El despertar de Bocas
Crecen las inversiones
turísticas en Bocas del Toro
Diana Campos Candanedo
dcampos@prensa.com
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En los últimos cinco años, han
proliferado los hoteles a orillas del mar.
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Al ritmo de un alegre calipso, el turismo se
mueve en Bocas del Toro.
Luego que las esperanzas de un puñado de
bocatoreños quedaran truncadas en las antes prósperas fincas bananeras,
el turismo surge como la alternativa para desarrollar este paradiásico
lugar.
Bocas del Toro es el sitio perfecto para
iniciar un negocio y construir un sueño.
En Isla Colón, cabecera de la provincia,
el 75% de la población vive del turismo. Cerca del 70% de la zona
turística aprovechable se encuentra en manos de extranjeros que
en su momento compraron terrenos a bajos precios.
Europeos, canadienses, estadounidenses y
panameños han instalado hoteles, restaurantes, tiendas de artesanías
y se las ingenian para complacer al turista con diversos servicios,
que van desde paseos en lancha por las paradisíacas playas, hasta
alquileres de equipo de buceo.
Aquellos que buscaron vivir sin ataduras,
en un ambiente bohemio, bailando al ritmo del calipso, disfrutando
de cristalinas playas y conviviendo de la mano con la naturaleza,
encontraron en Bocas del Toro el lugar perfecto para radicarse.
Antonio Llorens Martínez es un ejemplo de
esto. Hace algunos años, zarpó de su natal España en un velero con
toda su familia. Navegó durante dos años, hasta que el mar Caribe
lo llevó a las cálidas playas bocatoreñas. Había encontrado el lugar
donde quería vivir. Así empezó lo que hoy es el Hotel Bocas del
Toro.
A sus 27 años, Luis Bordas tomó lo que el
mismo llama “una decisión de vida”: construir un hotel ecológico
encima del mar bocatoreño, con paneles solares, planta de tratamiento
de aguas negras y materiales propios del caribe panameño.
Hoy, este sueño se llama Punta Caracol, donde
las cabañas de madera se yerguen sobre pilotes, dando la impresión
de navegar al ritmo de las olas del mar.
Pero el desarrollo turístico va más allá
de los hoteles.
Cipriano García es un bocatoreño que confió
en su provincia y ahora es el dueño del “Centro Turístico Bocatorito”,
un restaurante a orillas de la “Bahía de los Delfines”.
Mientras saborea las comidas típicas de la
costa, el turista puede observar las maromas de miles de delfines
que aletean por las cristalinas aguas.
El despertar
Hace cinco años, Isla Colón se hizo popular
por el turismo de “mochileros”, que entraban por Guabito, área fronteriza
con Costa Rica, buscando diversión a muy bajo costo.
Sin embargo, poco a poco más panameños y
extranjeros descubrieron en Bocas del Toro un “tesoro escondido”.
Comenzaron a llegar turistas de mayor poder
adquisitivo, dispuestos a pagar un poco más por un mejor servicio,
un buen restaurante, una noche de calipso y una cómoda habitación.
Mauricio López, jefe regional del IPAT en
Bocas del Toro, calcula que a la provincia estarían llegando entre
110 mil y 120 mil turistas al año.
Actualmente en Isla Colón se pueden encontrar
habitaciones desde 6 dólares, hasta 85 y 100 dólares por noche.
Las de rango medio cuestan entre 20 y 35 dólares por noche.
Inversiones a la vista
El holandés Hans Ensink está a cargo de la
construcción del primer apartahotel en Isla Colón, con una inversión
que superaría los 1.5 millones de dólares. Ensink solo respondió
“I love Panama”, cuando se le preguntó por qué escogió Bocas del
Toro para iniciar este ambicioso proyecto.
“El paraíso natural es complementado por
la calidad de su gente, alegre, cooperadora y trabajadora”. En esto
coinciden todos los inversionistas que pusieron sus ojos en Isla
Colón.
Ayuda mucho que cerca del 80% de los isleños
hablan inglés perfectamente.
Sin embargo, variables como los precios de
la tierra, la mano de obra, buenas condiciones climáticas, el uso
del dólar, el libre movimiento de capitales en Panamá han sido factores
determinantes para atraer nuevas inversiones turísticas, que siguen
llegando al ritmo del calipso.
Vea también: Calipso caribeño
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