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Narración emotiva, con destellos poéticos, con puntuales metáforas, tintes eróticos con los antiguos olores y colores del mundo medieval.
Es magistral en su fluidez y suspenso, pinta las aberraciones de una época donde los siervos de la gleba no existen como seres humanos, están al arbitrio de los caprichos y sinrazones de los señores feudales.
Allí están las costumbres, prejuicios, crueldades e indefensión de los humildes ante los que ejercen el poder eclesiástico y terrenal.
Su sentido de autenticidad lo logra al recrear el ambiente rudo y peligroso con “los hombres de hierro”, la acción oscila entre el amor y el odio, pasiones extremas que alcanzan un vértigo febril en personajes antagónicos como Fray Angélico, La Dama de Negro, Leola, Nynever, la Reina Leonor de Aquitania.
Son líricas las imágenes con Abelardo y Eloísa, de Tristán e Isolda. Son llamativos los pasajes de los cátaros, los torneos de los caballeros, el rey Arturo, Ricardo Corazón de León, los herméticos, la inquisición, la mítica Avalon, son muchas las alusiones a esa época de grandes contrastes que ya vaticinan lo que será el Renacimiento.
La novela se inicia con un pensamiento contestatario: “Soy mujer y escribo. Soy plebeya y sé leer. Nací sierva y soy libre”, muy diferente a la escritora estadounidense Alice Walker en su famosa obra El color púrpura: “Eres negra, eres pobre, eres fea, eres una mujer. Vamos que no eres nada”. Dos situaciones diferentes que marcan la trama de las dos novelas.
Destaca los perfiles bien definidos de cada uno de sus protagonistas, sin ser feminista establece una triangulación expectante entre Leola, Dhuoda y Nynever, son mujeres al estilo de las que Cervantes define en su Don Quijote, decididas, con carácter y personalidades fuertes.
Las armoniza en una relación de contrapunto con Fray Angélico, el herrero León y el alquimista Gastón.
Es notable la capacidad de narrar de Rosa Montero que involucra al lector en sus dramas, lo hace sufrir y alegrarse con su verbo fácil y seductor, así logra que el lector sea protagonista de lo que acontece a cada instante.
Sus reflexiones en torno a la palabra son inolvidables, tienen profundidad filosófica, predomina en todo el diseño narrativo una estética del alma.
La historia prohibida del Rey Transparente cierra la acción literaria con un final sorprendente. Es una novela para leer una y otra vez. Por eso en nuestro libro con Isolda De León, La magia del Quijote, utilizamos como epígrafes algunos de sus pensamientos cardinales.
Referencia Bibliográfica: Montero, Rosa. Historia del Rey Transparente/ Colombia: Alfaguara, 2005. 534p. |