuestionamiento. Como Cervantes su alma está pintada en el papel.
Recomendamos de Francia Elena Goenaga, Estudio Literario de El Quijote de la Editorial Panamericana (Bogotá) y de E. Caballero Calderón, Breviario del Quijote de la editorial Afrodisio Aguado (Madrid) y Los Rostros del Tiempo de Ricardo Arturo Ríos Torres (ensayo sobre Bolívar). Los puede consultar en la Biblioteca Nacional.
Bibliografía quijotesca: España en tiempos del Quijote de Antonio Feros y Juan Gelabert es un compendio de ensayos en torno al fascinante texto cervantino. Allí se reconoce que los ingleses desde el siglo XVII hasta el siglo XX consideran al Quijote como una de las grandes obras de la literatura universal.
Por ejemplo, A.S. Byatt apunta que millones de lectores sienten atracción primitiva por sus personajes y aventuras pues una vez conocidos son imposibles de olvidar.
Se demuestra que cada generación lee El Quijote desde perspectivas diversas; se le valora desde distintos ángulos historiográficos, intelectuales e ideológicos.
Georgina Dopico Black, Jean-Frèderic Shaub, John H. Elliot, Antonio Feros, Roger Chartier ofrecen aportes relevantes sobre la época cervantina; analizan su tiempo de inquietudes, ansiedades, fracasos, carestías, corrupción, temores, crisis existenciales, violencia y crueldad, así como su tiempo de esperanzas, de ilusión, de diálogo entre culturas y sociedades, de creación de nuevos géneros literarios, entre otros.
Nota. Capítulo de La Magia del Quijote de Ricardo Arturo Ríos Torres e Isolda De León Becera. |