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Hacen buena literatura los autores que tienen cultura literaria; el leer y escribir van de la mano.
El ahogado de Tristán Solarte es un buen ejemplo de esto.
La crítica literaria actual le da un valor excepcional a la trilogía del autor, la obra y el lector.
¿Cómo el lector adquiere protagonismo? Hacer reseñas de los libros y expresar su parecer, participar de programas, en círculos de lectura. Siempre hay una tribuna, no hay excusas.
Mi experiencia personal comenzó hace más de 40 años, gracias a la orientación de escritores y amigos como Rogelio Sinán, Rosa María Britton, Neco Endara, y muchos otros.
Antes mi protagonismo era como líder estudiantil y docente, pertenecí a la heroica Generación del 58 con Floyd Britton, Polidoro Pinzón, Blas Bloise, Humberto Brugiatti, y muchos otros.
Al incursionar en el mundo literario quedó a un lado la imagen del “peligroso” dirigente estudiantil. Escribía semanalmente en todos los periódicos, comentaba los libros leídos, hacía guías del lector, estudié, investigué, escuchaba con humildad a las grandes figuras de la intelectualidad panameña.
El protagonismo como lector me llevó a publicar antologías Como Las raíces compartidas y Musas del centenario dedicada a los autores nacionales, La metáfora de los espejos sobre más de 100 autores de otras latitudes.
Luego edité El archipiélago soñado, análisis del haber bibliográfico de Ernesto Endara (participé en el Miró y perdí; la galardonada era superior).
Luego Los laberintos del amor, un estudio literario sobre el Dr. Rodolfo Ermocilla. El lector se hacía escritor.
En la gala de una obra no podemos participar los lectores ya que no conocemos su contenido, para eso hay otras oportunidades, ni tampoco es el momento.
Si se va criticar un libro debemos hacerlo con un análisis que fundamente nuestras objeciones. Nunca decir: no lo entendí, no me gusta; pedirle al autor que baje su nivel conceptual para aquellos lectores que todo lo quieren fácil.
La loma de cristal de Ariel Barría lleva al lector a reflexionar, es un reto a la imaginación. La calle de espanto de Richard Brooks es la expresión de la literatura barroca o de lo que ahora llaman posmodernidad.
El protagonismo del lector responde a muchas lecturas, sacrificios y renunciamientos. |