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Un
diagnóstico, una bahía
“Aquí
no ha habido una epidemia porque Dios quiere mucho a Panamá”, opina
Guardia
GERARDO
BERROA LOO
gberroa@prensa.com
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La
gran cantidad de desechos sólidos arrojados a ríos y quebradas,
además de la contaminación que va a parar a la bahía de Panamá,
provocan las inundaciones en temporadas de lluvia.
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Creer
que uno va a volver a bañarse en la bahía es como “oír cantos de
sirena”. Nadie va a limpiar la bahía; el proyecto consiste en sanear
la ciudad para no ensuciar más la bahía.
Hace más de 40 años ya era un problema serio para la ciudad. Desde
entonces se preveía que de no hacer nada, los capitalinos vivirían
junto a un enorme tanque séptico. Y se ha hecho realidad. Hoy están
expuestos a una bomba de tiempo: cólera, hepatitis, salmonela, amebiasis,
geardiasis (parásito intestinal), piodermitis (infección de la piel
por granos y abcesos), enfermedades todas asociadas a contaminación
proveniente del mal manejo de las aguas negras.
Y
es que todo tiene su causa: el sistema de alcantarillados de la
ciudad es el mismo de hace cincuenta años. Los diversos gobiernos
han propuesto atacar este problema, pero el público ha comprado
la idea de que se va a limpiar la bahía.
De allí que más de uno se haya imaginado nadando -como se hacía
antaño- en las aguas de la bahía, pero esto es como “oír cantos
de sirena”. La limpieza de la bahía tomará entre 30 y 75 años, y
se hará a través de un proceso natural, siempre y cuando no se ensucie
más.
Por eso, el director de la recién creada Unidad Coordinadora para
el Saneamiento de la Ciudad y la Bahía de Panamá, Laurencio Guardia,
sostiene que la población
debe estar bien clara: “no se va a limpiar la bahía, se va a sanear
la ciudad” y que cualquier cosa que se haga no será gratis: “todos
tenemos que pagarla”.
En pocas palabras, lo que se busca es reestructurar todo el sistema
de alcantarillado y tratar las aguas negras de modo que no se ensucie
más la bahía de Panamá.
La gravedad del problema
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Las
aguas contaminadas emanadas de tanques sépticos entre las barriadas
Altos de Tocumen, Los Robles Sur, Don Bosco y Villa de Don Bosco.
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Si
el sistema de distribución de agua potable es como el sistema circulatorio,
que lleva vitalidad a todo el organismo, el alcantarillado es el
aparato excretor, y si no funciona adecuadamente, tampoco hay salud
para el cuerpo.
Las tuberías de aguas servidas que salen de los hogares se conectan
a otras más grandes que pasan por debajo de las calles; luego éstas
se comunican a unos enormes conductos que las llevan a las denominadas
colectoras, que se instalan en los valles de los ríos y que llevan
las aguas negras a unas plantas de tratamiento que las purifican
antes de ser depositadas en el mar. En el caso de Panamá, las aguas
negras son depositadas en la bahía. Todo eso funciona gracias a
la ley de la gravedad; cuando la gravedad no ayuda, se instala un
sistema de bombeo.
Sin embargo, eso no funciona en la ciudad de Panamá. El alcantarillado
está obsoleto. Las 15 estaciones de bombeo no trabajan como debe
ser, y ni hablar de las plantas de tratamiento, porque no las hay.
Los siete ríos que cruzan la urbe están completamente contaminados.
Pero el problema es aún mayor: barriadas como Altos de Panamá, Condado
del Rey, Altos del Golf, Las Praderas de San Antonio, Don Bosco
y muchas otras más, descargan sus aguas servidas en tanques sépticos
con camas de filtración (sistemas de alcantarillados cerrados).
A estos tanques, el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales
(IDAAN) debe darles mantenimiento, “pero hay tanques... que no han
sido tocados desde hace 25 años”, según Guardia, por eso muchos
se derraman cuando hay inundaciones. En palabras reales: ¡la mierda
cae cruda a la bahía o brota por la ciudad!
En la capital, el 95% de las aguas servidas son domésticas. El resto
es de empresas y fábricas. En la ciudad hay dispersos 61 tanques
sépticos, y se producen diariamente más de 140 millones de galones
de aguas residuales que son vertidos a la bahía.
“Aquí
no ha habido una epidemia porque Dios quiere mucho a Panamá”, opina
Guardia.
Un poco de historia
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Las
personas que habitan alrededor de la quebrada La Gallinaza conviven
a diario con la contaminación de sus aguas.
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En
toda ciudad, así como se trazan las calles, el tendido eléctrico
y el telefónico, también se traza el sistema de alcantarillado.
En Panamá, este sistema tiene una extensión de 490 kilómetros. La
sección más antigua se ubica en el Casco Viejo, y fue instalado
entre 1903 y 1914, cuando se construyó el Canal de Panamá. En los
año 50 fue ampliado en el centro de la ciudad, pero en las décadas
de los 60 y 70, se extendió hacia la parte oriental. Sólo en el
Casco Viejo opera un sistema combinado de alcantarillado (aguas
servidas y aguas pluviales). En las otras áreas funciona por separado.
Dado el crecimiento poblacional, en 1958 se realizó el primer Plan
Maestro para alcantarillados de la región metropolitana. Después,
el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN)
construyó los sistemas colectores suburbanos, la estación de bombeo
de aguas negras en Vía Brasil en 1962, y una de descarga al mar
en Boca La Caja.
En 1977, se preparó el segundo Plan Maestro de alcantarillado sanitario
de la ciudad de Panamá, que proponía dos sistemas distintos de recolección,
tratamiento y descarga en Juan Díaz y Boca La Caja. Además, la construcción
de un interceptor costero de 8 kilómetros; ocho estaciones de bombeo;
estudios de calidad de agua de la bahía; diseño preliminar de emisarios
submarinos; desarrollo de modelos matemáticos e hidrodinámicos;
y estudios financieros y económicos del modelo propuesto. Sin embargo,
ante la magnitud del proyecto, los gobiernos que se sucedieron prefirieron
dejarlo para segunda orden a causa de las eternas limitaciones financieras.
En 1998, bajo el gobierno del presidente Ernesto Pérez Balladares,
a un costo de dos millones 149 mil 913 dólares, se inició el tercer
Plan Maestro y Estudio de Factibilidad para el Saneamiento de la
Ciudad y Bahía de Panamá. Este estudio se hizo gracias a un préstamo
del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) por más de ocho millones
de dólares. El estudio lo realizó el Consorcio Encibra, S.A./ Stanley
Consultant, Inc./Omniconsult, S.A./Cep International, Inc (CESOC).
El Plan Maestro fue entregado al gobierno el pasado mes de mayo
del 2001. Abarca los 21 corregimientos de toda el área urbana y
suburbana de la urbe metropolitana de Panamá, de los cuales 15 pertenecen
al distrito de Panamá, cinco al distrito de San Miguelito y uno
a Veracruz en el distrito de Arraiján. Los únicos corregimientos
no incluidos son: Alcaldedíaz, Chilibre, Pacora y San Martín. El
estudio tiene una proyección a 20 años tomando en cuenta el crecimiento
de la población hasta el 2020.
Y como dicen que la tercera es la vencida, este tercer Plan Maestro
parece que sí podría ejecutarse.
El proyecto y sus costos
Dado que el gobierno de Pérez Balladares culminó su período, le
tocó al actual tomar una decisión sobre la ejecución de este tercer
Plan Maestro. El pasado mes de junio, se nombró a Guardia como director
de la Unidad Coordinadora para el Saneamiento de la Ciudad y Bahía
de Panamá.
Y aunque las cosas no las tiene fácil, Guardia se ha fijado una
meta: entregar antes de fin de año una propuesta al respecto.
El estudio CESOC está diseñado para ejecutarse en dos etapas: del
2002 al 2005 y del 2006 al 2010, a un costo de entre 300 y 350 millones
de dólares. De ese total, el grueso del dinero se iría en la primera
etapa (más de 215 millones de dólares).
El proyecto incluye el reemplazo de todo el sistema de alcantarillado
y la construcción de una o tres plantas de tratamiento de nivel
secundario, es decir, que el agua tratada, aunque saldrá con bacterias,
no contaminará la bahía (en las plantas de nivel terciario el agua
sale libre de bacterias, es decir, apta para el consumo humano).
Y como el tiempo apremia, según Guardia, el remanente del préstamo
del BID -unos cinco millones de dólares- se podría utilizar para
hacer los diseños del nuevo alcantarillado.
¿Y
de dónde saldrán los 350 millones para el proyecto? Según Guardia,
actualmente se gestiona con el Banco Japonés de Cooperación Internacional
y el BID, a un interés blando, un préstamo por esta suma.
Pero como todo préstamo hay que pagarlo, este no es la excepción.
En ese sentido, el pasado gobierno aprobó el Decreto Ley No. 2 del
7 de enero de 1997, por el cual se dicta el marco regulatorio e
institucional para la prestación de los servicios de agua potable
y alcantarillado sanitario. En el mismo se contempla un aumento
de hasta el 50% de la tarifa que pagan los capitalinos por el agua
potable, para pagar el servicio de alcantarillado. Actualmente el
servicio de alcantarillado no se cobra en Panamá.
Pero a decir del doctor Nicolás Martínez, médico general y conocedor
por tanto de los males que aquejan a la población, esa cifra es
irrisoria comparada con los costos que tendría para Panamá una epidemia
de cólera o hepatitis. Y peor si es una hepatitis B, que no permite
una recuperación total de la persona afectada. “Lo que hay ahora
mismo es una alarma muy grande”, reconoció Martínez.
Perfil
Laurencio
Guardia Conte nació en Hamburgo, Alemania, el 12 de octubre de 1932.
De nacionalidad panameña. Es ingeniero civil con especialización
en estructuras, graduado en Manhattan College, New York, en 1955.
Actualmente es el encargado de la Unidad Coordinadora para el Saneamiento
de la Ciudad y la Bahía de Panamá. Fue asesor del Ministerio de
Economía y Finanzas en un programa de 20 millones de dólares para
la generación de empleos dentro del plan de reactivación económica
del país.
Desde 1994 es el gerente general y director técnico de Ing. F. G.
Guardia y Asociados, S.A. donde coordina los trabajos de la empresa
en proyectos de diseño del ducto transístmico, la nueva línea de
suministro de agua cruda desde Río Viejo hasta Refinería Panamá,
el plan de Desarrollo para el área de Sherman-San Lorenzo, el Desarrollo
Inmobiliario de Punta Pacífica, fase 1 y 2, entre otros.
Entre 1993 y 1994 fue nombrado por el ex presidente Guillermo Endara
vice presidente de la junta directiva de la Corporación Estatal
de Cemento Bayano. En 1993 también fue nombrado en el Ministerio
de Vivienda para desarrollar el Plan Maestro de Desarrollo Urbano
en la Ciudad de Panamá; en 1989 fue nombrado vice ministro de Obras
Públicas. Entre 1960 y 1968 fue jefe de la Dirección de Ingeniería
y Arquitectura de la Caja de Seguro Social. Ha ocupado la gerencia
de una gran cantidad de empresas de ingeniería, además de colaborar
en diferentes proyectos relacionados con la construcción
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