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| 'Shantaram' |
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Sábado | 10.11.2007 |
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Por:
Ricardo Arturo Ríos Torres
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El australiano Gregory David Roberts irrumpe con éxito en el mundo de las letras, con prosa hiperenergética, a cada palabra le da ecos oceánicos. De esta forma atrapa al lector en un torbellino de miedos, euforia y pavor, todo en una narración magistral: Shantaram.
Bombay, la ciudad isla de la India, asume en el dramático texto un protagonismo espectacular. Gregory David Roberts nos embriaga con los sonidos, colores y olores de una metrópoli, que es un permanente carnaval de necesidades y avaricias, de súplicas e intrigas las cuales salpican como furioso monzón sus calles.
Bombay es un átomo significativo de una humanidad planetaria, el habla polifónica de Babel tiene allí más de doscientos dialectos y lenguas, dándole una sonoridad singular.
En Bombay el sentido de la vida y la muerte oscila entre grotescos absurdos de opulencias y miserias. Bombay es la ciudad del crimen organizado, allí todo se falsifica, el infierno tiene su posada a la par del Avalón con su auténtica esperanza. Shantaram expresa con puntualidad cervantina, el complejo y alucinante mapa psíquico-emocional de personajes dialécticos con miradas psicóticas y sensibilidades inéditas.
Amistad, lealtad, valor, cobardía, amor, odio, crueldad y generosidad se multiplican en sus páginas al crear laberintos psíquicos impresionantes.
La fantástica obra es una referencia obligada para conocer el drama geopolítico del Asia Central (India, Pakistán, Afganistán); también para los estudiosos de la filosofía, antropología, religiones, política, economía, sociología. Además los perfiles de sus personajes hacen de Shantaram una obra para releer una y otra vez.
Las más hermosas metáforas y el lirismo sensual de su cálido lenguaje le permite a Gregory David Roberts conmocionar la espiritualidad del lector más avezado.
Shantaram es una narración conceptual y musical con resonancia universal. Los dolores y tragedias de una culpa lacerante se dan en una acción simultánea con las pasiones más extremas.
Gregory David Roberts escribe con sangre, lágrimas y júbilo; es el idioma más íntimo de un corazón roto por los fracasos personales. Los diálogos son expectantes, el suspenso nos hace sudar y las múltiples historias de amor de sus protagonistas nos emocionan hasta llegar al borde del abismo.
Los matices descriptivos tienen el don de captar lo subyacente de las relaciones humanas. Las pinceladas geográficas y culturales nos obligan a palpitar con rapidez por las tensiones que nos originan el olor del miedo, la esencia del peligro y la ilusión de las esperanzas.
Los numerosos personajes son extravagantes, obsesivos al delirio y posesivos hasta más allá de la muerte; son personalidades salvajes en su instinto primario, desnudos de las falacias de la civilización, pero tiernos con la inquieta avidez de las emociones más humanas.
Khaderbai, Prakaber, Karla, Abdullah, como tantos otros, nos obligan a pensar y sentir con perspectivas diferentes.
El autor, Gregory David Roberts, es en sí todo un personaje novelesco. De la acción revolucionaria del anarquismo pasa a la drogadicción y la maleantería, detenido logra escaparse de una prisión de alta seguridad.
La redención maravillosa de la literatura lo salva como ser humano, la disciplina y la abstracción poniéndole vida a cada letra.
Ideas cardinales de un texto dramático- alegórico
“Los políticos hacen de la codicia una religión. El poder real es el poder de los secretos.
Lo único que se necesita para endurecer el corazón de un hombre es un aparato judicial.
Hay una verdad más profunda que la experiencia, es la solidaridad de los marginados.
No existe felicidad sin aflicción, ni fortuna sin precio.
No hay acto de fe más hermoso que la generosidad de los más pobres.
El dolor sin sufrimiento es como la victoria sin esfuerzo. El sufrimiento es la felicidad pero al revés.
Seguimos vivos porque podemos amar, y amamos porque podemos perdonar. Todo acto virtuoso esconde un oscuro secreto en su corazón.
La crueldad es un tipo de cobardía. Lo que más desprecia el despotismo es la rectitud de sus víctimas.
Nadie miente ni oculta sus secretos al cantar. El mal es la fuente de todo dinero. No existe el dinero limpio.
El odio te mata si no te libras de él. El pasado es una sombra testimonial.
Toda puerta es una entrada a través del tiempo y el espacio, tiene una “cinésis” propia que nos lleva tanto al pasado como al futuro.
El honor es el arte de la humildad.
Solo puedes ser tú mismo.
Cada latido del corazón es un universo de posibilidades.
El alma no pertenece a ninguna cultura, no sabe de naciones, no tiene color ni acento, ni forma de vida. El alma es para siempre, es una. Y cuando el corazón tiene un instante de verdad y de pesar, nada contiene el alma.
Las cárceles son los templos donde los demonios aprenden a atacar. Cada vez que enjaulamos a un hombre, lo encerramos con el odio.
El amor nace en esa parte de nosotros que no muere.
Las lágrimas nacen en el corazón. Llorar es un indicio de fuerza”.
Referencia Bibliográfica.
Roberts, Gregory David. Shantaram/ Traducción de Alejandro Palomas. Barcelona: Umbriel Editores, 2006. 1,141p.
(Esta reseña dedicada a la escritora panameña Stella Dupuis que ama a la India hasta el infinito; sus obras lo confirman). |
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