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Una carga “mínimamente mortal

Para la ACP continuar con el paso de naves con material radiactivo es parte de la “transición imperceptible” del Canal a manos panameñas

Lina Vega Abad
lvega@prensa.com

Alberto Alemán Z., quien a nombre de la ACP, rechaza el proyecto.

Las autoridades del Canal de Panamá aseguran que un accidente con un buque que transporte desechos radiactivos en esta vía acuática es una posibilidad remota... aunque no imposible. Pero, de ocurrir, ¿qué sucedería con más del millón de habitantes del área metropolitana? ¿Sabrían todos lo que deberían hacer en una emergencia de esta magnitud? ¿Está preparado el Estado panameño para afrontar los daños personales, ambientales y económicos?

Para las últimas dos preguntas, las respuestas parecen ser un no, mientras que para la primera, no parece difícil imaginarlo. Entonces, ¿por qué, ante tanto riesgo, el Gobierno aún permite el paso por el Canal de buques con desechos radiactivos?

¿Gobierno contra Gobierno?

El Gobierno parece no haber estado de acuerdo en el pasado con el tránsito de naves con este tipo de cargas. Pero las cosas son distintas ahora, precisamente cuando el Canal está en manos de los panameños. De hecho, ni siquiera estuvo de acuerdo con que cruzaran el Canal naves propulsadas con energía nuclear. Y de eso hay constancias. Por ejemplo, en 1984 —cuando el Canal era administrado por Estados Unidos— la Cancillería panameña envió a la Embajada de Estados Unidos en esta capital una nota que, sobre el tema, decía: “está en juego no solo la protección del medio ambiente de la República de Panamá, sino también la subsistencia misma de la nación panameña...”.

No fue esa la única vez. El 22 de diciembre de 1992 la Cancillería envió otra protesta a la embajada estadounidense en Panamá: “el Gobierno nacional tiene el deber de evitar el tránsito por el Canal de Panamá de naves que por razón de su funcionamiento, medio de propulsión, armamento o carga, representan un peligro para la población, el medio ambiente o las instalaciones del mismo Canal, ya que tal deber constituye un acto de legítima defensa que no puede ser cercenado por ningún tratado...”.

Pero, algunos años después, lo que pareció bueno entonces es malo hoy. El Ministerio de Relaciones Exteriores mantiene un elocuente silencio frente a la postura del administrador de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), Alberto Alemán Zubieta, quien sostiene que parte de la llamada “transición imperceptible” del Canal a manos panameñas consiste en no detener una práctica que se remonta a veinte años atrás. En otras palabras, la costumbre se convirtió en regla.

¿Qué provocó ese cambio de discurso?

Carga y ¿seguridad?

Por el Canal de Panamá transitan periódicamente buques equipados para mover “combustible nuclear irradiado” o desperdicio nuclear desde Japón —donde ha sido utilizado para generar energía en sus plantas nucleares— hasta Inglaterra y Francia, donde se reprocesa. Concluido el tratamiento, los desechos altamente irradiados deben volver al país de origen, es decir, a Japón.

Transportar tan peligrosa carga no es nada fácil para sus dueños. Cada vez es mayor la presión de la comunidad internacional para evitar su trasiego.

Por ello, mantener abierta la ruta de Panamá constituye una imperiosa necesidad, no solo para Japón, sino para algunos países de Europa y sus respectivos gobiernos. Y hasta ahora, no pueden quejarse de su éxito.

Para la ACP, la seguridad de tan peligrosa carga no es problema. El argumento esgrimido es que las naves que transportan la carga radiactiva cumplen con los más altos estándares de seguridad.

La ACP menciona, por ejemplo, que satisfacen las normas del “Código Internacional para la Seguridad del Transporte de Combustible Nuclear Irradiado, Plutonio y Desechos de Alta Actividad en bultos a bordo de buques”, preparado por tres agencias de Naciones Unidas: la Organización Marítima Internacional; la Organización Internacional de Energía Atómica y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

Otro argumento es que los envases empleados para transportar estos desechos cumplen con los requisitos internacionales de seguridad. Un reciente estudio de riesgo e impacto ambiental, preparado por la comunidad internacional entre 1995 y 1999, concluyó que las probabilidades de que un empaque para el transporte de material radiactivo se dañe por motivos de colisión entre dos buques son “mínimas”.

Según el informe —citado por la ACP— es poco probable que los incendios dañen los empaques, y los riesgos al ambiente marítimo y al público son también mínimos.

Pero un accidente no deja de ser una posibilidad seria. De hecho, la Pacific Nuclear Transport Limited (PNTL) —dedicada al transporte marítimo de material radiactivo— asegura que en caso de producirse un incidente, enviaría un equipo de salvamento que podría estar en Panamá en un mínimo de once horas. Se trata de un grupo de expertos nucleares que está en servicio las 24 horas, los 365 días al año.

La ACP también asegura —en una carta del 16 de enero pasado dirigida a la legisladora Teresita de Arias, proponente del anteproyecto de ley para evitar el paso de material radiactivo por el Canal— contar con un “plan de contingencias para el derrame de hidrocarburos y materiales peligrosos”. Menciona un reciente plan para la atención de emergencias y desastres por accidente, sabotaje, terrorismo, etc., coordinado, según la ACP, con el Servicio Nacional de Protección (SINAPROC).

Pero el caso es que el director del SINAPROC, Arturo Alvarado, parece no estar bien informado de esta coordinación. En nota enviada el 12 de septiembre pasado al Defensor del Pueblo, asegura que la institución “no es informada del tránsito por el Canal de Panamá de los barcos que transportan material nuclear....”. Pero, si así fuera, de poco valdría, ya que afirma que el SINAPROC “no cuenta con el equipo necesario ni el personal capacitado para hacer frente a un desastre de esa naturaleza...”.

La ACP también dice contar con una capacidad de respuesta compatible con la del Departamento de Energía de Estados Unidos. ¿Pero acaso esto debe tranquilizar a la población panameña tras los atentados terroristas del 11 de septiembre en Nueva York y Washington?

¿Daños mínimos?

Quienes se oponen al paso de las naves con desechos radiactivos por el Canal alegan que su prohibición no significaría una pérdida en términos económicos, ya que cada una de estas naves paga menos de 9 mil dólares por tránsito por el Canal, cuando el costo promedio es mucho mayor que esa cantidad.

De manera que no es un asunto meramente económico para la ACP, más bien parece que fuera de tipo legal. Así es que por lo legal es que será atacado el problema.

La sociedad civil —por medio de la Iniciativa de la Sociedad Civil para el Ambiente (ISCA) y a través de la legisladora Arias— ha presentado a la Asamblea Legislativa una iniciativa a fin de prohibir el tránsito de buques con su peligrosa carga por el Canal.

No será fácil lograr que se apruebe el anteproyecto de ley. La ACP ya ha hecho pública su oposición al proyecto con los consabidos argumentos legales. Invoca, por ejemplo, la Constitución y el Tratado de Neutralidad, que según dice, impide a Panamá discriminar a las naves de un Estado en detrimento de otro; aunque aquí el problema no es el pabellón de la nave, sino su carga.

También arguye la necesidad de cumplir con el principio conocido como “paso inocente”, establecido en el artículo 17 de la Convención de Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, que impide prohibir estos tránsitos.

Pero, ¿el paso —no solo por el Canal sino por aguas territoriales panameñas e incluso por la zona económica exclusiva de Panamá— de buques con carga radiactiva puede considerarse como “paso inocente”?

Dudosa seguridad

A pesar de las alegaciones en torno a las rigurosas medidas de seguridad que utiliza la industria, son muchos los que las ponen seriamente en duda, y por ello citan el artículo 21 de la misma Convención, que establece que “el Estado ribereño podrá dictar, de conformidad con las disposiciones de esta Convención y otras normas internacionales, leyes y reglamentos relativos al paso inocente por el mar territorial”.

Raúl Escoffery, miembro del Comité Panameño por los Derechos Humanos (CPDH), se interesó en el tema cuando fue testigo de una evidente contradicción entre los que aseguran que no hay peligro con este tipo de carga y los que sostienen lo contrario.

La Pacific Nuclear Transport Limited (PNTL) invitó al CPDH a una presentación en Panamá —a principios del 2000—, en la que aseguró que no había peligro alguno para la población panameña.

Tiempo después, Escoffery recibió la visita de miembros del Nuclear Control Institute (NCI) —organización privada sin fines de lucro con sede en Washington— que le aseguraron exactamente lo contrario. Por ejemplo, dijeron que existen antecedentes de incidentes graves; que hay discrepancias en las pruebas de los factores que afectan la seguridad del recipiente, embalaje, barco y condiciones de transporte; que los participantes del negocio nuclear carecen de credibilidad; que las garantías financieras son insuficientes y un largo etcétera.

Hoy, Escoffery es un convencido de que Panamá debe impedir el paso de estas naves, porque constituyen una “amenaza” contra la vida de las personas; contra la calidad de vida de toda la población; contra la economía nacional (de haber un accidente grave colapsaría la economía, con pérdidas que se calculan en billones de dólares); y contra el ambiente (habría daños irreparables por miles de años).

Su convicción lo llevó, incluso, a participar en la elaboración del anteproyecto legislativo y a escribir el libro Tránsito de Material Radiactivo por Panamá que recoge la mayoría de los ángulos del problema (www.geocities.com/raul_escoffery/pntl).

A pesar de los evidentes riesgos y peligros que entraña mantener el tránsito de estas naves por el Canal, lograr que la Asamblea apruebe el anteproyecto de ley será tarea laboriosa.

Los legisladores deberán decidir si la llamada “transición imperceptible“ del Canal a manos de los panameños significa también mantener expuesta a la población al peligro de un desastre sin parangón en la historia de este país.






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