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El asesinato de la literatura
 
Martes | 26.02.2008
 

Por: Justo Barranco
The New York Times Syndicate


 
LA PRENSA
“Estamos asesinando la literatura”. O “En la escuela hoy no se aprende de qué hablan los libros, sino de qué críticos”.

Son dos de las afirmaciones que Tzvetan Todorov (Sofía, 1939), uno de los teóricos de la literatura con más influencia en las últimas décadas, lanza en su último libro, La literatura en perill (Galaxia Gutenberg), recién presentado junto con Los aventureros del absoluto (Galaxia Gutenberg), un ensayo sobre Wilde, Rilke y Tsvietaieva.

Todorov dice que La literatura en perill - que pronto aparecerá también en español- no es un mea culpa, pero que se siente “un poco responsable” de la situación actual.

“En los años sesenta y setenta intenté equilibrar los estudios literarios - entonces divididos en naciones y siglos- aportando un acercamiento más interno a la literatura”, a sus estructuras y formas.

La literatura y la vida

A partir de la situación de la literatura en la Francia de hoy, de su enseñanza, de sus críticos y de ciertas corrientes de los escritores actuales que parecen no gustarle demasiado, Todorov, que vive allí desde 1963, se interroga, dice, “sobre la identidad misma de la literatura en nuestro mundo contemporáneo”.

“En el libro estudio la evolución de la literatura desde el siglo de las luces hasta el presente, y esa evolución parece que lleva a separar la literatura de la vida de los hombres y las mujeres comunes. Y yo evidentemente defiendo la tesis opuesta: que la literatura está profundamente ligada a la comprensión de la condición humana. Si no, ya habría desaparecido”, advierte.

En la escuela

LA PRENSA
“Los alumnos en la escuela no comprenden por qué tienen estudios literarios, de letras, en los que aprenden figuras de retórica o procedimientos narrativos. Piensan que los preparan exclusivamente para la profesión de profesor de literatura. Y es absurdo que sea así, porque la literatura no está para preparar profesores de literatura. Al revés, es para un mejor conocimiento del ser humano, y de eso todos tenemos necesidad”, lamenta.

Y apunta que “demuestra cierta falta de humildad el hecho de impartir nuestras propias teorías sobre las obras en lugar de las obras en sí”.

“Volver a centrar la enseñanza de las letras en los textos respondería, no lo dudo, a los deseos ocultos de la mayoría de los maestros, que escogieron su oficio porque aman la literatura. Es la literatura la que está destinada a todo el mundo, no los estudios literarios”, reclama.

Escritores y críticos

Pero, dice, “la concepción reductora de la literatura no se manifiesta solo en las aulas de las escuelas o de las universidades; también está representada en abundancia entre los periodistas que reseñan los libros, e incluso entre los mismos escritores”.

En ese sentido, señala, “ha habido una evolución que hace que los creadores den la impresión de escribir para la crítica, algo que pasa también con la pintura y el arte conceptual”.

Corrientes literarias

Y carga contra tres corrientes de escritores: los formalistas, en los que la literatura solo habla de ella misma, con construcciones ingeniosas, simetrías y ecos diversos; la corriente nihilista, “según la cual los hombres son estúpidos y malvados y la destrucción y la violencia muestran la verdad de la condición humana, viendo la vida como el advenimiento de un desastre”; y una vertiente del nihilismo: el solipsismo, en el que “cuanto más repugnante es el mundo, más fascinante es el yo”. El autor solipsista, indica, “describe con todo detalle sus emociones más mínimas”.

Comunicarnos con los otros

LA PRENSA
Y el asunto, dice Todorov, “no es que la literatura sea una técnica de curación anímica, pero puede transformarnos a cada uno de nosotros desde el interior”.

Añade que “el lector ordinario, que continúa buscando en las obras que lee algo que dé sentido a su vida, tiene razón de oponerse a los profesores, críticos y escritores que le dicen que la literatura solo habla de sí misma, o que solo enseña la desesperanza”.

Porque, en su opinión, “lo que nos dan las novelas no es un nuevo saber, sino una nueva capacidad de comunicación con seres diferentes de nosotros”.

“Y pensar y sentir adoptando el punto de vista de los otros, personas reales o personajes literarios, es el único medio para tender a la universalidad, y eso incluye los libros que el crítico profesional considera con condescendencia si no con menosprecio, desde Los tres mosqueteros hasta Harry Potter”.

Consejos para profesores

“Les aconsejaría partir de textos en los que el interés sea evidente para los alumnos e ir progresivamente a textos más alejados, de mundos que les sean más extraños. Y hablar de lo que hablan los libros y no solo del libro. Creo que todos los alumnos pueden reconocerse en las historias de identidad, amor, depresión o violencia que cuentan los libros. Hay que hacer que los alumnos vuelvan a encontrar el interés por la literatura”.
 
     
 
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