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“Cuéntame un cuento y verás qué contento me voy a la cama y tengo lindos sueños…”. Así empieza una canción española de la década de los años 1990, pero bien podría ser la frase preferida de un niño hacia su abuelo, quien desde el nacimiento de su nieto se convierte en juglar.
Da igual la edad porque, para ser un cuentacuentos, puedes tener 50 ó 70 años, lo importante es ser abuelo por vocación, no por obligación.
Contar cuentos, historias o las tan escuchadas “batallitas de la infancia” crea un vínculo entre el abuelo y el nieto y ayuda al pequeño de la familia a ser más creativo y superar sus miedos. Sin embargo, hay formas y formas de narrar y por ello la escritora argentina Silvia Adela Kohan propone en Abuelos cuentacuentos una guía práctica para aprender a contar historias.
“El secreto de narrar una historia está en no hacer nada por obligación. Hay muchos abuelos que actúan de forma mecánica movidos por la culpa y por ello recurren a los tópicos. Mientras, el abuelo que disfruta es un abuelo creativo”, explicó Kohan en una entrevista.
Los cuentos no solo ayudan a los niños a superar sus miedos o aprender a través de las moralejas, sino que “sirven para descargar, para que los niños hagan una catarsis a través de la historia”.
Narrar bien una historia puede incluso ayudar a educar a los nietos o a corregir actitudes. “Las advertencias son mejor entendidas por los niños a través de un cuento que si se las dicen sus padres directamente. Es más fácil explicar en tercera persona y a través de una historia”, apunta Kohan.
“Mi nieto Luca trepaba por los árboles a pesar de las advertencias de sus padres. Un día lo senté y le narré un cuento en el que un niño se cayó de un árbol y se quedó paralítico. Se lo conté creando toda una historia, personajes, lugares… Le impresionó y desde entonces va con más cuidado”, recuerda anecdóticamente.
Además, los cuentos también ayudan a mantener el vínculo entre el nieto y el abuelo en la distancia. “Repetir un cuento a un nieto que vive lejos es lo mejor, ya que así asocian la figura del abuelo con una historia y aunque luego no se acuerden de tu cara, se acuerdan que eres la persona que les cuenta tal cuento determinado”, asevera.
EL MISTERIO
La televisión y los videojuegos son hoy en día los pasatiempos favoritos de muchos niños, pero en opinión de Kohan, “los cuentos siguen embelesando igual que antes.
Todo depende de iniciar al niño desde pequeño en el cuento. Se trata de crear un hábito y contarles un cuento o una historia cada vez que te encuentras con ellos”.
Un videojuego o la televisión atraen porque cuentan mil historias y generan un clima de misterio, como un cuento en imágenes, y por ello para que un cuento atrape “todo depende de la actitud. Si predispones al niño al misterio, seguro que el cuento le va a interesar tanto como el videojuego”.
La estrategia de tomar un cuento como leitmotiv ayuda también a mantener a los nietos atrapados en las historias. “Lo bueno de crear un cuento es que puedes ir haciendo que el personaje evolucione de la misma manera que tus nietos y así siempre les interesará, ya que se sentirán identificados con las vivencias.
ABUELOS CUENTACUENTOS
“Todos somos capaces de contar un cuento, incluso las personas que están convencidas de que no saben hacerlo”, sentencia Kohan, para quien hay muchas maneras de contar “y cada uno debe rescatar la propia”.
En Abuelos cuentacuentos, Kohan asegura que la clave del éxito de una buena narración reside en que “tú misma o tú mismo te creas lo que cuentas aunque sea disparatado. Se trata de una cuestión de actitud y de entrega. Disfrutar con lo que se cuenta para que también disfruten quienes escuchan”.
En el momento de contar un cuento, el abuelo cuentacuentos debe tener ciertos detalles en cuenta: se debe crear un clima favorable, un cierto silencio en el ambiente y una temperatura adecuada, sin interferencias de ninguna clase, y se debe recordar que la voz tiene múltiples registros.
Aunque lo más importante es escoger con precisión “las palabras, las pausas, la entonación y los énfasis, los gestos y los ademanes enriquecen o empobrecen el cuento y lo desacreditan o lo refuerzan”, explica la autora argentina en el libro. |