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Las advertencias de Greenpeace

Detener el paso de barcos con material radiactivo es, hace años, una lucha regional

Lina Vega Abad
lvega@prensa.com

Damon Moglen, activista de Greenpeace

Cuando Omar Torrijos era el “hombre fuerte” de Panamá, los activistas de Greenpeace visitaron por primera vez este país para explicar los peligros que implicaba el paso de buques con carga radiactiva por el Canal.

Según Damon Moglen -coordinador de la campaña sobre el uso del plutonio de la organización ecologista- Torrijos fue muy receptivo; pero, como se sabe, en esa época el Canal era manejado por el gobierno federal de Estados Unidos y nada se podía hacer.

Iniciativas legislativas para prohibir el paso de este tipo de cargas por el Canal –como la que presentó el político Carlos Arellano Lennox hace varias décadas– fracasaron en su cuna.

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¿Es seguro o no?

Era la época de la efervescencia nacionalista, y las posturas de Greenpeace tuvieron acogida entre los panameños que las sumaron a las viejas reivindicaciones soberanas.

En 1998, se produjo, quizá, la acción más osada de Greenpeace en Panamá. Ese año, activistas de la organización burlaron las medidas de seguridad que se toman en el Canal para los buques con carga peligrosa.

Transitaba un barco con el primer gran cargamento de desechos vitrificados –el Pacific Swan– y varios activistas de Greenpeace abordaron sin permiso el barco y colocaron una pancarta que decía “stop plutonium” (alto al plutonio).

Su acción –que dejó en ridículo a la Panama Canal Commission– iba dirigida a probar que las “estrictas” medidas de seguridad no eran tales o, al menos, eran ineficaces.

La aventura de los voluntarios ecologistas abrió un abismo entre el Canal y el organismo, pero, a partir del 2000 –cuando la vía acuática cambió de manos– Greenpeace trató de ponerse en comunicación con las nuevas autoridades panameñas, aunque sin éxito.

Sin embargo, las tenaces gestiones de influyentes panameños –que empezaron a entender el potencial peligro del tránsito de estas naves por las entrañas del país–, facilitaron un acercamiento con el administrador de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), Alberto Alemán Zubieta.

El funcionario panameño –sin olvidar ni por un minuto el incidente del inesperado abordaje– se reunió con Damon Moglen, coordinador de la campaña sobre el uso del plutonio hace ya un tiempo. La reunión no fue precisamente grata, y los argumentos del ecologista no encontraron receptividad en Alemán Zubieta.

Moglen visitó nuevamente Panamá, hace unas semanas, para participar en los debates del proyecto de ley 58 que prohibiría el paso de buques con carga radiactiva, proyecto que no cuenta con el apoyo de la ACP.

El activista de Greenpeace habló con La Prensa sobre el tema que ha provocado fuerte debates y que, se cree, enfrentará una dura batalla en la Asamblea.

–¿Cómo califica el debate público celebrado en la Asamblea?

–“Ha sido ejemplar. Panamá puede sentirse orgullosa de haber abierto el debate sobre un tema tan importante y ha forzado a la industria a enfrentar cuestionamientos públicos”.

–¿No le parece que Panamá es un país muy débil frente a las presiones de Japón, Inglaterra y Francia? ¿No debería ser esta una lucha regional?

-“Esta lucha tiene años de ser regional. Desde 1992, los países del Caribe han aprobado, año tras año, una resolución solicitando que se detenga el paso de estos barcos por su zona económica exclusiva. En 1999, la Asociación de Estados del Caribe, reunidos en Santo Domingo, firmaron una declaración de repudio a estos tránsitos. Esta resolución fue firmada por el expresidente [Ernesto] Pérez Balladares y reiterada mediante la Declaración de Margarita, de diciembre del 2001, firmada por la presidenta [Mireya] Moscoso.

En marzo del año pasado, el Grupo de Río, con la firma de Panamá, emitió un comunicado en el que expresaron su preocupación por el tránsito de material radiactivo por rutas cercanas a las costas o por vías navegables de los Estados miembros. El Parlamento Centroamericano (PARLACEN) hizo lo propio en julio del 2001.

Pero, sin duda, Panamá tiene la dura responsabilidad y al mismo tiempo el privilegio de tener que tomar una postura individual como consecuencia de la existencia del Canal”.

–¿No cree usted que la Autoridad del Canal [ACP] tiene pleno control sobre la seguridad de estas cargas?

–“No lo creo. Si bien el doctor Fredy Chen, de la ACP, tiene la mejor intención, no creo que cuente con el personal ni el equipo para afrontar una crisis de la magnitud que pudiera presentarse en caso de un accidente.

Además, la actitud de la ACP no ha sido muy transparente. En julio de 2001, y debido a la presión de Greenpeace, entre otros, tuvieron finalmente que informar al público de que, efectivamente, se iba a producir un tránsito de estas características. Pero su aprobación no se hizo en conjunto con el Ministerio de Salud o con la Autoridad del Medio Ambiente [ANAM]. Incluso la ACP está incumpliendo la exigencia de que se presente un Estudio de Impacto Ambiental (EIA), que permita tener claridad sobre las acciones que cada entidad debe tomar en caso de accidente”.






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