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| ’Te di la vida entera’ |
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Jueves | 24.05.2007 |
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| Por: Fernando López Peralta |
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“La vida no vale nada, si tengo que posponer, cada minuto de ser, y morirme en una cama”.
Cuquita es el nombre de una mujer cuya vida de sentimientos, esperas y absurdos es narrada por “la autora que triunfa en Europa”, Zoé Valdés. Es una vida que, como la propia narración, se desarrolla a ritmo de música latina.
Cuquita Martínez, la Mechunga y la Puchunga son tres mujeres que se quieren como hermanas de una familia, sobrevivientes a una crisis que parece no terminar jamás.
María Regla también entrará a formar parte del nutrido grupo de protagonistas, pero en una corriente diferente, hasta que lo comprende todo. “Nuestras vidas quisieron ser algo, pero no son nada. Se han perdido como la mañana que se pierde en la tarde...”.
Leer Te di la vida entera es conocer un nuevo gusto en el lenguaje. Los protagonistas comparten un romance nacido a primera vista, con besos de menta.
Un romance de distancia y pasión a mares, de mucha espera. Una pareja que se reencuentra por un dólar, pero no cualquier dólar.
Epígrafes, bailes, colas y canciones son parte de una estructura creada por la autora, una mujer que ha declarado ser más cuestionada por Cuba que por su literatura y cómo no, si destaca con maravillosa gracia y crítica.
| AP/Jacques Brinon |
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| Zoé Valdés |
Zoé Valdés derrocha cultura en esta obra de simpática elocuencia. Utiliza varios narradores que no pueden pasar desapercibidos: una escritora, su conciencia y una muerta, también un cubano en Nueva York.
Son muchos personajes, varias situaciones entre las páginas de fantasía sembrada en tierra y arena isleña. Ivo, el Fax, la Fotocopiadora, Hernia y Yocandra; personajes excéntricos, inusuales como las recetas de cocina y sus sustitutos de adaptación y supervivencia. Hay de todo: una cucaracha rusa, Katrinka Tres-Escobas y un Roedor etíope, Juan Pérez -tocayo del Uan-.
En un breve paseo se va del llanto a la risa y otra vez al llanto hasta lograr un desenlace donde Zoé Valdés brilla como escritora al plantear una caprichosa rectificación para demostrar que el tiempo de una vida, lo absurdo y la esperanza son cosa de todos los días. “Habana, yo no sé si volverán aquellos tiempos, Habana, cuando buscaba la luna en el Malecón. Habana, cuánto anhelo regresar a ver tus playas, Habana, y volver a ver tus calles sonreír. Habana, a pesar de la distancia no te olvido, Habana, por ti siento la nostalgia de volver”.
(Valdés, Zoé. Te di la vida entera/ Brooket, 1998). |
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