Panamá, jueves 10 de marzo de 2005
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El veterano

Guillermo Endara, abogado expresidente de la República.
Guillermo Endara, el otrora hombre de confianza de Arnulfo Arias, se enfrenta hoy a su partido. Amante de la tecnología y sincero como pocos, su meta es ganar por segunda vez la Presidencia, a pesar de que hace diez años los pies le picaban por salir de Palacio

Habla sin medirse, a veces de más, con palabras y frases que sus críticos califican de vulgares. Guillermo Endara Galimany habla como piensa, afirman los que lo conocen, y eso le ha generado tanto simaptía como antipatías. Sus simpatizantes quisieran cambiar la forma en que se expresa, sin alterar lo que piensa. Pero Endara parece decidido en ser auténtico.

Su vida es un mar profundo de anécdotas: las cuenta sin vacilar, sin ahorrar detalles, prolijo, aun cuando ellas lo ridiculizan, lo que habla muy de él, pues ha aprendido a reírse de sí mismo. La ilustración de su tarjeta de presentación transmite la visión que Endara tiene de sí mismo: El Quijote... “Mantenedor de la verdad, aunque le cueste la vida defenderla”.

Ha sufrido la pérdida, el exilio, el escándalo y la traición. Ha sido víctima de la violencia política, incluso de la intrafamiliar. Nada de eso, empero, empaña su fama de hombre honesto y justo.

También ha tenido sus momentos gratos, inolvidables. Parrandero, donjuan, enamorado del amor, de las computadoras y de su esposa, Ana Mae.

Lo que para él son gratos momentos en la vida, para otros son sus debilidades. Los chistes crueles sobre Endara y su pareja abundan en la televisión, en los bares o las conversaciones familiares. Con todo, goza de popularidad: es el segundo en las encuestas de opinión en su carrera por la Presidencia, pero es el primero en la percepción de honestidad, según encuestas recientes.

Franco y bonachón, pero de carácter recio cuando de justicia se trata, advierte que si logra de nuevo ponerse la banda presidencial, destapará todos los casos de corrupción que duermen en el cementerio de la impunidad.

Conocido como el “Gordito”, “Cuchungo”, “Pan de dulce” o “Pichulo” —chat como tituló el link de foros de su página web— Endara se ríe de si mismo y desmiente de manera desenfadada y sin tapujos las acusaciones que lo persiguen.

Orgulloso de haber reciclado al país económicamente durante su mandato, desdobla su experiencia como un “as” bajo su figura robusta y, con una sonrisa pegajosa de 67 años, se lanza de nuevo al ruedo.

El incidente del clavo

El pequeño “Cuchungo” –como lo apodó su padre, Guillermo Endara Paniza, empresario y fundador de la radiodifusión panameña– conoció desde los 5 años la persecución política cuando junto a su familia se vio obligado a viajar al exilio —a Buenos Aires— tras el golpe de Estado de 1941 contra Arnulfo Arias Madrid. Sus estudios en el Colegio La Salle, en Argentina, se vieron nuevamente interrumpidos cuando la familia retornó a Panamá. Endara ingresó en el acreditado Colegio Miramar (donde hoy se levanta el hotel del mismo nombre). Tan cotizado era, que todos los años decenas de niños se quedaban sin cupo para ingresar.

Rogelio de Ycaza —compañero de Endara en tercer grado— hace memoria de las primeras lágrimas derramadas por éste públicamente, el día en que la riña de dos compañeros hizo volar un afilado lápiz que terminó incrustado en la frente del futuro presidente. Pero esa no fue la única vez que Endara terminó “clavado”. Las clases de tercer grado las recibía junto a Pedrito Altamiranda, Guillermo Chapman, Nicanor de Obarrio y Federico Boyd. A este último, Endara quiso jugarle una broma: “Yo traje un clavo oxidado y mientras rezábamos, se lo puse [en el asiento]; vi que él se dio cuenta y me lo puso a mí. Entonces se lo puse yo a él y en ese enredo terminó el vacilón. Cuando me siento, ¡miércoles, el clavo! Hubo un escándalo y a mí me mandaron al médico”... y al bromista a la calle.

Al otro día “estaba Federico con su papá esperándome en la entrada [del colegio]”. Lo habían botado “por la vaina del clavo”, recuerda. Pero, Endara decidió confesar al hermano mayor del colegio: “Padre, fui yo quien comenzó [el relajo]... Así lo salvé, pues era una canallada que lo estuvieran botando por una vaina mía. Siempre nos pasamos jodiendo la vida, y ya grandes, él me perseguía, porque él era del G-2 [Inteligencia de la Guardia Nacional]”. Endara no hablaba en broma, su relación con él no sería más un juego de niños, pues, ya de adultos, el destino los situó en posiciones políticas contrarias.

Federico Fred Boyd, fue uno de los golpistas contra el gobierno de Arnulfo Arias Madrid —en el que había sido nombrado Endara— en 1968. La asonada de Boyd y compañía no duró mucho, pues también sufrió el exilio durante el régimen de otro golpista; el general Omar Torrijos.

Guillermo Endara, al centro, en las escalinatas del Instituto Black-Foxe de Los Angeles (California) un high school del que egresó con el grado de capitán.

La política siempre salpicó la vida de Endara. Su padre era amigo y socio de Rodolfo Popo Herbruger en una fábrica de mosaicos, pero la cercanía de este con Arnulfo Arias Madrid provocó que la familia Endara Galimany regresara al exilio nuevamente a Buenos Aires, producto del hostigamiento oficial, en 1942. “Ellos decían —recordó— que mi padre y su socio tenían un movimiento armado, que la fábrica estaba llena de armas. A cada rato iban a allanarla”.

Fue en ese segundo exilio en Argentina, donde, “a la edad de siete años, conocí a Arnulfo Arias Madrid”. Han pasado más de 60 años desde entonces, pero Endara lo tiene tan presente como si hubiese sido ayer.

A pesar de haber tenido una infancia inusual por aquello de los exilios, Endara experimentó vivencias propias de su edad: fue travieso como cualquier otro, y poco afanoso en sus deberes, según él mismo reconoció. En cierta ocasión se ofreció de voluntario para aprender a tocar el violín. Su padre accedió al capricho de comprarle el instrumento siempre y cuando aprendiera a tocarlo. El entusiasmo duró poco. Varias clases después, Endara no soportaba una nota más. Para liberarse de la promesa de aprender —sin comprometer su palabra— acomodó el instrumento en un mueble para que, al cerrarlo se rompiera. Y, efectivamente, el “violín se rajó” y Endara con él. Roto el instrumento, las clases se cancelaron. Su padre no le compraría otro violín. “Cuchungo” sonrió: El plan dio resultado.

Su irreverencia y la holgazanería de la primaria fue reemplazada luego por el rigor y la disciplina militar del Instituto Black-Foxe de Los Angeles (California) un high school del que egresó con el grado de capitán. De aquella experiencia Endara rescata: “En primaria yo no estudiaba ni hacía tareas, en la escuela militar me enseñaron algo que me quedó para toda la vida: tener orden”. Gracias a ello, Endara logró éxitos que ni él mismo sospechaba.

Don Juan de Orleans

Adolfo de Obarrio —anfitrión de los observadores internacionales “no invitados” de las elecciones de 1989— coincidió con Endara en 1954 y 1955 en New Orleans (EU). “Estudiamos juntos en la Universidad de Tulane. En esa misma ciudad también estaban el ex presidente Eric Arturo Tuturo Delvalle y Alberto Boyd. “Cuchungo” comenzó medicina y, aunque era muy estudioso, salíamos los fines de semana. Recuerdo que salió un par de veces con una americana que compitió para miss New Orleans, pero no ganó. Luego decidió estudiar derecho y se regresó”.

Pero a Panamá no solo vino a estudiar. Su baile fácil, su coquetería y su fama de parrandero lo ubicaron en el centro de la atención de las jovencitas de la época. No solo eso. “Cuchungo” formó parte de un exclusivo grupo de señoritos de la alta sociedad panameña, conocido por sus siglas: ASA.

Luis Carlos Abrahams —miembro de esta cofradía— cuenta que el significado de las siglas ASA (Alcohólicos, Sociedad Anónima) tenía poca popularidad entre las madres de sus pretendidas. El significado de las siglas no era cosa que se mencionara en público. Al preguntar por ellas, inevitablemente había interrogados que sufrían de un inesperado ataque de amnesia, otros de sordera y los había que simplemente esquivaban la pregunta.

Semejantes apuros hicieron que reconsideraran el nombre. Decidieron rebautizarlo como Amigos Solteros Anónimos, aunque no por eso abandonarían el ron con Coca-Cola, los boleros ni el chachachá.

Entre sus miembros de ASA figuraban Pedrito Altamiranda, Alberto Boyd, Jorge Toti Diez, Adolfo de Obarrio, Nicanor de Obarrio (quien falleció), Miguel Brostella y su hermano Raúl.

“Nunca vi a ‘Cuchungo’ de mal genio, pero siempre lo consideré un hombre de carácter. En todo lo que hacíamos era el líder, un organizador... siempre era el director, el hombre que llevaba las cuentas para que fueran claras. En él se confiaba toda la parte económica. Y hay que admirar que era un hombre que encontraba tiempo para todo; no era en extremo serio ni en extremo relajado, cuenta su amigo Jorge Toti Diez. Además —recuerda— íbamos con Irene Davis, María Elena Ponce, Arlene Thayer, Irene Novey, Martita Sánchez, Graciela Quelquejeu, Ana Elena Boyd y María Elena Ocaña al teatro Presidente y luego a la Heladería La Inmaculada, escuchábamos a Elvis Presley, Frank Sinatra y a Marco Antonio Muñiz. James Dean era el actor y Elizabeth Taylor nuestro sueño adolescente”.

La madriguera del conejo

La diversión, empero, no era todo para el popular muchacho. En la casa de Endara en El Cangrejo (frente a la cabeza de Einstein), Elsa Galimany —la madre del joven estudiante de derecho— se convirtió en la “madrina” de todos los amigos del grupo. Para entonces, Endara comenzaba a mostrar signos de independencia de manera inusual para la época. El joven tenía un pequeño apartamento propio, junto al garaje de su casa, donde se dedicaba a “comer libros” y a recibir a sus amigos. Fue allí donde nació su poco conocido mote de “Conejo”, cuya autoría es atribuida a Alberto Boyd.

También allí se reunían frecuentemente para programar y hacer los disfraces de comparsa que acompañaban a la reina del Carnaval, entre ellas, su propia hermana, Elsa, quien años después, falleció.

No parece posible, pero la combinación de parrandas y estudios dio resultados, al menos para “Conejo”, quien se graduó con el primer puesto de honor en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Panamá en 1961. Recibió el diploma y el premio “Ricardo J. Alfaro” de manos del presidente Rodolfo Chiari. Luego realizó un postgrado en Derecho Anglo-Norteamericano en la Universidad de Nueva York.

Su tesis de grado en la Universidad de Panamá se tituló: “La función de la sociedad anónima”, quizá por aquello de ASA, ¿recuerdan?

Precisamente, el buen manejo del tema de las sociedades anónimas es el que, años después, le acarrearía un enorme problema, siendo ya presidente: “vino un personaje de la comunidad hebrea de Colombia, cliente de Galileo Solís [tío de su socio, Menalco Solís]. “Yo quiero hacer una inversión de bienes raíces en Miami —anunció—. Le armé un paquete de sociedades anónimas panameñas”, a fin de que las utilizara allá. Tiempo después, “el abogado de ese personaje –cuyo nombre no mencionó– vino a mi oficina [otra vez], pero yo estaba en la sedición”. Hernán Delgado –su socio en la firma Solís, Endara, Delgado & Guevara– lo atendió”.

Endara recuerda que escuchó rumores de que esta persona —cuyo nombre tampoco mencionó— “era abogado de narcotraficantes”, pero más bien parecía un “miserable”, pues en los restaurantes solía comerse la mitad del plato y luego se quejaba de que la comida estaba dañada para comer gratis.

“Una de las secretarias del bufete le hizo las compañías con el mismo esquema que yo le había hecho al hebreo de Colombia y resulta que una de esas compañías era para [los cubanos Augusto Guillermo Willie] Falcón y [Salvador Sal] Magluta”.

“Entonces, aparentemente, en una operación correcta, el dinero era lavado. Yo no tenía ni idea, porque ni siquiera intervine. Y al abogado de Miami lo mataron, porque Falcón y Magluta salieron libres a base de matar testigos. Yo le pedí a Estados Unidos que aclarara mi nombre, como ellos sabían que no teníamos ninguna conexión con Falcón y Magluta, nos dijeron ‘no vengan, porque nos van a joder el caso’. Son cosas que ocurren todos los días en Panamá. Lo único es que cuando explotó, yo era presidente”.

La Embajada de Estados Unidos en Panamá dio una disculpa después de estallar el escándalo, en la que afirmaba que “Hernán Delgado ha estado cooperando con la Dirección General de Estupefacientes de Estados Unidos (DEA)”.

Endara, el litigante

Endara dio sus primeros pasos en el ejercicio del derecho bajo la tutela del abogado Galileo Solís. Su hijo, del mismo nombre, narró que su padre había sido el abogado del padre de Guillermo Endara, quien le pidió que le diera una oportunidad al joven Guillermo para que ingresara a su firma. Ello ocurrió en 1963.

Menalco Solís, sobrino de Galileo, recuerda que Endara estaba cursando una maestría y era un hecho sabido que, al terminarla, iría a trabajar al bufete de su tío Galileo, cosa que así fue.

Eventualmente, ambos —Menalco y Guillermo— se asociaron para crear la firma Solís & Endara, en el mismo piso en donde estaban las oficinas de Galileo Solís (en el edificio que actualmente alberga el Banco General) en la Avenida Cuba.

Al poco tiempo se sumó a ellos Hernán Delgado, cuando requirieron los servicios de un “pasante”. Tras recibirse de abogado, su apellido fue acomodado en el de la firma: Solís, Endara & Delgado. Un cuarto nombre se agregó, tras el reclutamiento del desaparecido abogado César Guevara.

Jorge "Toti" Diez, Ayda Garay y Guillermo Endara, con el tambor, parrandean en los carnavales de 1961.
Quienes conocen el desempeño forense de Endara concluyen que es un hombre franco. Así lo afirmó uno de sus más entrañables amigos de infancia, Miguel Brostella: “Era muy sincero. Para mí, como consejero, era muy valioso, porque decía las cosas como las veía y me ayudaba a ver el panorama para tomar decisiones”.

Su amigo y colega Menalco, coincide. Una de las cosas claras que tiene un abogado que se precie de serlo es que no puede decirle al cliente “lo que quiere oír para luego pasarle una factura”. Pocos lo hacen, asegura, por el prurito de aferrarse como una lapa al cliente. Pero, según Menalco, “Endara jamás ha hecho eso. Era una regla que al cliente se le dijera la verdad; usted no tiene chance”. Lo más importante es decirle la verdad y que sea él quien tome la decisión si quiere pelear… Esa es una muestra de la honestidad de Endara en el ejercicio de la profesión”.

“Teresita esta viva por mí”

Sin embargo, Endara es acusado de no ser el angelito que describe Solís. Durante su gobierno era un secreto a voces la supuesta existencia de un exclusivo club, conocido como “La llave”, que supuestamente encabezaba su socio, Hernán Delgado. Pero Endara asegura que “esas son vainas de Ricardo Arias Calderón”.

El ex presidente lo acusó de pretender ser el gran jefe de Gobierno, sin tener derecho a eso. La Prensa intentó en varias ocasiones hablar con el ex vicepresidente, pero no respondió las llamadas. Pero su animosidad con Endara es bien conocida. Arias Calderón, en una publicación fechada en julio del año pasado, calificó a Endara de “infame” al querer involucrarlo en el tema del club de “La llave”.

“No recuerda las acusaciones de corrupción que se le formularon a su gobierno, por ejemplo: ‘La Llave’, con referencia a un grupo de abogados que habría estado encabezado por alguien vinculado a su bufete, que podía descongelar fondos por el Ministerio Público mediante pago de sumas importantes por sus servicios...”, escribió Arias Calderón.

Endara relató su versión. Dijo haber designado a Rogelio Cruz como procurador por insistencia de Arias Calderón, quien “tenía pánico de que yo nombrara como procurador a [el hoy ex magistrado José] Faúndes”.

Cruz fue nombrado y tan pronto ello ocurrió “los gringos llegaron con una lista de supuestos lavadores de dinero en Panamá”. A Rogelio, para quedar bien con ellos, se le ocurrió congelar [las cuentas bancarias de] todas esas compañías”, contó Endara.

Esas empresas —añadió— recurrieron a abogados que pidieron la reconsideración. Cruz acudió a los norteamericanos para informarles de ello y requerir las constancias para sustentar sus respectivas respuestas. “Pero no pudieron dárselas o no las tenían”, sostuvo Endara.

Cruz se vio obligado entonces a descongelar los dineros, y al final todas las cuentas bancarias —con excepción de una— fueron descongeladas. “A Ricardo se le metió que eso se había descongelado por la influencia que tenía Hernán Delgado conmigo”, dijo Endara. “Hernán ni siquiera gestionó una sola [descongelación]... “y yo ni siquiera sabía de eso”.

La evidente antipatía de Arias Calderón contra Endara surgió cuando en abril de 1991 Endara lo expulsó de su gobierno, porque supuestamente este espiaba sus conversaciones telefónicas. Desde entonces, sus relaciones son distantes, o, para ser más exactos, antagónicas.

Sin embargo, Endara no se toma las cosas tan en serio, aunque sus rabietas son tan conocidas como efímeras.

A la hora de contar anécdotas, casi siempre le da un toque jocoso o menosprecia, de manera simplista, los ataques de sus más avinagrados adversarios.

El contó aquella anécdota de cómo “salvó” la vida a la esposa de Arias Calderón: “Teresita está viva por mí —aseguró—. Después de un año [de gobierno] rompimos relaciones con la Democracia Cristiana”, partido del que era líder Arias Calderón.

“Ricardo y yo nos veíamos en actos protocolares: él seguía siendo vicepresidente. Nos saludábamos cortésmente e intercambiábamos un comentario frío... Nos tratábamos y no había encono”, afirmó.

La que sí tenía encono era la esposa de Arias Calderón, Teresita. Pero, según Endara, ella está en deuda con él: “Me dijeron que se estaba muriendo, que Teresita tenía venoclisis por todos lados, que no estaba consciente. A mí se me ocurrió mandarle un ramo de flores grande, con una notita escueta: ‘Pronta mejoría’. Cuando llegaron las flores de Endara a su cuarto de hospital y le informaron del remitente, ella preguntó “¿Cómo? ¿de quién?...”. Cuando lo supo, “se quitó el oxígeno, se quitó la venoclisis, se levantó, agarró la nota y me escribió una soberana vaina, me insultó... y se mejoró. Ella salió de ese semicoma en el que estaba por esas flores y por esa rabia. A los tres días estaba fuera del hospital. ¡Ella está viva por mí!”.

Políticamente correcto

Inflexible en sus convicciones, en Endara siempre ha pesado más su honestidad que su bienestar personal. Los detalles vergonzosos los expresa con absoluta franqueza, sin escatimar en arandelas, aun tratándose de sí mismo.

Con 25 años de edad, Endara puso a prueba su temple. Unido a su amigo y mentor político, Arnulfo Arias Madrid, fue parte de los fundadores, en 1961, del Partido Panameñista, la última fuerza partidaria del caudillo panameño.

La tentación tocó su puerta en 1964, cuando tenía 28 años de edad. Fue un momento en el que Endara tuvo que tomar “su decisión política”. El joven participó en los comicios de ese año como candidato a primer suplente de diputado. “En Panamá había 355 mesas, en [el recuento de] la numero 65, me fui a dormir. A las 4:00 a.m. me llamaron: ‘Felicitaciones, saliste primer suplente. Si tú quieres, ven a buscar la credencial, porque apenas salga el primer rayo de luz, esta oficina de la Junta Provincial de Escrutinio se cierra’”.

“Voy... No voy... ¡No voy!”, se decidió. “Comenzar así, con ese fraude... Yo pedí la nulidad de mis credenciales”. Era “fraudulenta”, confesó Endara. Después del incidente, decidió no postularse a puestos de elección popular, promesa que, evidentemente no respetó, pues 25 años después, aceptó la postulación que lo llevó a la Presidencia de la República y hoy, 40 años después, nuevamente compite por el mismo puesto.

Endara guardó “otras” enseñanzas de su tutor político. Cuando comenzaron las persecuciones, Arias Madrid le recomendó que, aunque no fumara, siempre llevara consigo cigarrillos, porque ese era el mejor dinero en la cárcel. El consejo fue bueno.

En cierta ocasión, con motivo de su militancia política, Endara pasó un breve período tras las rejas. Había sido arrestado por la fuerzas militares del general Omar Torrijos. “Yo llevaba mi paquetito, me pusieron en una celda solo, pero al lado había un tipo. En la noche me dijo ¿tienes cigarrillos? Le pasé el paquete nuevecito, tomó tres y me lo devolvió. Cógelo entero —le dijo Endara—. Como en la cárcel las camas se hacen con cartón, él comenzó a pasarme cajetas y cajetas y yo hice mi nido, limpiecito, y aunque tenía un foco como de mil watts, después de que armé mi nido, quedé rendido”.

Sus convicciones políticas tenían a Endara con un pie en la calle y otro en la cárcel. Tras haber sido director de Planificación y Política por diez días —el 11 de octubre de 1968 el gobierno de Arnulfo Arias Madrid fue derrocado por un golpe militar— tuvo que movilizarse de un escondite a otro.

En una ocasión, tras el golpe, se hallaba en Guatemala en un viaje de negocios con su amigo Miguel Brostella y, a punto de regresar, recibió una llamada de su esposa, Marcela: “Te están buscando como locos”, le advirtió, refiriéndose a los militares.

La llamada lo hizo cambiar de rumbo. Endara salió a Miami, pero una semana después, reconsideró: “Qué pendejada, me voy para Panamá”, convencido de que a su llegada al aeropuerto sería arrestado y encarcelado ipso facto.

Guillermo Endara recibe el premio “Ricardo J. Alfaro”, otorgado al primer puesto de su promoción, y su diploma de Derecho y Ciencias Políticas, de manos del entonces presidente Rodolfo Chiari.

Pero antes de salir, visitó a un médico cubano a fin de que le recetara un medicamento para no tener que ir al baño. Dicho en sus palabras: “me tapé... ahora sí me pueden coger preso, porque no voy a pedir permiso para hacer la mayor”, reveló.

“Llegué a mi casa, me estuve una semana, obviamente me destapé... y dije: Yo no puedo seguir viviendo así. Llamé al G-2 ¿Está [Manuel Antonio] Noriega? Habla Guillermo Endara... ustedes me están buscando”. “¿Dónde está!”, le preguntó el asombrado interlocutor.

“Hey, yo llegué hace una semana, ¿Qué es lo que ustedes quieren?”. ¡No puede ser que usted este aquí!, le contestó. “¿Cómo que no? Yo entré por Tocumen, tengo mi pasaporte sellado”. Minutos después, un destacamento rodeó su casa, como si se tratara de una operación sorpresa. “Marcela, ya sabes para donde voy”, se despidió Endara de su esposa.

No hubo misericordia para el confeso “prófugo”. Terminó en una mazmorra del Departamento Nacional de Investigaciones (DENI, hoy PTJ). A los dos días, le informaron de que el general Torrijos lo quería fuera del país. “¿A dónde quiere ir?”, le preguntaron.

“A Ecuador —respondió— donde unos familiares: sino, prefiero irme para Miami”. Una hora después, le informaron que “por órdenes de mi general Torrijos, usted se va a Miami. Debe coger el avión de la Braniff y le da permiso para llamar a su casa, le traigan el pasaporte y le compren el pasaje. “¿Comprar pasaje?”.

“Hey, cuando a uno lo exilian, uno no paga”, les recordó el detenido.

Dietas

Amigo de las luchas pacifistas, Endara, aunque no lo parezca, tiene dos huelgas de hambre bajo su robusta figura. Una, para hacer valer la democracia frente al general Noriega, en 1989, y la otra en 1990 para presionar a Estados Unidos a fin de que desembolsara la ayuda económica prometida a Panamá tras la invasión.

Se expuso como un gran Nemo en un ventanal del Edificio Vallarino —en calle 52 y Elvira Méndez— y convocó a la huelga, pidiendo la desobediencia civil a la población, que dejara de pagar la luz, el teléfono y el agua.

Una enfermera fue asignada para que vigilara la salud de Endara mientras cumplía su continencia volunta-ria. Ella recuerda que no fue nada agradable su primer encuentro con Endara. Intentaba colocarle unas medias antiembólicas, pero Endara se rehusó: “Eso eran vainas para mujeres”, se quejó. Tras una paciente explicación, la enfermera Mireya Jaramillo lo convenció, dando inicio a un verdadero espectáculo presenciado por curiosos agolpados en las ventanas del edificio, que reían mientras observaban a Endara con sus extravagantes calcetines nuevos.

Todos los días, cientos de panameños acudían a verlo diariamente. Incluso, lo visitó Cupido. Así lo cuenta su amigo Jorge Toti Diez: “Cuchungo es romántico. Nosotros vivimos el noviazgo de su primera esposa, Marcela: Una mujer extremadamente bella y llena de vida, pero desgraciadamente murió”. Diez cree que su matrimonio con Ana Mae fue igual de romántico: “Sabemos que cuando tuvo aquella huelga de hambre, él la vio a través del vidrio y fue otro flechazo”.

Los antiguos amigos de juventud del grupo ASA estuvieron complacidos de que “Cuchungo” los invitara al matrimonio con Ana Mae, aunque desgraciadamente para ellos, la joven esposa lo raptó. “Fuimos todos los amigos al matrimonio a la Presidencia. Teníamos el mismo sentir: tomarnos unos tragos, pasar un rato largo con él y de repente, a las nueve y media de la noche, al amigo se lo llevaron a la luna de miel y quedamos como lo que el viento se llevó”. Pero lo que sí no faltó, fue un paquete de lujo: los padrinos, Mireya Moscoso, Markela de Reyes, Ricardo Arias Calderón y Guillermo Ford. Hoy, dos de ellos se cuentan entre sus grandes enemigos.

Su paso por la Presidencia no cambió el carácter de Endara. Fuentes cercanas a él coinciden en que era un hombre absolutamente campechano, no se desvivía por el protocolo, pero, si lo debía cumplir, no dudaba en hacerlo. En los viajes presidenciales, iba con poca comitiva; no le interesaba salir de noche ni comer en restaurantes. Le gustaba quedarse con Ana Mae y pedir servicio a la habitación.

A ella, “el gordito” siempre la trataba con cariño y ella a él. En ello coinciden otras fuentes que recordaron que en cierto viaje entraron al cuarto de la pareja y la vieron sentada en el suelo con la cabeza recostada en las rodillas de él, “muy tierna, como la chiquilla que era, y él, fascinado”, comentaron.

Ana Mae —por su lado— también hacía sus dietas, también rayando en huelgas de hambre. Una fuente comentó que Ana Mae “nada más que chupaba limón... me asombraba su voluntad, porque es muy difícil ver esa comida tan deliciosa y ella ¡comiendo limón!”

‘Pichulo Chat’

El rumor –divulgado incluso por internet– de que Endara es un jugador consumado de Atari lo desmiente. El siempre ha estado interesado en la tecnología, le sigue la pista a las computadoras desde que aparecieron las “prehistóricas”, de 8 bits. Hoy anda con su Palm y el teclado de extensión. En su website Guillermoendarapresidente.com tiene un vínculo para entrar en foro con sus seguidores, llamado “Pichulo Chat”.

Por cierto, el apodo “Pichulo” fue la feliz equivocación de un periodista español que acertó solo algunas letras al tratar de recordar “Cuchungo”. El error perduró y hoy le parece gracioso a Endara, y hasta sonoro: Cuando está de gira, los niños le gritan “¡llegó Pichulo, llegó Pichulo!” “Yo me río muchas veces cuando la gente dice ‘es que la juventud no conoce a Endara’, pero si la juventud estuvo en la Presidencia fue por mí”. Alardea de las visitas que organizaba Ana Mae para que los niños de las escuelas de todo el país visitaran por una día la Presidencia y hablaran con él. Se ufana y ríe, porque los chiquillos se le pegan, lo cual hace sentido con un estudio sicológico que los militares hicieron de él y que encontró al llegar a la Presidencia. El estudio concluía en que él era un “Santa Claus”.

En lo que no parecen equivocarse los rumores es en el entusiasmo que despierta en Endara la tecnología. Su curiosidad es tal que en una ocasión fue invitado a una cena con su esposa, pero con el verdadero propósito de que ambos conocieran la novedad del momento: los juegos de Atari. “Me convencí de algo: yo no sirvo para eso”, admitió Endara. Quizás no sean los juegos cibernéticos lo que más le atraiga, pero sí reconoce que su pasión son las computadoras personales: “Las primeras eran las que uno construía... pero yo nunca llegué a tener una ni llegué a construirla. Cuando salió la de 16 bytes me compré una y me comenzó a gustar la computadora personal”.

Pero Endara hizo más que disfrutarla. “Comencé a estudiar programación. Yo programaba en Basic, en Clipers, llegué a aprender Pascal. Entonces yo llevé mi computadora personal a uno de los cuartos de la Presidencia, porque entre otras cosas, después de seis meses de gobierno yo no dormía. De todos lados me salían problemas”.

Los médicos le recomendaron que organizara su jornada de trabajo de manera que pudiera dormir, al menos, siete u ocho horas diarias. Para entretenerse, Endara dijo que lo que hacía era “programar pendejadas [en su computadora]: Ese era el famoso Nintendo”, se quejó.

Pero hay quienes lo ponen en duda, como Antonio Tony Domínguez, quien fue director de Migración en el gobierno de Endara.

“No lo digo ahora por las diferencias que tenemos, sino que es la verdad. A mí un día me llamó el doctor Arias desde Miami para que fuera a hablar con Endara sobre un tema y el doctor me dijo: no llegue antes de las once de la mañana, porque él es un vago y llega tarde a su oficina”.

Domínguez “es un mentiroso”, acusó Endara. “Yo trabajaba, yo era abogado”, se defendió.

Domínguez se pregunta: “¿cuántas veces Endara ha cruzado el Puente de las Américas desde enero de 1990?” Endara, con su típica sinceridad, dijo que esto también se lo preguntaba el propio Arnulfo Arias. “Hay gente que se vuelve loca por ir al interior el fin de semana”, pero ese no es su caso, explicó.

“Si yo quiero descansar un fin de semana —se justificó— déjenme en mi casa: Yo tengo una cantidad inmensa de libros, yo tengo música de los mejores autores, por ejemplo las obras completas de Mozart”.

‘Nosotros no la pedimos’

Pero hay un tema que lo pone serio y es la bendita pregunta de que si Endara pidió la invasión. El repite que la noche de la invasión tenía una cena de Navidad, con empresarios de la industria láctea e iba a salir con una muchacha —cuyo nombre se reservó— por primera vez en mucho tiempo.

Meses atrás, Endara había ido a Costa Rica a encontrarse con el presidente George Bush (padre), pero este no le dijo nada de ninguna invasión. Los senadores que venían a la base de Howard, a su vez, le preguntaban a él, y a sus compañeros “sediciosos” que cómo se iba a caer Noriega.

“Yo les decía que no se podía mantener siempre un pueblo en contra”. Cuando lo gringos lo llamaron el 19 de diciembre de 1989, les dijo que no podía ir [a la base de Clayton]”.

“Tiene que ir, hay alguien que usted tiene que conocer, es muy importante para Panamá, vaya a las siete de la noche, lo conoce y después puede irse”, le mintieron. Pero luego le dijeron: “Si le digo lo que tengo que decirle ¿se queda? Dígalo para ver —insistió Endara—. En eso me dicen que venía la invasión a la media noche. ¡Nosotros nunca la pedimos!”

Junto a él, también estaban Arias Calderón y Guillermo Ford —quienes sufrieron un fraude electoral, orquestado por Noriega en 1989—. Todos ellos fueron informados de que el presidente Bush les ofrecía que si asumían el poder, como había sido el resultado de las elecciones, estaría dispuesto a reconocer su gobierno de inmediato, pues no quería un vacío de poder en Panamá.

“Lo que yo pensé fue: esto es un desastre, porque el que llega al poder después de una invasión, le van a decir que fue [producto de] la invasión, no de la elección. Pero si yo digo que no, voy a quedar como un cobarde de primera... Me lleno de remordimiento, cuestiones, dudas y dejo al pueblo guindado” —recordó el ex presidente— y luego remató: “Los gringos en dos patadas consiguen una junta de gobierno”. Endara decidió asumir el poder en la base militar de Clayton y enfrentar las duras críticas que ello le acarrearía.

Los anti ‘Pichulos’

Y, tal como lo previó, las críticas no tardaron en llegar. Balbina Herrera, líder en la cúpula del PRD —máximo contendor en el tinglado político— opinó que el ex presidente asumió la responsabilidad de administrar el país cuando este estaba totalmente dividido por la crisis interna, la invasión y la economía en un estado lamentable.

“Obviamente, una cantidad de dinero que estaba reprimido por parte de los Estados Unidos se liberó. Entonces, cualquier cosa que se hiciera [en el gobierno] daba resultado y por eso es que la gente dice ‘ah... fue un buen gobernante, supo administrar el país’, pero ¿cómo no va saber administrar el país si la situación era caótica?”, arguyó Herrera.

A su juicio, Endara falló, porque saliendo de una situación de crisis como la invasión, donde “quedó en cero la Corte Suprema de Justicia y el Ejecutivo, y la Asamblea Legislativa se instaló dos meses después [de que Endara asumiera el poder], debió aprovechar ese momento para reformar la Constitución y la administración de justicia... El perdió una extraordinaria oportunidad...”.

Herrera recordó que al final de su gestión, Endara declaró: “me pican los pies de irme de la Presidencia”. Ello significa, según Herrera, que llegó el momento en que la Presidencia de la República no llenaba sus expectativas. “Ahora resulta que está aspirando a la Presidencia”.

Las malas lenguas

Contrario a los rumores que han circulado, la salud de Endara no parece afectada por el esfuerzo físico que exige su campaña. Todo lo contrario, a simple vista se ve sano, aunque, como el mismo admite, ya no es el muchacho de ASA. Ya no toma, pero no es abstemio. Un trago le puede durar un buen rato. Y dejó de hacerlo porque le teme a hablar más de lo que ya lo hace sin beber ni un sorbo.

La semiabstención comenzó en el Palacio de las Garzas, donde él y su canciller, el hoy desaparecido abogado Julio Linares, alzaban sus copas para brindar con lo que todos se imaginaban era champán. Sin embargo, sus invitados en el Palacio desconocían que, secretamente, Linares y Endara hacían que los meseros llenaran sus copas con una bebida de color semejante y que también despedía burbujas: ginger-ale.

Anecdótico a más no poder, a su “padrino político” siempre lo tiene a flor de piel: “Cuando el hermano de Arnulfo Arias —Harmodio Arias— corrió para presidente en el 32, Arnulfo fue su jefe de campaña”. Cuando ya la campaña estaba armada, Arnulfo tomó algunas iniciativas: “Yo creo que no debo conformarme, debo hacer cosas nuevas”. Dice Endara: “siendo Arnulfo jefe de Salud, tenía la lista de todos los brujos y pitonisas de Panamá”. Según Endara, Arnulfo fue a visitarlos y a darles un estipendio para que a toda persona que fuera a consultarles, aparte de adivinarles el futuro les dijeran que Harmodio Arias iba a ganar. Desde ese momento fue una cosa universal: ¡Harmodio va ganar! ¡Harmodio va ganar!... Y Harmodio ¡ganó!”.

“¿Y sabe por qué me acordé? Porque casi todos los brujos de Panamá están diciendo que yo, Guillermo Endara, voy a ganar. Claro que yo no estoy pagándoles nada”.


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