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Entre seguridad y conveniencia

Prohibir el paso de material radiactivo por el Canal no será tarea fácil. Habrá que sortear a instituciones estatales panameñas, al Canal y a empresas y gobiernos extranjeros

Lina Vega Abad
lvega@prensa.com

Jorge Illueca y Fernando Manfredo durante el debate de la Comisión de Medio Ambiente de la Asamblea Legislativa.
El debate del proyecto de ley que prohibiría el tránsito de material radiactivo por el territorio nacional, incluido el Canal de Panamá, comenzó la semana pasada entre amenazas veladas —y no tan veladas— y una severa oposición al contenido de este por parte de entidades que representan al Estado panameño.

Paralelamente a la discusión del proyecto, la semana comenzó con un gran ajetreo para los representantes de la Pacific Nuclear Transport Limited (PNTL), la naviera que se encarga del trasiego de material radiactivo y sus desechos entre Japón y Europa, pasando por el Canal de Panamá.

El pasado martes y miércoles participaron activamente en las sesiones públicas de la Comisión de Medio Ambiente de la Asamblea Legislativa, con motivo del primer debate del proyecto de ley 58 que, de ser aprobado, prohibiría el paso de barcos con material radiactivo por el territorio panameño.

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Una Convención y dos interpretaciones
Dos días después de haber empezado la consulta pública del proyecto de ley, se les podía ver agitados y sudando la gota gorda al dirigir múltiples giras con periodistas, legisladores y todo aquel que estuviera interesado en la nave Pacific Sandpiper, que, con sus bodegas vacías, fue abierto al público en el muelle 14 de Balboa para que sus dueños y permanentes usuarios pudieran explicar todas las medidas de seguridad que utilizan para transportar la carga radiactiva.

Y mientras se hablaba de las extremas medidas seguridad en esta nave, al otro lado del Canal, en el lago Gatún —cerca de la esclusa del mismo nombre— el carguero “Diana Z” sufrió una fisura en su proa, por lo cual la Autoridad del Canal envió tres remolcadores para prevenir el riesgo de hundimiento.

Pero la semana terminó de forma más relajada. El pasado viernes se celebró una recepción —en el exclusivo City Club— ofrecida por la PNTL a funcionarios, periodistas y personalidades nacionales.

Ahora, seguramente, continuará la labor silenciosa de cabildeo con los legisladores; justo ahora cuando la institución que representan y su actuar están bajo el escrutinio público.

Argumentos de todos los colores

Durante los días previos al debate de la Comisión de Medio Ambiente de la Asamblea, mucho se habló de un instrumento legal que es ley de la República desde 1996: la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar.
El capitán M.L. Miller y el abogado Darren J. Walsh de la British Nuclear Fuels, escu- chan atentos los argumentos en contra del proyecto de ley.
Para los defensores del paso de los buques con material radiactivo, Panamá no puede impedir su paso por el Canal, ya que el Convenio del Mar lo prohíbe al establecer el concepto de “paso inocente”, que es el calificativo que utiliza la PNLT para describir la travesía de sus buques y carga.

Este argumento es sustentado por los representantes de las navieras y de las empresas francesas, inglesas y japonesas que producen el material radiactivo, así como por abogados de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) a la que también se sumó la Autoridad Marítima de Panamá (AMP).

Así, según la AMP, “el proyecto de ley [para prohibir el tránsito de esta naves por el Canal] es contrario a las regulaciones internacionales sobre la utilización de espacios marítimos, de las que la República de Panamá es parte contratante...”.

En su rechazo al proyecto, la Autoridad Marítima cita el artículo 24 de la Convención sobre el Derecho de Mar, que establece que “el Estado ribereño no pondrá dificultades al paso inocente de buques extranjeros por el mar territorial”.

Tsutomu Yamamoto, de la Overseas Reprocessing Commette, toma nota de la discusión.

El representante de la AMP agregó que Panamá “no puede imponer a los buques extranjeros requisitos que produzcan el efecto práctico de denegar u obstaculizar el derecho de paso inocente”.

Por su lado, la Autoridad del Canal, que en el pasado ha expresado su desacuerdo con prohibir el paso de buques con material radiactivo, suavizó su postura.

El director de Asesoría Legal de la ACP, Alvaro Cabal, presentó sus argumentos con un lenguaje que comunicaba más bien poco. Por un lado, recordó los compromisos internacionales contraído por Panamá, mientras que por el otro lado —y con una soporífera terminología legal— recalcó que la ACP está “sometida a la Constitución y a las leyes”.

Este argumento sugiere, aparentemente, que la Asamblea sí es competente para legislar sobre el controversial asunto, porque en los días que antecedieron el debate, hubo quienes argumentaron que la Constitución concedía a la Autoridad del Canal exclusiva competencia para regular este tema, por lo que la Asamblea estaba usurpando funciones que no le competían. Cabal puso punto final a esas especulaciones.

El abogado subrayó que el problema que analiza la comisión debe ser analizado en foros internacionales. ¿La razón? Los ahora más estrictos requerimientos de seguridad para el tránsito de buques con carga radiactiva han sido el resultado de la presión de la comunidad internacional.

Ejemplo de ello —y como sustento al argumento de que ese es el camino que debería seguir Panamá— Cabal citó a los cancilleres del Grupo de Río, que reunidos en Chile en marzo de 2001, expresaron su “preocupación por el tránsito de material radiactivo y desechos peligrosos por rutas cercanas a las costas o por vías navegables de los países miembros, dados los riesgos de daño que ello trae aparejado con efectos nocivos para la salud de las poblaciones ribereñas y para los ecosistemas del medio marino y antártico....”.

Una virginidad perdida hace tiempo

La historia del paso de estos barcos por Panamá y el Canal tiene un testigo de excepción, Fernando Manfredo.

Según relatara durante su participación en la Comisión de la Asamblea, el primer barco con este tipo de carga pasó por el Canal cuando él ejercía como subadministrador de la vía acuática.

Félix Wing, vocero de la Iniciativa de la Sociedad Civil para Ambiente (ISCA).
Recordó que un día, el administrador Dennis P. MacAuliffe, lo llamó a su oficina y, para su sorpresa, se encontraban allí los representantes de las compañías transportistas de desechos radiactivos, acompañados por el embajador británico. Manfredo se preguntaba por qué el embajador tendría que interceder por estas empresas, que son privadas y de responsabilidad limitada.

Los visitantes explicaron en ese entonces que, debido a que las otras rutas eran muy peligrosas y que necesitaban reducir los días de navegación, querían empezar a utilizar el Canal de Panamá. Manfredo recuerda perfectamente su reacción: “nos estaban traspasando el peligro a nosotros los panameños”.

Respecto a los alegatos del cumplimiento a ultranza y sin limitaciones del concepto “paso inocente”, Manfredo fue enfático: hace mucho tiempo que el Canal ha establecido limitaciones a cargas prohibidas y que en el pasado Estados Unidos estableció restricciones sin pedirle permiso a nadie.

Por eso, de forma muy gráfica, Manfredo señaló que la Convención del Mar y su concepto de “paso inocente”, hace ya mucho tiempo que había perdido su “virginidad”.

Para él, este mismo concepto rige con relación al Tratado de Neutralidad, que también ha sido invocado por los defensores del tránsito sin limitaciones.






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