![]() |
|
|||
|
SECCIONES
|
Portada |
Hoy por hoy |
La Ciudad |
| Nacionales |
|||
| Deportes |
|||
| Opinión |
|||
| Mundo |
|||
| Negocios |
|||
| Defensor del
lector |
|||
| Revista |
|||
| Reseña |
|||
| Sociales |
|||
| Horóscopo | |||
|
SERVICIOS
|
|||
| Titulares
por email |
|||
| Directorio de email |
|||
| Reportajes |
|||
| Columnistas |
|||
| El tiempo | |||
|
TIEMPO LIBRE
|
|||
| Turismo |
|||
| De
interés |
|||
| Agenda |
|||
| Cine |
|||
| De
noche |
|||
| Restaurantes |
|||
| Recetas | |||
|
SUPLEMENTOS
|
|||
| Ellas
Virtual |
|||
| Martes
Financiero |
|||
| Aprendo
Web |
|||
| R.
Empresarial |
|||
|
SEPARATAS
|
|||
| Pulso
de la Nación |
|||
|
AYUDA
|
|||
| Guía
del sitio |
|||
| Tarifas |
|||
| ¿Quienes
somos? |
|||
| Contáctenos |
|||
| VISITA | |||
| Defensoría
del pueblo |
|||
Bocas del Toro es un archipiélago único y especial. Sus paisajes marinos y terrestres albergan una riqueza ecológica inigualable. Los grupos humanos que conviven allí tienen los orígenes más diversos y se configuran en un mundo multicultural y multilingüe: negros, mestizos, europeos, asiáticos y todas las mezclas posibles entre los anteriores conforman una población admirable. Dentro de toda esta diversidad natural y cultural destacan ciertas expresiones que nos permiten identificar claramente a Bocas: la arquitectura, el lenguaje y la cocina tradicional. Aunque hay evidencia de que el archipiélago bocatoreño fue habitado por primera vez desde hace más de mil 200 años por inmigrantes de tierra firme (ancestros de los actuales ngobes), las islas sufrieron los vaivenes demográficos de un litoral de importancia estratégica y fue objeto de persistentes disputas. Por siglos, después de la ‘‘conquista’’ española (que nunca arraigó, a pesar de ser el primer lugar de Panamá visitado por Cristóbal Colón en 1502) Bocas del Toro fue objeto de incursiones de bucaneros, corsarios, misioneros y feroces indígenas hasta que a principios del siglo XIX se estableció un poblado permanente. En ese momento se gesta la arquitectura que hoy apreciamos, hacia finales del decimonono, ligada a la prosperidad del comercio y la explotación de las riquezas naturales: maderas preciosas, carne y caparazones de tortuga, caucho, cacao y zarzaparrilla. Después se cultivó el banano, que todavía hoy domina la economía de la región. El
lenguaje El lenguaje arquitectónico del Caribe es anglófono sin duda, pero tiene orígenes tan distantes como la India y la Inglaterra victorianas. Fue en su momento el lenguaje de la modernidad adaptada al trópico. Era un mundo de imperios en apogeo, altamente competitivo y a su modo globalizado por la nueva industrialización de mediados del siglo XIX. En esa época era importante pertenecer a aquel primer mundo aunque uno viviera en una esquina del Caribe. Así, la modernidad se expresaba en los materiales de construcción importados y en el acceso a bienes derivados de relaciones comerciales a larga distancia. No estamos hablando de paredes de quincha y cubiertas de tejas, de bohíos pajizos o tapias de calicanto: la arquitectura caribeña es una arquitectura, sencilla y fácil de ensamblar, de madera con techos altos donde no se acumula la humedad, galerías cubiertas y elevada sobre pilotes para facilitar la ventilación y posibilitar la construcción sobre el agua, medio principal de comunicación. Es ligera, modular, fácil de construir y de reconstruir si fuera el caso o de ampliar. Es elegante y sus espacios son multifuncionales y adaptables a familias extensas y comunidades generosamente solidarias. En Bocas esta arquitectura alcanzó su apogeo hace cien años, cuando el cultivo del banano generó muchísima riqueza y la población se concentró en la Isla Colón.
Pero la arquitectura bocatoreña no es una arquitectura de plantación. Al contrario, muchos elementos del lenguaje formal instituido por la Compañía Bananera se toman prestados de la arquitectura caribeña preexistente. En 1885 se registra la siguiente descripción de una casa en Bastimentos: ‘‘era un edificio de madera bien construido, limpio, bien amueblado, con pisos brillantes, cielo raso pintado, paredes empapeladas y dotado de amenidades que en Jamaica no se ven en casas pertenecientes al mismo tipo de gentes. Esta casa no era un ejemplo solitario, pues una gran proporción de las casas del caserío tenía el mismo carácter’’ (de acuerdo al naturalista J.H. Hart, traducción de Stanley Heckadon, 1998). Como señala el más importante investigador panameño del tema, el arquitecto Samuel Gutiérrez, ‘‘las viviendas aparecen elevadas del suelo, con balcones, galerías, buhardillas y otros elementos que tipifican una arquitectura muy característica de este archipiélago y del Caribe en general. Siguen la tipología tradicional caribeña como el empleo de la madera, los pilotes, las galerías, las chambranas [que son adornos arriba y alrededor de las puertas] y una gran variedad de tornapuntas [que son piezas de madera colocadas oblicuamente para ligar dos maderos ensamblados] que cumplen funciones estructurales y decorativas’’. Las dos obras del arquitecto Gutiérrez, La arquitectura de dos archipiélagos caribeños: Estudio comparado de Bocas del Toro, Panamá y San Andrés y Providencia, Colombia (1986) y Arquitectura Caribeña: Puerto Limón-Bocas del Toro (1991) son ya clásicos de consulta obligada para los interesados en profundizar en el tema. Epílogo La mayoría de las casas estaban tan bien hechas que salvo de ser destruidas por los incendios, han sobrevivido hasta hoy. Pero el boom turístico y la nueva modernidad amenazan este patrimonio. No es barato reconstruir las casas de madera, y ahora la modernidad se expresa en bloques de cemento, las miami-windows, las verjas ‘‘pecho de paloma’’ y los balaústres. Igual que hace cien años, todo se importa de fuera para parecerse a la cultura dominante. Pero no es igual, no es un lenguaje coherente con el medio, ni qué decir elegante o funcional. El reto es valorar el pasado (en este caso la arquitectura caribeña tradicional) porque funciona bien, no por nostalgia o por un elitismo retrógrado, sino porque nos proporciona identidad y nos sirve de apoyo hacia el futuro. (El autor es Director Nacional del Patrimonio Histórico, a.i., INAC). .
|
|