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“Estaba próximo a cumplirse el sueño de muchas generaciones. El olvido de la naturaleza que ya quiso corregir Carlos V, que preocupó a Simón Bolívar, iba a tener remedio.
La visual francesa, el cerebro, la energía y la técnica de los norteamericanos, el músculo de los trabajadores venidos de todas partes del mundo, el sufrimiento imponderable de los que perdieron sus pueblos, sus asientos, iban a encontrar compensación en la obra más portentosa de ingeniería que hasta entonces había realizado el hombre.”
Estamos ante una novela histórica, ante una obra de sensible esencia y fuerza evolutiva. Pocas veces se tiene oportunidad de apreciar tal pulcritud histórica y fascinante desarrollo literario. Gil Blas Tejeira tuvo la medida exacta para consolidar una producción en la que los detalles en la descripción de sucesos y personajes se dan sin prisas o fuera de contexto. La estructura es fluida, sin complejidades, permitiendo así una lucida muestra de arte narrativo sin opacar en nada el mérito propio del historiador. Pueblos Perdidos vio luz hace 45 años, después de una gestación prolongada, como el progreso del hombre partiendo en dos el istmo.
Andrés Ruilope no pudo expresarlo con menos ni mejores palabras: “Libro de educación complementaria en los programas de literatura nacional. Y la usarán los profesores de historia. Y la leerán los panameños que buscan la verdad del pasado. Y le darán su calor y cariño los literatos y los críticos... No tuvo necesidad de crear un símbolo. El héroe estaba hecho. Gil Blas lo supo colocar en su elemento y elevar hasta el zénit.”
Somos hijos de un istmo rico y generoso, pero de naturaleza indómita. Naturaleza que cobró vidas sin mostrarse alguna vez rendida. Alto costo representó la hazaña del Canal de Panamá. Entre estos elementos nos lleva el autor para darnos la oportunidad de compartir la lucha sanitaria, de sudar trabajando bajo el sol de nuestro trópico, para llorar tantas muertes y maldecir enfermedades. Para amar más la tierra que es nuestra y tantos intereses y pasiones despierta en grandes poderes.
Separar los elementos planteados en esta novela histórica sería, más que imposible, absurdo. Es necesario valorar un conjunto de argumentos que progresan sobre el suave espacio entre la fantasía y la veracidad histórica. Es justo otorgar al autor el reconocimiento de una creación que ante el paso de los años se mantiene vigente, exponiendo el sentimiento inalterable de fraternidad y arraigo con la Patria y la gente que en ella vela por el progreso y la verdad. Ayer, hoy y siempre será la arteria vital de la nacionalidad panameña.
“El viejo Camino de Cruces fue el Canal de Tierra, porque aunque usaba las aguas del Chagres, se hacía buena parte del cruce por tierra.”
El Canal de Hierro: el Ferrocarril.
La historia del Canal de Panamá -el Canal de Agua- es ciertamente conocida y recientemente actualizada con la optimista opinión de la escuálida mayoría que autorizó su ampliación. De todo lo anterior, lo importante viene a ser -como se manifiesta en uno de los inteligentes diálogos de Pueblos Perdidos-: “El Canal terminará algún día y entonces nosotros y nuestros hijos nos entretendremos en ver pasar por sus aguas los barcos empenechados, cargados de riquezas...” Si de metáfora se tratara, que se diga:
“Pegados como perros recién nacidos a la teta estéril...”
La suerte ha sido echada. Dios, el destino y la historia aguarden por negarme la razón ¡Cuánto anhelo equivocarme! Panamá, tierra amada, Bendita seas junto a cada uno de tus hijos.
Gil Blas Tejeira: Gracias por este regalo a tantas generaciones de panameños. ¡Viva Pedro Prestán! ¡Abajo los verdugos extranjeros y nacionales! |