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He leído con profunda admiración y respeto Las Flores de Mi Vendimia, obra poética de Sydia Candanedo de Zúñiga, con la cual la escritora confirma lo que ya sabíamos sobre su reconocida trayectoria en las letras panameñas.
El lenguaje de su poesía intimista, siempre fresco y vigoroso, logra entrelazar en una sola eternidad el alpha y el omega, el misterio y la claridad, la dialéctica y el silencio, el oximorón y la paradoja.
Se trata de versos con sabor a vida, como la propia autora nos anuncia con sublime delicadeza en la dedicatoria que de su puño y letra nos hizo en la primera página del libro que empezamos y terminamos de leer en un solo día.
Desde hace algún tiempo, tengo la fortuna de contar con la amistad de los esposos Zúñiga-Candanedo y sentí, como es natural, una enorme satisfacción al conocer la singular manera que mis amigos escogieron para celebrar sus bodas de diamante, presentando a la faz del país, este completo y bien organizado compendio de la obra poética de la Dra. Sydia.
Y es que uno puede sentir inmediatamente, cómo se escurre en cada verso el subyugante amor que se profesa esta pareja.
Tomemos de ejemplo para corroborar lo anterior, la antojadiza selección que he hecho de fragmentos de algunos poemas que se incluyen, por supuesto, completos en el libro:
Pero me acerco a ti como fugaz hechizo, en un sutil retorno de amapola, para llevar entre mis suaves pétalos mi amor ante tu amor desesperado.
La flor deshojada
Estás aquí. Te miro. Te miro en el espejo. Tu cara es la de ayer, tu gesto es el de siempre, pero tus mismas cosas no son aquellas que eran.
Tus brazos desgajados buscan al infinito, llaman al horizonte, rasgan toda la esfera.
Tras la lluvia se entierra la sequía. El valle ya se ha dormido, es la paz.
Ya duerme entre sus entrañas. Nuestro amor. Así es el amor.
Hoy como siempre te adoro, mi cielo, mi amor, mi encanto,
chispa de fuego en mi mente,
dulzura en noches de nardo.
Todo el año y un día.
Hojas de caimito, flores de caimito, leche de caimito.
Pero…,¡qué sabrosa la pulpa y su dulce, así son tus labios, sabor a caimito!
Fructífera cosecha entretenida.
Quienes la conocemos como escritora y como artista, sabemos que Sydia Candanedo de Zúñiga no es maga de un solo truco, ya que su sensibilidad desbordante la lleva no solo a cantarle al amor, sino también a la patria, a la naturaleza, a Chiriquí y a su Boquete.
A la vez, con un estilo similar al de Neruda también le canta a las pequeñas cosas cotidianas: las llaves, los aretes, los alfileres, los botones y los fósforos.
Su exuberante entusiasmo y pasión por escribir, le confieren valor agregado de frescura y espontaneidad a sus versos, con los cuales logra condicionar al lector, sin proponérselo, a pensar con los sentidos y a sentir con la mente.
No escapa a la valoración intrínseca y eminentemente estética que podemos hacer de la lectura de sus poemas en Las Flores de mi Vendimia, la ignota comprensión de la esencia raizal del ser humano que aspira a sentirse realizado a plenitud, lo cual solo puede lograrse, a fin de cuentas, cuando las personas se dan generosamente en el amor, la amistad y la devoción por el bien, valores estos que no solo son útiles para vivir y tener una larga vida, sino que constituyen la razón de ser de vidas trascendentes como es el caso de los invaluables amigos, el Dr. Carlos Iván Zúñiga Guardia y la Dra. Sydia Candanedo de Zúñiga, quienes a lo largo y ancho de sus sesenta años de feliz vida matrimonial han sabido con cada vendimia resistir el embate del siroco y dominar el arte de subir juntos.
Nota. Joaquín González es docente, pintor y escritor. Asesor del Círculo de Lectura Guillermo Andreve.
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