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| El desenterrador |
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Jueves | 31.05.2007 |
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| Por: Richard Brooks |
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La historia se hace personaje literario cuando ese acontecer trasciende su localidad y se universaliza.
Ramón Fonseca Mora enfrenta con osadía quijotesca tanto los trágicos sucesos del 9 de enero de 1964 como la violencia institucional promovida por la dictadura militar de Omar Torrijos, Rubén Darío Paredes y Manuel Antonio Noriega.
Asimismo, abre “las puertas del infierno” al abordar la alucinante y morbosa experiencia de una secta de asesinos en la búsqueda afanosa de “la energía vital del alma”.
Creación literaria barroca o posmodernista
Si la temática de El Desenterrador es explosiva, controversial, polémica y sin concesiones conceptuales, también lo es la propuesta literaria de una novela que rompe paradigmas.
Con estilo singular, Ramón Fonseca Mora inicia con mucha sutilidad el electrizante texto, al ofrecernos desde el principio las claves de la trama central de una composición literaria excepcional. Son las pistas de un entramado excitante y novedoso.
La estructura multipolar con definidos conjuntos narrativos, atrapa al lector, lo agobia con una carga emocional que lo hace sufrir, llorar, reír, rechazar, identificarse, amar y odiar todo lo que ocurre.
Fonseca Mora es hábil al entrecruzar, con creciente suspenso y con el uso de los tiempos simultáneos todas las pasiones humanas. Siempre hay un contrapunto, tanto de matices de un modo de ser pleno de ambigüedades como de metas definidas. Eso hace de El Desenterrador una novela diferente e interesante.
El Desenterrador es un coro polifónico con múltiples voces narrativas. Así Bill, Soledad, Jorge, Anabella, Miguel y sobre todo Urbano expresan sus ambivalencias, temores y sentimientos.
Ellos rompen la típica monotonía y secuencia lineal de muchas otras que nos abruman con su inmovilismo literario.
El Desenterrador es otra cosa. Aquí todo es un enigmático rompecabezas de sorpresas en el cual, el lector coloca, desde su perspectiva, las piezas esenciales hasta encontrar el eje subyacente de un extraordinario drama existencial.
Otro detalle de relieve en el diseño literario es el estilo dialogado que le da a la lectura una dinámica original, sustentada por descripciones puntuales de ambientes y protagonistas, que permiten al lector participar en la trama, al asumir un rol principal.
Otro valor sustancial es que la narración tiene detalles poéticos con metáforas significativas, lo que le da musicalidad a la prosa.
El Desenterrador exige una lectura con horizontes abiertos, una actitud libre de prejuicios, es una obra para lectores con imaginación.
Temática
Nos atrevimos a atravesar la frontera prohibida y desafiar a todos los que consideraban un gigante imposible de vencer.
Ramón Fonseca Mora, como una ola huracanada, remueve el subsuelo del alma humana; nada es igual después de la lectura de El Desenterrador.
Narra los trágicos acontecimientos del 9 de enero de 1964 desde ópticas distintas. La marcha de los estudiantes del Nido de Águilas hasta los incidentes con los “zonians” en la Escuela de Balboa. Nos hace sentir la serenidad, valentía y determinación de una juventud heroica.
También nos mete en la piel de esa población colonialista que siente como suyo ese territorio canalero; son dos fuerzas antagónicas que chocan con vehemencia.
Bill es la voz de la arrogancia imperial. “Vivimos esos momentos de caos, destrucción y muerte, de angustia e impotencia ante la agresión del Coloso del Norte”.
El diablo visitó a Panamá hace treinta años, en una tempestad de dolor y muerte que arrebató a muchos su niñez, su juventud.
Otra de las historias paralelas es “la desaparición” de las víctimas de la dictadura militar que ensombreció este país por más de veinte años.
Esos crímenes todavía están silenciados por un muro de tinieblas y perversidad de un ente judicial corrupto.
Ramón Fonseca Mora confronta con valor el caso particular de “Menéndez” (Heliodoro Portugal).
“En esa muerte hubo violencia, tortura, sadismo y maldad... Es la constante búsqueda de muchos otros como Floyd Britton, Héctor Gallego y Rita Ward.
Con esta obra, Ramón Fonseca Mora desentierra sus obsesiones; es un grito para que la tierra y el mar saquen a la luz los cuerpos ocultos de panameños decentes que lucharon por una sociedad más justa.
(Richard Brooks es irlandés – tabogano, autor de “La calle del espanto y “La bitácora de la fantasía”. Actualmente reside en el Tibet). |
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