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| El loco de Argamasilla |
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Jueves | 17.01.2008 |
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Por: Ricardo Arturo Ríos Torres e Isolda De León
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“Sin imaginación no hay vida, como tampoco sabiduría sin locura”
Erasmo de Rótterdam.
“La mansedumbre me irrita”
Miguel De Unamuno.
Durante el reposo de una buena comida los que conducen al Quijote a su pueblo de Argamasilla se sorprenden al escuchar un gran estruendo.
De la maleza sale una hermosa cabra, temerosa y despavorida. El cabrero la llama Manchada.
En el diálogo con el cura Pérez, el rústico hace gala de una insólita elocuencia. El cura declara que los montes crían letrados y las cabañas de los pastores encierran filósofos.
Eugenio narra la historia de su decepción amorosa, cuenta que Leandra es una doncella famosa por su belleza que se enamora de un soldado fanfarrón, de vistosos trajes, músico y poeta.
Ella escapa con el galán de oropel.
Este la abandona luego de robarle sus ricas joyas. El padre la encierra en un monasterio mientras sus enamorados van por esos montes a cantar sus infortunios.
Don Quijote interviene y el cabrero lo califica como un hombre que tiene los aposentos de su cabeza vacíos.
Se da una trifulca entre ellos. El cura, el canónigo, los cuadrilleros se mueren de risa ante la riña que se interrumpe al son de una dolorosa trompeta.
Se trata de una procesión de disciplinantes, penitentes encapuchados vestidos de blanco que hacen letanías ante la sequía que arruina los campos y llevan con ellos una imagen de la Virgen cubierta de luto.
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Don Quijote imagina que es una dama cautiva, reclama su libertad. Los flagelados lo consideran un loco y se burlan de sus disparates. El caballero de Argamasilla se enfurece, arremete contra ellos con cólera y una vez más, nuestro hidalgo cae al suelo malparado.
Al cabo de seis días llegan a la aldea de Don Quijote. La esposa de Sancho le pregunta por los bienes traídos. Sancho afirma: “no hay cosa más gustosa en el mundo que ser un honrado escudero de un caballero andante buscador de aventuras. He sido manteado y molido, pero es lindo atravesar montes, selvas, visitar castillos” Sancho se quijotiza.
Cervantes con habilidad plantea un final abierto a la primera parte de su obra. Esta es una técnica usada hoy por los grandes narradores.
Anuncia la tercera salida del Caballero de la triste figura, el Don Diablo de los cueros de vino tinto.
Dice que el autor de esta historia no ha encontrado los documentos que continúan la saga del loco de Argamasilla.
Luego, hace referencia a un antiguo médico que tiene en su poder una caja de plomo hallada en los cimientos de una ermita con pergaminos escritos en letra gótica.
Esos extraños textos hablan de las aventuras, amores e incidentes del más famoso caballero andante de todos los tiempos; sobresalen elogios y epitafios de Los académicos de Argamasilla a su ilustre hijo: Don Quijote.
Se mencionan allí a Sancho, Dulcinea y Rocinante. Este desenlace lleva a la publicación del Quijote apócrifo de Alonso Fernández de Avellaneda, enemigo del Manco de Lepanto.
Cervantes desarrolló la narrativa, el teatro, la poesía, el ensayo y en un diálogo de géneros los integra en su novela sobre el héroe de la Mancha: Don Quijote. Así surge como uno de los máximos exponentes de la literatura barroca.
Refranero quijotesco:
A buen salvo está el que repica
Cada oveja con su pareja
En la tardanza está el peligro
Hoy por ti y mañana por mí
Lo que cuesta poco, se estima en menos.
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Detalle quijotesco. En la monumental odisea del Caballero de la locura se mencionan más de 100 mujeres y muchas de ellas con protagonismo.
Cervantes así dignifica literariamente a la mujer y le hace un reconocimiento a su compleja personalidad a través de sus múltiples caracteres.
Paradoja y parodia cervantina. Gonzalo Torrente Ballester y Patria de Pousa, consideran que Don Quijote y Sancho son una sutil ironía de Cervantes tanto contra los libros de caballería como de la sociedad de su época.
El Caballero de La Mancha, un ente alucinado flaco y desgarbado, es una tosca imitación, una deforme proyección de personajes como Amadís de Gaula, su armadura es ridícula y grotesca.
A Rocinante, un caballo de trabajo lo transforma en brioso corcel; el escudero es un rústico, ingenuo e iletrado campesino.
El loco de Argamasilla es el antihéroe, “el antípoda del prototipo auténtico de los caballeros andantes (P. de Pousa), Sancho una caricatura del tradicional escudero.
Ese contrapunto entre realidad y fantasía es el eje básico de un diseño literario excepcional.
Nota. La magia del Quijote la puede adquirir en Exedra, Ribasmith y La Cultural Panameña. |
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