Plátano, la esperanza de Barú
El plátano se ha convertido
en la tercera actividad en importancia en Barú, después del banano
y la palma aceitera
Boris Gómez
negocios@prensa.com
Marcelino Gaitán estaba convencido: ¡Tenía que trasladarse a la
ciudad capital para conseguir un buen trabajo que lo ayudase a sufragar
los gastos de la escuela de sus dos hijos! Y es que Marcelino tenía
varios meses de estar en “paro”, desde que lo botaron de las fincas
bananeras en Puerto Armuelles, por los conflictos laborales en el
sector y la baja en las ventas en el mercado internacional del banano.
No conseguía trabajo, ni siquiera de jornalero.
Lo que no contemplaba el infortunado baruense
era que su traslado significaba también acrecentar el bolsón de
desempleo en la ciudad capital que cada día aumenta por razones
similares a las de él.
Su compadre Carmelito lo hizo entrar en razón:
¡Barú era su tierra, solo tenía que hacerla producir!
Escuchó entonces de la “reconversión agropecuaria”
que impulsa el Gobierno y decidió experimentar. Junto a su compadre
comenzó a sembrar plátanos y el negocio le salió bien.
El reverdecer
Y al parecer, el plátano significa el reverdecer
de Barú. Hoy, la producción de plátano se ha convertido en la tercera
actividad en importancia en Barú, después del banano y la palma
aceitera.
Pero a diferencia del banano, el plátano
tiene una demanda creciente.
Un informe del Ministerio de Comercio e Industrias
(MICI) revela una merma en las exportaciones bananeras en más de
10 millones de cajas de la fruta de 1997 al 2001.
En 1998, durante la huelga bananera, se registró
una caída de ocho millones de cajas. Y la situación puede empeorar,
a menos que se tomen los correctivos.
Según Manuel Aizpurúa, representante de la
transnacional Chiriqui Land Company en Panamá, “hay que que sacar
provecho de los nuevos sistemas de trabajo, a fin de que permitan
recuperar el volumen y la calidad de la fruta para exportar a los
exigentes mercados internacionales”.
Con respecto al plátano, estadísticas del
Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) revelan que en el período
2000-2001 se sembraron 5 mil 719 hectáreas de plátanos, que produjeron
una cosecha de 85 millones 213 mil unidades, lo que tiende a aumentar
dada la gran demanda.
Según los productores, los pedidos son tan
grandes que aún no tienen capacidad para suplirlo. Y es que solo
el mercado de Miami, Estados Unidos, pide 15 contenedores por semana.
“En el mercado de Miami, donde viven muchos
hispanos además de los estadounidenses, se consume mucho plátano,
especialmente como botanas (acompañamiento de bebidas)... a diferencia
del banano, el plátano sí tiene mercado... en Europa se está aprendiendo
a consumir el producto”, dijo Carrera.
De acuerdo con Guillermo Carrera, presidente
de la Asociación de Productores de Plátano de Barú, en uno o dos
años, con las nuevas técnicas y la creación de un centro de acopio
y de empaque “creemos que podemos lograr vender unos 300 contenedores
anualmente”.
En Barú, las cosas han empezado a cambiar,
pero el éxito depende de quienes sigan el ejemplo de Marcelino Gaitán.
La ayuda gubernamental
Esta creciente demanda de plátano, sin embargo,
necesita de la ayuda gubernamental. Según el legislador Osman Gómez,
quien representa el circuito 4-2 al que pertenece Barú, es urgente
que el Gobierno ejecute los proyectos de riego Barú 1 y Barú 2,
por unos 25 millones de dólares, lo que habilitaría otras ocho mil
hectáreas que producirían permanentemente hasta en los meses en
que no hay lluvias.
Para Carrera, el sistema de riego es fundamental
para “traer más divisas al suelo patrio”. Carrera también pide la
intervención del Instituto de Seguro Agropecuario, pues “el sector
platanero se está modernizando y eso es un respaldo ante las inclemencias
del tiempo”.
Tal fue el caso de los vendavales del año
pasado, lo que motivó que el Banco de Desarrollo Agropecuario (BDA)
otorgara préstamos por 1.5 millón de dólares a unos mil productores.
Esto como parte de la implementación de la Ley 24 de apoyo al productor
nacional.
Los préstamos tendrán un interés de 5% sobre
el capital, con dos años de gracia y un total de siete años para
pagarlos.
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