CANALES
  Reportaje especial
  Tecnología
  Bebés
  Salud
  Mascotas
  Psicología
  Hogar
  Psicología sexual
 
  ENTRETENIMIENTO
  Discos
  Cine
  Farándula
  Libros
 
  EL IMPRESO
  Hoy por hoy
  Panorama
  Nacionales
  Opinión
  Perspectiva
  Deportes
  Mundo
  Economía y Negocios
  Vivir +
  Reseña
  Sociales
  Horóscopo
 
  SUPLEMENTOS
  Ellas Virtual
  Martes Financiero
  Aprendo Web
  Reseña Empresarial
  Pulso de la Nación
 
  TIEMPO LIBRE
  Turismo
  De interés
  Cine
  De noche
 
  SERVICIOS
  Contáctenos
  ¿Quiénes somos?
 
 
 
 
 
La magia del libro que llevaba el número 13
 
Jueves | 05.07.2007
 
Por: Miguel Ángel Trenas
(Madrid/España)
Distribuido por The New York Times Syndicate
 
La Regla 31
Con más de 115 mil ejemplares vendidos en su primer mes en librerías, El cuento número trece, publicado en castellano por Lumen y en catalán por Empúries, se ha convertido en uno de los grandes fenómenos literarios del año, más aun si se tiene en cuenta que se trata de la primera novela de su autora, la inglesa Diane Setterfield.

Un libro que engancha desde la primera página –con una escena inicial del libro protagonizada por una joven que presencia, sin saberlo, una operación de separación de siameses– dice y cuya prosa lleva al paladar del lector el recuerdo de aquella literatura gótica inglesa de siglos pretéritos. Un libro de amor a los libros que ha sido comparado con La sombra del viento de Carlos Ruiz Zafón y tiene como protagonistas a una vieja escritora, Vida Winter, acostumbrada a mentir, que decide confiar la historia de su vida a una joven librera, Margaret -la narradora-, empeñada en saber la verdad.

Se trata de una novela llena de referencias a la literatura inglesa del XIX, pero que encuentra su inspiración oculta en André Gide. “El tema de la obra es de mi tesis doctoral, y cuando lees los seis mismos libros de un mismo autor una y otra vez durante años, su ritmo y sus frases se quedan impresas a fuego en tu mente”, dijo Setterfield.

El éxito ha conmovido la vida de Diane, profesora de literatura francesa en la Universidad de Lancashire que, un buen día hace algo más de cinco años, descubrió que la vida que llevaba no le acababa de gustar. “Era feliz en las clases, con los alumnos -dice-, pero faltaba algo más y decidí que había llegado el momento de escribir de una forma más creativa y menos analítica”.

Un proceso lento, ya que es su primera novela y su segundo libro. “Dediqué dos años a escribir la primera versión, me gustaba la historia, los personajes, pero no la estructura narrativa y finalmente decidí abandonar. Pero los personajes no me dejaron, y finalmente dedique otros tres años a reescribir todo el libro”.

El libro de Setterfield, salpicado de algunas escenas bastante violentas, es en sí una defensa de la magia de los libros: “Cuando era niña, me parecían tan mágicos que resultaba imposible que los pudiera escribir un ser humano normal como yo. Luego, cuando fui madurando, me di cuenta de que la magia de los libros es una cualidad que está en las propias obras y que los escritores son personas normales”.

Para ella, leer es algo milagroso “que permite establecer un contacto con una persona que vive en otro país o que murió antes de que nacieras, algo que puede hacerte llorar o cambiarte la vida y conocer a gente que nunca ha existido. Por eso me halaga que comparen escenas de mi novela con el cementerio de los libros olvidados que aparece en el libro de Zafón”. La autora recuerda que, en apenas unas semanas, pasó del temor a no encontrar editor al vértigo de ver cómo cambiaba su vida. Temía también que el libro no fuera bastante comercial, que resultara demasiado inglés, demasiado antiguo, a pesar de que en él se encadenan las sorpresas y revelaciones.

“Siempre me han apasionado las historias y contar historias, los libros que me gustan están escritos con mucha inteligencia y con sensibilidad, pero no estoy de acuerdo con quien considera que las novelas literarias y las comerciales pertenecen a dos grupos diferentes. Las historias que me gustaría leer lo tienen todo. Por eso, cuando me puse a escribir el libro, fije y sopesé todas las palabras, la estructura narrativa. Apliqué todo lo que había aprendido como estudiante y profesora, pero al mismo tiempo sabía que tenía que escribir algo que pudiera leer mi madre, una persona a la que le gusta leer, pero que no es culta”.

Diane añade que “para mí, escribir es algo muy técnico, soy muy consciente de lo que supone el trabajo, el oficio, y de la necesidad de mantener distancia y ser crítica”. La novelista asegura que, cuando escribe, busca una especie de autosatisfacción. “Sería muy peligroso tratar de atraer a un tipo determinado de público. Soy el lector al que me dirijo, pero no seguiría escribiendo si no se publicaran mis libros. El ser humano tiene la necesidad de comunicarse y, si nadie te escucha, dejas de hablar”.

La autora se muestra optimista al hablar de la calidad del lector: “Uno de los aspectos de la magia de la lectura es que el libro adecuado puede trasformar al lector. Leer es un gran viaje y los libros son las distintas etapas de ese viaje. En ese viaje, un lector que sólo lee libros muy comerciales, un día, sin darse cuenta, puede leer un libro que le cuente una historia fantástica, muy bien escrito, con inteligencia y con belleza, que puede abrir su apetito para seguir leyendo cosas distintas a las del pasado”.
 
     
 
¡ESCRÍBENOS TUS COMENTARIOS AQUÍ!
   
 
 
PUBLICIDAD
 
 
© Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Corporación La Prensa: (507)222-1222 | prensa.com: 323-7292 / 323-7338
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá