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| Una transición histórica con ecos actuales |
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Jueves | 04.10.2007 |
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Por:
Justo Barranco
The New York Times Syndicate
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AP/Emilio Morenatti |
BARCELONA, España. -La historia de Karen Armstrong es singular. Nacida en 1944 en Inglaterra, fue monja por siete años. Dejó la orden en 1969 y se graduó en Oxford. Y tras un viaje a Jerusalén en 1984, emprendió un proyecto de largo aliento que llega hasta hoy: el estudio de las grandes tradiciones religiosas, lo que la ha llevado a formar parte en los últimos tiempos del grupo de alto nivel de la Alianza de Civilizaciones de Zapatero.
Libros como Breve historia del islam, Mahoma: biografía del Profeta o Los orígenes del fundamentalismo han sido etapas de un proyecto que tiende cada vez más a la síntesis, como se manifiesta en su nuevo libro: La gran transformación (Paidós), que ha presentado estos días en Barcelona, donde ha dado una conferencia en el CCCB.
“La gran transformación” de la que habla el libro es la que se produjo entre los siglos IX y II a. C. - lo que el filósofo Karl Jaspers denominaba la era axial- en cuatro regiones del mundo y que dio lugar a las grandes tradiciones que siguen vigentes: el confucianismo y el taoísmo en China, el hinduismo y el budismo en India, el monoteísmo en Israel y el racionalismo filosófico en Grecia.
Fue el periodo de Buda, Sócrates, Confucio, Jeremías, los Upanishads o Eurípides. Un cambio que significó pasar de unas religiones en las que solo había que respetar rituales a otras en las que lo importante era el comportamiento y, más concretamente, asegura Armstrong, la capacidad de compasión. “No fue un proceso uniforme. En Israel, por ejemplo, pronto se hizo inviable por vicisitudes históricas, pero volvió más tarde con el judaísmo rabínico, la cristiandad o el islam”, explica Armstrong.
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AP/Ariel Jerozolimski |
En cuanto a la India, siempre ha sido una tierra con genio para las religiones, y desde luego Buda es la estrella de la era axial. En China estaría Confucio. En todos los casos, el cambio se corresponde con vida urbana y economía de mercado, con horizontes más amplios, ya sea por el comercio o, como en el caso judío, por su deportación a Babilonia.
Es una época en la que hay avances tecnológicos que hacen las armas más eficientes y peligrosas. Y se produce un aumento de la violencia. De modo que experimentan un proceso de transición en la historia, como el iniciado tras el 11-S. Cada una de esas tradiciones religiosas fue una revolución contra la violencia. “En cambio en Grecia, donde no dejaron nunca la violencia y había una democracia agresiva, nunca hubo un cambio similar en la era axial, sino más científico. Aun así, Sócrates fue en la misma dirección que India o China con su ...solo sé que no sé nada..: cuando conoces tu ignorancia puede tener lugar la búsqueda.Y también la tragedia griega estaba escrita con el espíritu de la era axial, con el coro pidiendo al público llorar por criminales por los que normalmente uno siente aversión”.
Y es que, prosigue Armstrong, el gran 'ethos' de la era axial fue ése, la compasión, la capacidad de sentir como los otros. Buda, Confucio o los Uppanishads no estaban interesados en las doctrinas, para ellos la religión era cuestión de comportamiento. Con ellos la religión dejó de ser una cuestión ritual, externa, y se creó una tecnología espiritual para explorar el mundo interior.
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AP/ Kevin Frayer |
Su base es moral, ética, la empatía y la compasión, sentir como los otros y que esos otros no sean solo los de tu grupo, sino todos. Como diría Jesús luego, ...ama a tu enemigo... Te quitas a ti del centro del mundo y pones a otro. La regla de Confucio era ...no hagas a otros lo que no querrías que te hicieran y experimentarás trascendencia... Esa es la regla de oro, no se trata de ser yogui. Pero contrariamente a ellos, dice, Platón, con su mundo ideal, “fue un ortodoxo que creía que primero venía la creencia correcta, la metafísica, y que la ética estaba en segundo lugar. Y la cristiandad occidental ha mantenido esta obsesión con la doctrina, mucho más que el islam o el judaísmo.
Lo que, traído hasta hoy, significa para Armstrong que es necesaria una nueva adaptación de aquellos principios axiales, comunes a las diversas creencias, a nuestra aldea global. “No se trata de esperar a Lutero o un nuevo Papa. Sabemos qué hacer y lo podemos hacer nosotros mismos: se trata de aplicar la regla dorada”.
En cuanto al islam, asegura que “es equivocado decir que se opone a la modernidad. A inicios del siglo XX sus líderes miraban a Occidente porque veían que la modernidad, como pide el Corán, puede llevar a más igualdad. El gran muftí de Egipto en 1906, tras viajar a Francia, dijo: ...En París he visto islam, pero no musulmanes; en Egipto veo musulmanes pero no islam...
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