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El lenguaje de los dioses
 
Sábado | 10.11.2007
 

Por: Ricardo Arturo Ríos Torres

 
LA PRENSA/David Mesa
En el devenir literario de la humanidad, la lírica siempre ha sido y es el lenguaje de los dioses, el idioma de los sentimientos.

Asimismo, los poemas épicos más emblemáticos en el acontecer histórico son: La Ilíada y La Odisea, El Cantar del Mío Cid, La canción de Rolando y el poema a Machu Pichu de Pablo Neruda.

La lírica es el género esencial de la literatura, tanto a la narración como al drama le da ritmos, tonos y profundidades conceptuales realmente significantes; así lo observamos en la prosa poética de autores como Marguerite Yourcenar o el más reciente como Gregory David Roberts.

Las metáforas en los cuentos, novelas y obras de teatro son hermosas cuando el escritor es un poeta como Cervantes, Octavio Paz o Shakespeare. Hacer poesía o leerla es un privilegio.

La persona poética

Luigi Pirandello en Seis personajes en busca de un autor escribe: se nace a la vida de tantos modos y con tantas formas: árbol o piedra, agua o mariposa. Y también se nace personaje.

En el caso de José Sobrino nació poeta. Con él no tengo, por ahora, amistad, no lo conozco pero al leer su poemario Al borde del abismo del silencio nos sucede que al profundizar en su diseño literario, perspectivas y estilo, descubro a un hombre sustantivo, de convicciones y con sentimientos humanísticos. Y es que como lo señalan Roland Barthes, Borges, Vargas Llosa y muchos otros “hay una unidad existencial entre el escribir, el pensar y el existir”.

José Sobrino tiene un ethos cinético, plenum de vitalidad; es como lo dice el poeta panameño Roberto Luzcando: toda obra de verdadero mérito artístico nace de las vivencias que son las relaciones continuas e íntimas entre el hábitat y la psiquis.

Lo apreciamos cuando José Sobrino nos manifiesta:

Soy un extraño
Soy un desconocido para mi
¿cómo hacer un plano del alma?
Y saber de cuevas donde guarecerme de los cataclismos que provocan los celos, la envidia, la incertidumbre, continuamente me extravío. Y aterrado de que me vean al desnudo con vergüenza de ser descubierto, comienzo a escribir.


Y el autor de Al borde del abismo del silencio reflexiona con pasión, con un ritmo poético de recónditas confesiones.
Sus palabras tienen carne, suspiros, secretos, angustias,
sensibilidades.

El novelista venezolano Francisco Herrera Luque expresa que la esencia del hombre se encuentra muchas veces en los detalles más insignificantes, en el discurrir diario, en esa acción vital de ser es hacerse.

Así observamos en su lírica un ser conceptual, filosófico y es que José Sobrino es un lector apasionado, su literatura no es improvisada surge del análisis e intuición y sobre todo de la experiencia vivida y esencialmente de sus lecturas.

Sus poemas tienen intensos acentos, sus ecos son perdurables.
José Sobrino encarna el pensamiento de Hans Christian Andersen, quien nos dice que la poesía debe ser breve, clara y rica.

En su poemario descubrimos un lenguaje subyacente, en el que armoniza todo lo existente, lo personal con la cosmovisión de una realidad social de proyecciones universales.

Es preciso aclarar que el sentimiento no puede sistematizarse pero sí comunicarse entre almas afines y auténticas.

Los poetas tienen un aura especial para ver, oír, y transmitir la realidad sensorial, para examinar críticamente la condición humana.

“¡Enséñese con poesía!”

El espíritu poético, históricamente, propicia la armonía del ser humano con su entorno natural, es vital esa correlación con el universo: Somos uno.

Así lo manifiesta Daisaku Ikeda: el espíritu poético humedece, en su influjo, la tierra reseca del corazón humano.

Fantasías

Quisiera una noche de luna azul
una tormenta de pétalos iluminada con rayos de colores y cobijarme con una manta de esperanza.

La lluvia
Gotas de cristal
se desprenden de las nubes
formando un cortinaje
de hilos transparentes
que cuelgan hasta el piso
provocando un tintineo,
cálido arrullo
de intensidades variables
que ondula el viento
llenando de frescor y humedad
lo que tocan

Escuchemos, escuchemos, escuchemos… al tsunami,
al terremoto, al huracán, eco de los gritos de dolor de la madre naturaleza,
sufriendo, nuestra irracional agresión.


Por ello, nos identificamos con el poeta José Martí al exclamar “¡Enséñese con poesía!”

Y eso lo hacen los poetas de aquí y de otras latitudes como Amelia Denis de Icaza, Ricardo Miró y Walt Whitman. La poesía del alma defiende la vida y la dignidad de los seres humanos.

Potencia genética

Cuando un libro genera comentarios acuciosos y reflexiones profundas, cuando provoca el deseo de escribir en otros, cuando su capacidad creativa se desarrolla en expansión creciente, un libro con esas cualidades tiene
potencia genética y el poemario de José Sobrino es un libro con potencia genética.

Y tal como lo manifestó el gran poeta japonés Matsuo Basho: si añado algo más sería como añadir otro dedo a la mano.
 
     
 
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