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Rumbo al centenario

Publicado el 1 de noviembre del 2001

-La Junta que forjó una nación
-Ideas en tricolor
-Momentos de tensión
-Sigificado de la bandera
-Dimensiones de la bandera
-Protocolo de izada
-Uso general de los símbolos
-El himno nacional
-Un escudo por la patria
-Cómo vivió Coclé la separación
-¡Llegó Matea!
-El turno de Chitré
-El grito de la mujer sonaeña
-El último bastión colombiano
-Colón puso fin a la intranquilidad
-La noticia corrió como polvora
-Cronología, antes y después
-La historia patria y el centenario
-¿Estamos preparados para celebrar nuestro centenario?
-Comisiones para conmemorar
-La historia en palabras de Otto Morales B.
-Hay Buneau Varilla, el tratado extranjero

 

Junta Revolucionaria de 1903: Don José Agustín Arango, Dr. Manuel Amador Guerrero, don Carlos C. Arosemena, don Nicanor A. de Obarrio, don Ricardo Arias, don Federico Boyd, don Tomás Arias y don Manuel Espinosa Batista.

La Junta que forjó una nación

La Junta trabajó hasta febrero de 1904, cuando por decreto nombró a una Convención Constituyente, que a su vez escogió al Dr. Manuel Amador Guerrero como primer presidente de Panamá

ARISTIDES CAJAR PAEZ
acajar@prensa.com

Cuando apenas se inauguraba el siglo XX, José Agustín Arango, prominente ciudadano y político istmeño, empezó a trabajar en secreto en la preparación de un movimiento separatista en vista de la creciente frustración panameña derivada de su unión a Colombia.

El país se encontraba devastado por la Guerra de los Mil Días entre liberales y conservadores colombianos, y sumido en el atraso, la miseria y el olvido de Bogotá. Una Junta Revolucionaria clandestina se formó en torno a la figura de Arango para planificar un movimiento destinado a consolidar la separación del Istmo de la soberanía colombiana.

Los panameños anhelaban negociar libremente con Estados Unidos la construcción del canal, proyecto frustrado con el rechazo colombiano al tratado Herrán-Hay, en el cual los panameños habían cifrado sus esperanzas de progreso.

La red de conspiración estaba formada, aparte del propio Arango, por el médico Manuel Amador Guerrero; el general del Ejército colombiano Nicanor de Obarrio y otros ciudadanos prominentes como Ricardo Arias, Federico Boyd, Carlos Constantino Arosemena, Tomás Arias y Manuel Espinosa Batista.

Una Junta Revolucionaria clandestina se formó en torno a la figura de Arango para planificar un movimiento destinado a consolidar la separación del Istmo de la soberanía colombiana

La parte operativa, la de mayor riesgo, le correspondió a Amador Guerrero, quien viajó a Estados Unidos en busca de apoyo para el plan. Así mismo, obtuvo en Panamá la adhesión de importantes jefes liberales y el apoyo del comandante militar Esteban Huertas. Con todo este apoyo, se concertó la puesta en marcha del plan separatista para un día no definido del mes de noviembre de 1903.

Rumores surgidos de no se sabe dónde, pusieron en alerta a las autoridades colombianas que enseguida mandaron una misión militar para sofocar una supuesta invasión a Calovébora, Veraguas, por fuerzas provenientes de Nicaragua. Esto precipitó los planes de los conspiradores.

Las argucias de los panameños en Colón y Panamá frustraron el desembarco de los militares colombianos, separando a sus jefes de sus tropas, quienes no pudieron hacer nada por abortar el movimiento revolucionario, que se desbordó el 3 de noviembre de 1903.

La Junta Revolucionaria procedió entonces, sin más dilación, a declarar la misma tarde del 3 de noviembre la independencia del Istmo. Toda la ciudad se encontraba conmocionada y en todos los barrios se escuchaban los vítores a la naciente República de Panamá.

El Consejo Municipal se reunió entonces y proclamó en un acta la voluntad del pueblo de ser libre y de establecer un gobierno propio, independiente y soberano, sin la subordinación a Colombia ni a ningún otro país.

Luego de proclamada la separación, se convocó a un cabildo abierto el 4 de noviembre, celebrado en la plaza de la Catedral.

En la mañana del 4 de noviembre, una de las dos banderas panameñas diseñadas el día anterior estaba izada en el asta del Palacio Municipal.

Se decidió entonces resolver los múltiples y complejos problemas iniciales de la naciente República por medio de una Junta Provisional de Gobierno, designada por la municipalidad capitalina y compuesta por José Agustín Arango, Tomás Arias y Federico Boyd.

Ni Manuel Amador Guerrero ni Tomás Arias aceptaron el honor de inaugurar el puesto de presidente del país. Esto ya lo habían acordado antes de concretarse el movimiento separatista del 3 de noviembre.

En caso de que por cualquier motivo pudiese faltar uno de los tres miembros de la Junta, se nombró a Manuel Espinosa Batista como suplente. Sin embargo, a Federico Boyd se le había concedido una licencia de viaje, por lo cual Manuel Espinosa Batista entró a integrar la Junta.

Los decretos No.4 y No.5 de 4 de noviembre de 1903 establecieron la continuidad de las formas jurídico–políticas existentes entonces, hasta que se produjera el ‘‘cambio constitucional correspondiente’’. Los empleados públicos continuarían en sus puestos solo si reconocían, aceptaban y juraban fidelidad al movimiento separatista.

De acuerdo con el escritor Miguel Torres, el Decreto No.14 de 9 de noviembre de 1903 organizó todos los negocios adscritos a cada dependencia. Señala que había dos ‘‘superministerios’’: Gobierno y Hacienda.

Las funciones generales del Ministerio de Gobierno abarcaban seis actividades: orden público, higiene y beneficencia pública, transporte, energía eléctrica, archivos e impresiones oficiales y elecciones populares.

La Junta trabajó hasta febrero de 1904, cuando por decreto nombró a una Convención Constituyente, que a su vez escogió al Dr. Manuel Amador Guerrero como primer presidente de Panamá.


Ideas en tricolor

Las tres lanillas que sirvieron para coser las primeras banderas de la patria fueron compradas en los almacenes el Bazar Francés, La Delia y La Villa de París

REDACCION DE LA PRENSA
planas@prensa.com

Finales de 1903. A punto de nacer la República. La bandera, el emblema nacional, estaba sin definir. El Dr. Manuel Amador Guerrero y su esposa, María de la Ossa de Amador, comisionaron a su hijo Manuel E. Amador para que la diseñara.

Varios fueron sus proyectos, hasta que conjugó sus ideas en el tricolor. “Mi bandera fue un trasunto del momento político. Los dos partidos tradicionales (Liberal y Conservador), tras las cruentas y encarnizadas luchas, deponen sus odios en el campo de la paz, para hacer patria. Y no hay más de un color que de otro, y sí exuberancia de blanco. Las estrellas serán respectivamente la pureza y la fuerza que han de normar la vida cívica del Estado en su marcha a la realización de los destinos de la humanidad”, relató después el propio Manuel E. Amador. Y así está plasmado en el libro Historia de Panamá, que publicó el profesor Bonifacio Pereira J.

Diseño en mano, la preocupación se centraba en su confección. Y no era tarea fácil. “Como los colores de la proyectada bandera de Panamá... (blanco, azul y rojo) no entran en la composición de la bandera colombiana, creí que al comprar las lanillas que habrían de servir para nuestra primera bandera podría despertar algunas sospechas... decidí hacer mis compras en tres almacenes diferentes. La lanilla blanca fue comprada en el Bazar Francés, la azul en La Delia y la roja en La Villa de París”, relató en su momento doña María de la Ossa de Amador, según reseña Pereira en su libro.

“Como nuestros proyectos de independencia iban conociéndose cada día más, y temiendo que nuestra casa fuese objeto de una pesquisa de parte del Gobierno (colombiano), pues era en ella donde tenían lugar todas las reuniones de los ocho caballeros que componían el grupo de los organizadores de la revolución, resolví no hacer la bandera allí. Debo advertir que don José de Obaldía, entonces gobernador del Departamento (de Panamá), vivía del todo con nosotros, pues era amigo íntimo de mi marido. En estas circunstancias no era posible hacer la bandera en mi casa sin ser descubierta por aquél”.

Doña María de la Ossa de Amador hizo, entonces, el delicado encargo a su cuñada, doña Angélica de la Ossa, esposa de su hermano Jerónimo y costurera de competencia, descendiente de suizos que tenía la virtud de hablar varios idiomas.


Momentos de tensión

En su casa, con las puertas y ventanas cerradas, doña Angélica, con su hija María Emilia de la Ossa como ayudante, en una máquina de mano, comenzó a confeccionar los primeros pabellones de la patria.

La tensión reinaba en el lugar. De pronto, un grito: “¡Abrir la puerta!”. No había tiempo que perder. María Emilia, de 19 años, se encargó de esconder máquina y lanillas detrás del piano de la casa. La calma vino pronto: quien llamaba era don Jerónimo de la Ossa. Se le habló de una reunión inocente y nada pasó.

Horas más tarde, la máquina y las lanillas fueron trasladadas a la casa contigua, propiedad de los señores Ehrman, que estaba desocupada. Allí terminó doña Angélica su obra, en compañía de su hija. Salieron tres banderas: dos grandes y una pequeña (producto de los retazos de los tres colores).

En la mañana del 2 de noviembre, cuidadosamente envueltas, María Emilia llevó las dos banderas grandes a casa de doña María de la Ossa de Amador. La tercera bandera quedó en su casa, y luego la llevó a Estados Unidos.

El 20 de diciembre de 1903 fue bautizada solemnemente nuestra bandera, por el reverendo padre fray Bernardino de la Concepción García, capellán del ejército. Los padrinos de tan significativo acto fueron el Dr. Gerardo Ortega con doña Lastenia U. de Lewis, y don José Agustín Arango con doña Manuela M. de Arosemena.

Es importante señalar que la posición original de la bandera no era la que hoy tiene, con el cuadrante azul debajo y el rojo arriba, sino todo lo contrario. Asimismo, la estrella roja estaba arriba y la azul abajo. Fue la Ley 64 de 1904, aprobatoria de los símbolos patrios, la que cambió la posición original de los colores. La Asamblea Nacional de 1925 la adoptó de manera definitiva a través de la Ley 4. La Ley 28 de marzo de 1941 ratificó la adopción definitiva.


Significado de la bandera

La bandera panameña es un cuadrilátero dividido en cuatro cuarteles: el primero superior cerca del asta, de color blanco con una estrella azul de cinco puntas; el segundo superior a continuación del ya descrito, de color rojo; el primero inferior, de color azul, cerca del asta; y el segundo a continuación de este, de color blanco con una estrella roja de cinco puntas.

En cuanto a la combinación de sus tres colores, el blanco simboliza la paz que tanto anheló este suelo por la unión pacífica de los partidos históricos, el Liberal representado por el color rojo y el Conservador representado por el color azul.


Dimensiones de la bandera

La bandera de la República tiene las siguientes dimensiones: tres metros de largo por dos metros de ancho las que enarbolen en los edificios públicos, en los barcos de guerra y en los mercantes; de un metro con 80 centímetros de largo por un metro con 44 centímetros de ancho, los pabellones de los cuerpos de infantería y artillería; de un metro cuadrado, los estandartes de caballería, y las banderas de los automóviles de uso oficial medirán 47 centímetros de largo por 32 centímetros de ancho.




Protocolo de izada

  • El cordón utilizado para izar la bandera debe ser blanco y tejido en trenza, de 1/4” de espesor, excepto en los casos de banderas con dimensiones especiales.
  • El asta debe mantener una relación de seis veces el ancho de la bandera. Ejemplo: Si la bandera mide 1.80 m por 1.20 m, el asta debe ser de 7.20 m de altura desde su base.
  • La bandera y el himno son símbolos distintos y por lo tanto el protocolo a seguir es distinto para cada uno.
  • Nunca se iza la bandera al compás del himno nacional; este se canta luego de que se ha izado la bandera.
  • La bandera se iza vigorosamente y se arría ceremoniosamente.
  • Al enarbolar la bandera panameña junto a otras banderas, esta debe ser colocada en sitio de honor. Se considera como sitio de honor el centro del grupo al ser número impar de banderas y en el centro, a la derecha (izquierda del observador) si son pares.
  • Luego de izada la bandera, se hará el juramento, ideado por doña Ernestina Sucre Tapia y adoptado por la Ley No. 24 de 1959; luego, si el caso lo amerita, se baja a media asta.
  • Al arriar la bandera que se encuentra a media asta, se invierte el procedimiento del punto anterior. Se lleva la bandera al tope del asta y luego se arría ceremoniosamente.
  • Las personas con sombrero se descubren y cruzan la mano derecha sobre el pecho con el sombrero en ella.
  • Al hacer el juramento, luego de izada la bandera se levantará la mano derecha en un ángulo de 90 grados, diciendo a continuación: Bandera panameña: juro a Dios y a la patria, amarte, respetarte y defenderte, como símbolo sagrado de nuestra Nación.
  • Luego de hecho el juramento se procede a cantar el himno nacional a viva voz y en posición de firme. No se saluda el himno ni se aplaude al finalizar.
  • La bandera debe ser izada después de las 6:00 a.m. y no debe permanecer enarbolada después de las 6:00 p.m., ni debe mantenerse izada mientras llueve.

Uso general de los símbolos:

  • En marchas y desfiles, la bandera no se llevará dentro del grupo de otras banderas (hay excepciones, como en la policía, los bomberos, etc.); esta debe ir al frente de la delegación, portada por un abanderado o escoltada y sin guirnaldas, lazos o adornos de ninguna clase.
  • Los símbolos de la patria no deben formar parte de la vestimenta o del uniforme, ni servir de adorno en ningún caso o lugar; ni en botones, pines, sortijas de graduación, ni prenda alguna. Esto está estipulado en la Ley 34 de 1949.
  • En las astas de pared, la bandera no debe inclinarse a menos de 45 grados .
  • La bandera no debe ser usada para cubrir ningún objeto ni para develar monumentos ni ser usada como mantel. Solo podrá cubrir el féretro de un distinguido ciudadano meritorio y no debe dejarse que toque el suelo, ni debe inclinarse ante nadie.
  • Siempre que se lleve a cabo una ceremonia, la bandera será colocada a la derecha de la mesa principal o del podio. (A la izquierda del observador).
  • Al entonarse el himno nacional se permanecerá firme y de pie. (Unica postura). Este se cantará a viva voz. Las personas con sombrero se descubren y cruzan la mano derecha sobre el pecho con el sombrero en ella.
  • La bandera no debe ser portada en carretas, animales, vehículos de tipo comercial ni usada para propagandas, gorras, llaveros, camisetas, parches, calcomanías, marcas de fábrica ni de comercio, en cantinas, lugares de apuesta, ni para recaudar fondos.
  • El cuadro principal (cantón) de la bandera es el blanco con la estrella azul, por ser el más alto cerca del asta. Por tal motivo, deberá encontrarse siempre en esa posición al desplegar la bandera vertical u horizontalmente (en lugares cerrados y bajo techo).
  • Los listones de colores rojo, blanco y azul deben ser desplegados en la misma forma en que se hace con la bandera. (No hay reglamentación escrita sobre este aspecto). Se recomienda colocarlos en el orden en que predominan al desplegar la bandera:
  • Horizontalmente: rojo, blanco y azul, de arriba hacia abajo.
  • Verticalmente: rojo, blanco y azul, de izquierda a derecha.
  • Al ser portada, el azul irá hacia el cuello de la camisa; del hombro derecho a la cadera izquierda.
  • Según la ley, la bandera consiste de un rectángulo, por lo que no debe deformarse en triángulo, cuadrado o círculo u otra forma.
  • La bandera no debe ser colocada junto a estandartes, banderas, banderolas o banderines que no tengan categoría de Estado con las mismas acepciones.
  • La bandera no se pasea a son de baile. Se porta digna y ceremoniosamente, escoltada si es posible y sin lazos, borlas, cintas, cordones ni adornos de ninguna clase.
  • La bandera debe doblarse hasta lograr que termine en un triángulo, formado por el cantón, cuartel principal de la bandera.
  • Las medidas oficiales de la bandera son: 1.80 m x 1.20 m y las estrellas de 0.30 m.
  • Ni la bandera ni el escudo de armas deben ser usados como adornos y ornamentos, ni como parte de alguno.

El himno nacional

Un panameño y un español, con un solo objetivo en mente, son los autores de nuestro himno nacional

REDACCION DE LA PRENSA
planas@prensa.com

La gesta del 3 se había consumado. La República había nacido. Todo salía tal cual estaba planeado. Había una Junta Provisional de Gobierno, se tenía una bandera, se había ordenado la confección del escudo, pero faltaba un himno.

Y el tiempo apremiaba. Para el 25 de diciembre de 1903, se tenía previsto que el primer embajador extraordinario y ministro plenipotenciario de Estados Unidos, William I. Buchanan, presentara sus cartas credenciales a la Junta Provisional de Gobierno y no había himno para tocar en ese solemne acto.

El tiempo valía oro. La solución vino de parte del entonces director de la Banda Republicana, don Santos Jorge. Su propuesta: ¡Que la música del Himno istmeño, de su autoría, se escogiera como música de nuestro himno nacional! La idea caló de inmediato y todos los miembros de la gesta patriótica la aplaudieron. El propio Santos Jorge, un español que se radicó en Panamá, pueblo al que abrazó como el suyo, propuso al cuñado del Dr. Manuel Amador Guerrero, don Jerónimo de la Ossa, que le pusiera letra a su himno y así se aprobó.

El Himno istmeño fue escrito por Juan Agustín Torres, secretario de Instrucción Pública del entonces Departamento del Istmo. La música y letra de esa canción se habían popularizado en las escuelas. Los niños la cantaban y los adultos también, por lo que se facilitaba su reconversión en el himno nacional. Al poco tiempo quedó adaptada la música a la letra del himno de don Jerónimo de la Ossa, quedando así consagrado nuestro himno nacional.

La Asamblea Nacional de 1906, presidida por el Dr. Luis de Roux, dictó la Ley 39 por la cual se adoptó de manera provisional el himno citado. Por medio de la misma ley se autorizó al Gobierno, presidido por el Dr. Manuel Amador Guerrero, abrir un concurso y escoger el himno definitivo.

Dado que el pueblo se había acostumbrado a su canción patriótica, se decidió mantener el himno de don Santos Jorge y Jerónimo de la Ossa. A través de la Ley 48 de 1925 se escogió este himno de manera definitiva. Mediante la Ley 28 del 28 de marzo de 1941 se ratificó la adopción definitiva de este himno.

Con el correr de los años, la letra del himno de don Jerónimo ha sufrido algunas modificaciones; sin embargo, se desconoce quién autorizó esta medida.


Himno original

Alcanzamos por fin la victoria
en el campo feliz de la unión;
con cambiantes fulgores de gloria
se ilumina la nueva nación.

Es preciso cubrir con un velo
del pasado el calvario y la cruz;
y que adorne el azul de tu cielo,
de concordia la espléndida luz.

El progreso acaricia tus lares
al compás de patriota canción
y te besan los pies los dos mares
que dan rumbo a tu noble misión.

En tu suelo sembrado de flores
a los besos del tibio terral,
ya no pueden vivir los señores;
solo reina el amor fraternal.

Adelante la pica y la pala,
adelante sin más dilación,
solo así formaremos la sala
de este punto feraz de Colón.


Himno actual

Alcanzamos por fin la victoria
en el campo feliz de la unión;
con ardientes fulgores de gloria
se ilumina la nueva nación.

Es preciso cubrir con un velo
del pasado el calvario y la cruz;
y que adorne el azul de tu cielo,
de concordia la espléndida luz.

El progreso acaricia tus lares
al compás de sublime canción
ves rugir a tus pies ambos mares
que dan rumbo a tu noble misión.

En tu suelo cubierto de flores
a los besos del tibio terral,
terminaron guerreros fragores;
solo reina el amor fraternal.

Adelante la pica y la pala,
al trabajo sin más dilación,
y seremos así prez y gala
de este mundo feraz de Colón.


Un escudo para la patria

De todas las propuestas, solo tres fueron consideradas como posibles escudos patrios, aunque se sugirieron ciertas modificaciones

ARISTIDES CAJAR PAEZ
acajar@prensa.com

El escudo original de don Nicanor Villalaz.

El 13 de diciembre de 1903, el ministro de Gobierno de la Junta de Gobierno Provisional abrió un concurso para diseñar un escudo para la nueva República.

Los jurados de este importante certamen fueron Ciro L. Urriola, Jerónimo de la Ossa, don Manuel E. Amador, Ricardo M. Arango y don Juan José Méndez.

Este grupo de ilustres ciudadanos tuvo ante sí la tarea de escoger entre 103 trabajos el que sería el escudo patrio.

De esta enorme cantidad de propuestas, solo tres fueron consideradas como posibles escudos patrios, aunque se sugirieron ciertas modificaciones. Finalmente, la Junta de Gobierno decidió adjudicar el premio al concursante cuyo trabajo se identificaba con las siglas N.V. , las cuales pertenecían a Nicanor Villalaz.

Villalaz nació en la histórica Villa de Los Santos el 8 de diciembre de 1855. Sin embargo, desde edad temprana se mudó a la ciudad de Panamá donde laboró en actividades comerciales, ejerció como abogado y practicó la docencia.

Sus mayores éxitos los obtuvo en la judicatura, pues fue juez primero del Circuito de Panamá, magistrado del Tribunal Superior y de la Corte Suprema de Justicia.

Luego del concurso, se recomendó cambiar el lema primitivo del escudo ganador que decía: ‘‘Paz, Libertad, Unión, Progreso’’, por otro en latín que usaba con fines particulares Ferdinand de Lesseps: ‘‘Aperire terram gentibus’’. En determinado momento se pensó en un lema algo pretencioso: ‘‘Sólo Dios sobre nosotros’’, pero ese se desechó. Hubo otro que decía: ‘‘Unión, Justicia, Renovación’’. Por fin, se aceptó el actual y definitivo: ‘‘Pro mundi beneficio’’.

Entre otras modificaciones que sufrió el escudo, se puede mencionar la variación en el número de estrellas, que equivale al número de provincias; el número y posición de las banderas laterales, y otras más.

El escudo tal y como se le conoce hoy, fue aprobado por la Asamblea Nacional mediante la Ley 34 del mes de diciembre de 1947.


Cómo vivió Coclé la separación

OMAR RODRIGUEZ
planas@prensa.com

La historia es muy clara y bastante precisa al recoger los hechos que rodearon la llegada de la noticia de la separación de Panamá de Colombia en 1903 a los distintos pueblos de la provincia de Coclé. En el interior del país, los distritos de Aguadulce y Penonomé fueron los primeros en conocer del nacimiento de la República.

Aguadulce fue el primer pueblo del interior en recibir un comunicado oficial en torno al éxito del movimiento separatista.

A Penonomé la noticia llegó de manera informal primero y al día siguiente fue confirmada, en medio de mucha incertidumbre y especulaciones por parte de la población en general y de los propios conservadores y liberales, que no sabían a ciencia cierta lo que estaba pasando.

En su libro Cómo se verificó en Penonomé la separación de Colombia, el letrado penonomeño Héctor Conte Bermúdez (q.e.p.d.), relata que el 3 de noviembre de 1903, siendo prefecto de la provincia de Coclé don Miguel Wenceslao Conte, como a las 8:00 de la noche de ese día, don Joaquín Mafla, telegrafista de Penonomé, llamó con urgencia a la oficina del prefecto.

“Esta tarde como a las 5:00 estalló en Panamá un movimiento revolucionario. El departamento de Panamá se ha separado del resto de Colombia y se ha constituido en República independiente. Las tropas del coronel Esteban Huertas apoyan al movimiento y hay gran alarma en la capital”, fue el informe que le dio Mafla a Wenceslao Conte.

La gravedad de la información impidió que llegara esa misma noche a conocimiento de la población en general. Era grande, naturalmente, la ansiedad a esas horas, escribió Conte Bermúdez, fiel testigo de los hechos, ya que para aquella época era vocal del Consejo Municipal y miembro prominente del Partido Conservador.


“Llegó Matea”

Con estas sencillas palabras se conoció en la provincia de Coclé, de manera oficial, la noticia sobre la separación de Panamá de Colombia.

Un telegrama enviado desde la capital por Manuel Amador Guerrero, principal gestor del movimiento separatista, anunciaba que a partir de ese día, el 3 de noviembre de 1903, Panamá se separaba de Colombia.

El telegrama estaba dirigido a don Ramón Valdés López, comisionado por los separatistas de Panamá para que levantara opinión favorable en las provincias de Coclé y Veraguas.

La historia recoge que en la última semana del mes de octubre de 1903, los miembros de la Junta Revolucionaria se reunieron en la casa del doctor Manuel Amador Guerrero y, entre otros asuntos inherentes a la gesta separatista, decidieron enviar al interior del país a una persona de prestigio, con conocimiento sobre los hombres de esos pueblos a fin de que fuera “regando” la semilla de la independencia.

Por unanimidad se escogió a don Ramón Valdés, en aquella época magistrado del Tribunal Superior del Departamento. Una vez informado de su misión, Valdés partió el 31 de octubre hacia Coclé, en el vapor Bolívar.

Llegó a Aguadulce el 1 de noviembre y allí esperó impaciente varios días por los sucesos que habrían de desarrollarse.

No fue sino hasta entrada la noche del 3 de noviembre cuando recibió un lacónico telegrama concebido en los siguientes términos: “Doctor Valdés López...Llegó Matea...Amador Guerrero”.

“Lo que significaba, según clave convenida, ha sido proclamada la separación de Colombia. Estados Unidos reconoce la justicia de nuestra causa y el batallón, el último vestigio de la denominación colombiana, está con nosotros”, afirma en su libro Rincón poético, Juan A. Susto.

En tanto, el poeta aguadulceño ya fallecido Carlos González Bazán, en su libro Aguadulce, biografía de un pueblo ejemplar, plasmó extractos de los sucesos registrados en aquella memorable fecha: “El día 4 de noviembre fue de agitación, se desconfiaba de lo que con tan buena fe comunicaba Valdés López... el pueblo aguadulceño no veía claro el nacimiento de la República”.

Lo inesperado de la noticia llevaba a los ciudadanos a concebir especulaciones desfavorables al movimiento efectuado en la capital, pues creían que se trataba de una nueva revolución civil, mientras que otros hacían volar su imaginación hacia una posible anexión a Estados Unidos.

Pero una vez despejadas las dudas, el pueblo aguadulceño aceptó los hechos y el 4 de noviembre, el mismo día que se celebró en la capital el cabildo abierto y se firmó el Acta Popular en la Plaza de la Catedral, Aguadulce en su plaza pública, simultáneamente, oficializaba su anexión a la gesta separatista, convirtiéndose así en el primer pueblo del interior en adherirse al Acta de Independencia del Istmo. Esta decisión le fue comunicada a la Junta de Gobierno de Panamá, el día 5 de noviembre, mediante un telegrama enviado por Valdés López y firmado por muchas personas.

En su obra precitada, Conte Bermúdez señala que Valdés López se movió de Aguadulce a Natá, logrando que el mismo 5 de noviembre el Consejo Municipal y la ciudadanía se adhirieran al movimiento separatista.

El 4 de noviembre llegó al puerto de Pescaderías en el distrito de Antón, un buque a motor en el que viajaba don Antonio Burgos, quien tenía la misión especial de comunicarle al comandante de las tropas colombianas estacionadas en Penonomé que debían regresar de inmediato a la capital, por órdenes del general Esteban Huertas.

Burgos no tuvo que llegar a Penonomé porque desde Antón se comunicó telefónicamente con el comandante Tascón y lo puso al tanto del mensaje.

El comisionado Burgos aprovechó su permanencia en Antón para levantar el entusiasmo patriótico y el mismo día 5 pudo enviar el siguiente telegrama: “Antón 5 de noviembre de 1903. Junta de Gobierno. Panamá. Consejo de éste y de San Carlos, adhiérense con entusiasmo al movimiento del 3. Servidor, Burgos”.

El 5 de noviembre llegaron a Penonomé dos telegramas firmados por el recién nombrado ministro de Justicia, Carlos A. Mendoza.

El primero era oficial y estaba dirigido a todos los prefectos, jueces e inspectores de puertos. En el primer telegrama se hacía un breve relato sobre el nacimiento de la nueva República despejando cualquier duda existente.

El segundo telegrama era de tipo personal y se lo enviaba Mendoza al prefecto de Coclé, Wenceslao Conte. Decía así: “Panamá 5 de noviembre de 1903. Miguel W. Conte: Penonomé. Proclamada definitivamente la independencia de la república de Panamá, han cesado también las luchas de los partidos políticos. En usted abrazo a todos mis adversarios, que hoy son mis hermanos. Carlos A. Mendoza”.

Conte Bermúdez señala en su libro que los dos anteriores telegramas informaron al público con certeza de lo que había ocurrido, generando un benéfico efecto entre la población penonomeña. Los bandos políticos suavizaron sus asperezas.

Don Manuel de Jesús Grimaldo, personero municipal, convocó enseguida al Concejo a sesión extraordinaria para secundar y respaldar los sucesos de la capital.

El Concejo, bajo la presidencia de Manuel Paulino Ocaña, se reunió a las 2:00 p.m. del día 6 de noviembre, aprobando por unanimidad adherirse al movimiento separatista.

Adicionalmente, los liberales y conservadores enviaron sendos telegramas y resoluciones de apoyo.

El 8 de noviembre tuvo lugar en Penonomé una manifestación de respaldo a la gesta separatista, la que culminó con un mitin en la plaza pública.

“En ese mitin brilló por su patriotismo y por su exquisita forma literaria, el discurso pronunciado por don Ubaldino Isaza Vieto”, expresa Conte Bermúdez en su obra.

Una copia en grande de dicho discurso reposa en el salón de reuniones del Consejo Municipal de Penonomé, y se dice que ha sido reconocido internacionalmente por la profundidad de los temas planteados y la agilidad de la prosa empleada. He aquí parte de dicho discurso: “Como el cortejo que acompaña a la novia al templo desde la casa paterna, se mezcla con las alegrías que causa la fundación de un nuevo hogar, bajo auspicios de ventura, el dolor de la separación de la hija predilecta, la joya de la familia, la ofrenda más preciada de los dioses lares, así en esta festividad las lágrimas furtivas asoman a los ojos, mientras brota en los labios la sonrisa. La pena es hija de nobles sentimientos, propios de la raza latina, y trae consigo recuerdos gloriosos; nuestros próceres compartieron con Bolívar, Santander y Sucre, los laureles de victorias; nuestra emancipada República fue por más de medio siglo, refulgente estrella del estandarte colombiano y vistoso blasón de escudo; y al nacer el Istmo a la vida de la libertad, fue saludado por las dianas de Junín y Ayacucho”.

Así se verificó en Coclé la separación de Panamá de Colombia.


El turno de los chitreanos

VIELKA CORRO RIOS
planas@prensa.com

Mientras se producían los acontecimientos en la capital, en el interior, por supuesto, se desconocía totalmente acerca de la gesta separatista.

De acuerdo con el historiador chitreano Juan Manuel Pérez de Gracia, fue don José Agustín Arango quien designó a los chitreanos Alberto Valdés y Antonio Burgos para que comunicaran oficialmente al resto del país lo referente a la gran noticia de la separación de Panamá de Colombia.

Valdés y Burgos, instruidos sobre la misión encomendada, fueron acompañados por hombres de confianza y debidamente aprovisionados para comenzar su viaje. Primero lograron burlar la vigilancia del acorazado “Bogotá” que se encontraba anclado en la bahía de Panamá en espera de órdenes precisas del Gobierno colombiano para sofocar cualquier intento de golpe insurgente.

Abordaron luego la nave “Campo Serrano”, como se llamaba al velero en el cual viajaban, el cual tomó rumbo al puerto El Agallito de Chitré, y después de tres días y tres noches llegan sanos y salvos a tierra.

Pérez De Gracia explicó que a su desembarco, antes de comenzar el viaje hacia Pesé, cabecera de Herrera y Los Santos en 1903, los comisionados hacen contacto con el Dr. Víctor M. Juliao, primer médico chitreano, quien recibe informes acerca de los acontecimientos en la ciudad capital.

Entonces la noticia se dispersó rápidamente por los sectores representativos de la comuna; el padre Melitón Martín Villalta es quien instruye a los miembros del Consejo Municipal integrado por: Adolfo Quintero, presidente; David Burgos, vicepresidente; Pacífico Ríos, secretario; y Diego Pérez y Arcadio Rivera, vocales.

Según el historiador, mientras en Chitré, distrito de apenas mil habitantes, se desarrollaban los preparativos para adherirse a la gesta separatista, en otro sector de Azuero el general Celiano Correa encabeza un pelotón de policías colombianos a su mando para impedir la realización de este acto final autorizado por la Junta Provisional de Gobierno.

A pesar de ello, afirma Pérez de Gracia, desde Monagrillo, Calle Abajo, Llano Bonito, Barriada Rosario y La Arena, los chitreanos -a caballo- acuden al llamado que se hace al Parque Unión o Parque Tomás Herrera.

Entre 150 y 200 personas estuvieron presentes en el desafío, pese a la presencia de policías que trataban en vano de socavar el movimiento valiente y decidido de los jinetes.

El general se enfrasca en una discusión con los señores Valdés, Burgos y el padre Melitón, quienes finalmente logran convencerlo de la realidad de los hechos y le muestran la documentación oficial traída de la ciudad de Panamá.

Consumado el objetivo, se redacta el acta separatista el 9 de noviembre de 1903, en la cual se resuelve lo siguiente:

1. Adherirse con entusiasmo al acta de separación del istmo de Panamá de la república de Colombia.

2. Contribuir al afianzamiento y la estabilidad de la república de Panamá.

El Concejo se constituyó en cabildo abierto y se abrió la adhesión del pueblo a esta acta con la solemnidad del caso.

Es importante anotar que el 9 de noviembre pasó desapercibido por varias décadas, hasta que el periodista Ernesto García inicia las investigaciones y logra descubrir, en la planta alta del Museo de Herrera, los documentos originales de esta adhesión.

El 9 de agosto de 1995, el Consejo Municipal de Chitré aprobó el acuerdo 29, por el cual se proclama solemnemente el 9 de noviembre como día cívico del distrito de Chitré. Desde entonces se festeja esta fecha en Chitré.

Continuación






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