Falso como billete de tres dólares
¿Qué tan protegidos están
los bancos de las bandas de falsificadores? La respuesta tal vez
se encuentre en el siguiente relato
Rolando Rodríguez B.
rrodriguez@prensa.com
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Vista parcial del área bancaria,
donde varias entidades financieras del sistema fueron víctimas
de la banda de falsificadores.
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Una organizada banda de falsificadores —a la
que han sido vinculados sujetos de Panamá y el extranjero— puso en
jaque los sistemas de seguridad de un importante grupo de bancos locales,
que no pudieron detectar decenas de cheques falsificados, girados
contra las cuentas de varios de sus clientes.
Tal es el caso, por ejemplo, de las empresas
Trans Iberica, S.A., International Marketing Consultancy, S.A. y
Aseguradora Ancón, S.A, entre otras, que han perdido miles de dólares
a causa de estos cheques.
De acuerdo con la Policía Técnica Judicial
(PTJ), la banda ha introducido desde 1995 cheques falsos en bancos
como el Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA), Primer Banco de Ahorros,
Mercantil del Istmo, Banco Nacional de Panamá, Multicredit Bank,
Banco Exterior, Trasatlántico (antiguo Banco de Iberoamérica) y
en el Banco de Finanzas Internacionales.
Trans Iberica
Esta empresa presentó una denuncia el 11
de abril de 2001, tras percatarse de que había sido debitada de
su cuenta en el BBVA una alta suma de dinero a través de cheques
falsos. Estos eran depositados en dos cuentas abiertas, en el desaparecido
Pribanco, por Carlos Cáceres —cuya verdadera identidad es Hernando
Ibarra Cerro, residente en Santa Marta (Colombia)— y Luis A. Riaño
—quien en realidad es Luis Chávez, colombiano.
El 10 de abril de 2001, el presidente de
Trans Iberica, S.A., José Rodríguez Montero, envió una carta a la
BBVA en la que hacía responsable al banco “de un grave descuido
cometido por su personal”, ya que los cheques se pagaron a pesar
del sobregiro de la cuenta. Para entonces, el menoscabo de sus fondos
sumaba 60 mil dólares. Rodríguez Montero advirtió al banco que esperaba
la devolución del dinero debitado de su cuenta.
Una banda organizada
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| Hernándo
Ibarra Cerro, colombiano que abría las cuentas bancarias. |
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Guillermo
Cruz, supuesto jefe de la banda. |
Ibarra Cerro no era un desconocido en la PTJ.
Su División de Delitos contra la Fe Pública emitió un informe —el
14 de mayo de 2001— en el que no solo lo identificó, sino que lo
vinculó con otra denuncia, según la cual, este colombiano abrió
varias cuentas en bancos locales para “defraudar” a otra empresa:
International Marketing Consultancy.
A su vez, en esta investigación se identificó
a la panameña Ramona González Sarmiento, quien envió pasajes aéreos
de la ruta Panamá-Barranquilla-Cartagena a Ibarra Cerro, y a su
esposo, el salvadoreño Alvaro Urquiza Cruz —alias Alvaro Arturo
Gómez Morales—. Este último cuenta “con antecedes penales” y fue
detenido hace un año.
Según la PTJ, la detención de Urquiza Cruz
se relaciona con la investigación de Trans Ibérica, S.A., a través
de Cerro Ibarra, ya que este último fue el que abrió la cuenta en
el Pribanco para defraudar a ésta última. La PTJ afirma que Urquiza
Cruz declaró que él y los otros dos colombianos —Ibarra Cerro y
Luis Chávez— “reciben órdenes de su patroncito”, Guillermo Cruz,
colombiano, residente en Bogotá.
Urquiza Cruz, de acuerdo con fuentes vinculadas
a la investigación, también es buscado en Costa Rica, acusado de
un doble homicidio y tráfico de estupefacientes. En Panamá fue condenado
por “falsedad de documento público” en febrero de 1999, condena
confirmada un año después por el Segundo Tribunal Superior. Además,
tiene a sus espaldas denuncias de hurto y robo de autos.
En un allanamiento a la residencia de Ramona
González Sarmiento, la PTJ encontró un vaucher y una tarjeta “Clave”
del HSBC a nombre de Carlos Cáceres, suplantado, como se dijo, por
Ibarra Cerro.
Aseguradora Ancón
El nombre de Urquiza Cruz también salió a
relucir en otra investigación, que se inició tras una denuncia interpuesta
por Aseguradora Ancón, en noviembre de 2000. La empresa se percató
de que de su cuenta en el Muticredit Bank se habían debitado cheques
a nombre de la sociedad Desarrollo Turístico El Mogote, por más
de 73 mil dólares, aunque la denuncia fue por más de 92 mil dólares.
Las falsificaciones eran depositadas en una
cuenta en el Banco de Finanzas Internacionales, en la que solo tenía
firma Urquiza. A su vez, este giraba cheques contra esta cuenta
a favor de varias personas, una de las cuales hacía depósitos en
el Banco Exterior.
International Marketing Consultancy
Esta empresa interpuso una denuncia de falsificación
el 11 de mayo de 1999 en la PTJ tras descubrir que dos sujetos habían
sustraido fondos de sus cuenta en el Banco Mercantil del Istmo.
El perjuicio causado sumaba, esta vez de 35 mil dólares.
A la denuncia de International Marketing
se sumó la empresa que tenía el contrato de impresión de los cheques
del banco, Formas Eficientes (FESA). Esta empresa tomó esa decisión
porque descubrió que dichos cheques, sin duda alguna, “fueron confeccionados
en las instalaciones de FESA”.
El Banco Mercantil confirmó que el papel
era de esta imprenta; que su numeración “coincide con los números
de los cheques que nuestros clientes tienen en circulación” y que
“las firmas estampadas en los cheques son bastante similares a las
que utilizan nuestros clientes”.
La PTJ relacionó esta denuncia a otra más
—interpuesta por Distribuidora Germor, S.A.—, gracias a Ibarra Cerro.
La PTJ descubrió su relación porque fue a este sujeto a quien Ramona
González Sarmiento le compró el billete aéreo Panamá-Barranquilla-Cartagena.
La denuncia de Distribuidora Germor —cuyo
pérdida fue de unos 43 mil dólares— fue presentada el 8 de mayo
de 1999, dos días antes que la de International Marketing.
En este caso, los cheques eran depositados
en el desaparecido Primer Banco de Ahorros (Pribanco) y en el Banco
Nacional de Panamá, a nombre de dos panameños, cuyas identidades
habían sido suplantadas por la banda de falsificadores.
Pese a la aparente complicidad de todas estas
personas y de que existen indicios de que trabajaron juntos, la
Fiscalía Decimotercera no los acusó de “asociación ilícita para
delinquir”. La fiscal encargada del caso, Lizzet Chevalier Ríos,
explicó que para poder acusarlos de ese delito, los implicados debían
ser sospechos de otro, es decir, se requería de uno más para procesarlos
por ese delito.
Varios de los sindicados tienen el país por
cárcel, aunque algunos se han fugado. La buena noticia es que, según
la PTJ, la banda aparentemente ha sido desarticulada, ya que no
opera desde el año pasado.
Modus operandi
La banda, sin duda, estaba bien organizada.
Las cuentas para depositar los cheques falsificados eran abiertas
usualmente la semana previa al golpe.
Los falsificadores suplantaban la identidad
de una persona existente. Decían ser trabajadores independientes;
incluso, proporcionaron buenas referencias de crédito que les permitía
obtener una cuenta bancaria y una tarjeta “Clave”.
Llegaron, incluso, a burlar otros filtros,
como el de las referencias personales. Un ejemplo de ello fue cuando
la oficial de Pribanco que aperturó la cuenta a nombre de Luis Riaño
Hernández —cuya verdadera identidad era la de Luis Chávez— dijo
que este hizo de inmediato un depósito de mil dólares en efectivo.
El aseguró que era “chapistero” y que tenía un taller con “mucho
auge de trabajo”, por lo que iba a depositar cheques a su cuenta
constantemente.
La oficial notó que era colombiano y le dijo
a su superior que retendría la chequera hasta obtener sus referencias
personales. Pero, por lo visto, aparentemente llegaron porque la
recibió.
Los falsificadores casi siempre contaban
con información de buena mano. Por ejemplo, conocían el número de
las cuentas; los cheques falsos eran impresos con numeración consecutiva
a la de los cheques verdaderos; conocían los nombres de las personas
que tenían firma y sabían el tiempo que el cheque estaba en compensación.
Falsificaban las firmas originales, lo que
hace suponer que pudieron tener documentos de las personas con derecho
a firma y, dado que giraban cheques en cantidades raramente superiores
a cuatro cifras, es posible que conocieran el monto promedio de
los cheques que se giraban contra esas cuentas. Además, los cheques
eran impresos con detalles casi idénticos a los originales, por
lo que no se descarta que tenían cheques verdaderos.
La información que manejaban también se relacionaba
con las personas cuyas identidades eran suplantadas por ellos, ya
que la selección de éstas suponía obtener buenas referencias de
crédito, incluso, personales.
Pero lo más impresionante es que ningún banco
se diera cuenta de las falsificaciones. Las denuncias coinciden
en que era la empresa perjudicada la que se percataba de ello, pero,
para entonces, todos o buena parte de los cheques falsificados habían
sido hechos efectivos sin que ninguna alarma se encendiera.
¿Seguridad o falta de ella?
Los sistemas de seguridad para detectar falsificaciones
en el centro bancario panameño no parecen ser muy sofisticados ni
pueden ser calificados de eficaces, tras el trabajo de expertos
falsificadores.
Panamá necesita una legislación, como la
tienen otros países, sobre la impresión de papeles negociables,
como los cheques, opinan algunos expertos. En Panamá, empero, muchos
bancos han asumido controles en la impresión de cheques, aunque,
igualmente, muchas empresas prefieren imprimir, por su cuenta y
riesgo, sus propios documentos.
Pero, aunque parezca mentira, los falsificadores
han utilizado papel de seguridad para hacer sus propias versiones
de cheques originales, papel que pueden comprar sin problemas en
tiendas de distribución local.
Esas falsificaciones no tienen problemas
en burlar el ojo humano. En muchos bancos, negocios y empresas solo
se suele comparar la firma del cheque con la de algún documento
de identidad o contra la firma en la tarjeta de apertura de la cuenta
bancaria.
La Prensa pudo constatar, en una empresa
especializada, la existencia de papel de seguridad para imprimir
cheques, con más de una docena de medidas de seguridad, muchas de
ellas visibles a simple vista, como el “sello de agua”, las microfibras
o diseños que dificultan la falsificación.
Sin embargo, existen otros invisibles, como
la reacción que generan ante distintos tipos de rayos o luz o ante
la presencia de productos químicos. En todo caso, varias de las
medidas de seguridad requieren de medios electrónicos de identificación.
Para reducir el riesgo de falsificación,
el experto sugiere crear una ley que disponga que, para hacer este
tipo de impresión, las empresas idóneas deben ser certificadas.
También cree que el Estado tiene que controlar la venta de papel
de seguridad y obligar a aumentar las medidas electrónicas de seguridad.
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