|
Vivienda
En el país no deja de construirse. Las leyes que incentivan
los proyectos habitacionales han movido el motor de la construcción. Pero no para
todos. El Ministerio de Vivienda cifra en 192 mil unidades el déficit de vivienda
en el país y, en el caso de las familias con ingresos mensuales iguales o menores
a 300 dólares, la situación es crítica. Las soluciones de vivienda en Panamá están
por encima de los 16 mil dólares por unidad y hay muchas familias que no pueden
soñar con ese ‘lujo’.
Por eso, es necesario un acuerdo entre el sector público y el privado que permita
que en los próximos años se mejoren las condiciones de vida de miles de familias.
Una vivienda digna mejora las condiciones de salud, rebaja el hacinamiento y contribuye
a luchar contra la pobreza y las bolsas de miseria.
Renovación tecnológica
 |
El progreso en el siglo XXI se escribe con T de tecnología.
Los avances tecnológicos arrastran a las sociedades y modifican formas de vida.
Los apocalípticos ven en este mundo tecnológico un peligro inmenso; los optimistas
consideran que gracias a la tecnología podremos mejorar la calidad de vida de
nuestras sociedades. Panamá figura en el puesto 62 del índice de globalización
de la consultora A.T. Kearney y en cuanto a competitividad es el cuarto del mundo.
En ese ranking hay un factor tecnológico y la realidad se encarga de confirmar
que las conexiones a internet y la inversión en tecnología crecen a pasos agigantados.
Sin embargo, queda un trabajo que hacer profundo para evitar que la brecha tecnológica
crezca a la misma velocidad. Si no se toman medidas, en 25 años podremos tener
a gran parte del país en la categoría de tecno-analfabetos. Si hay un plan
de desarrollo tecnológico, veremos cómo llega la educación virtual a regiones
da difícil acceso, cómo se mejora la telefonía celular, cómo la investigación
da un salto cualitativo y cómo se utilizan las tecnologías no sólo para el desarrollo
comercial, sino para el social.
Minorías y convivencia
El país tiene un patrimonio inmaterial que está en peligro
de extinción: la convivencia. Panamá ha sido y es un cruce de caminos donde ciudadanos
de diversas procedencias han encontrado un presente y trabajan para el futuro
colectivo. Hoy, en este pequeño país conviven las siete étnias indígenas supervivientes
(Emberá Wounaan, Kunas, Ngöbe Buglé, Teribe -Nazo-, Bokotá, BriBri), la población
afropanameña, mestizos, chinos y un sinfín de seres humanos afiliados a credos
diversos (judíos, musulmanes, hindúes, rastafaris...).
A estos sectores ‘clásicos’ se ha unido la inmigración colombiana, venezolana...
en fin, que si el mestizaje tiene una patria, esa debería ser Panamá. Es parte
del atractivo turístico de Panamá y puede convertirse en un ejemplo mundial de
convivencia. Por eso aparecen como graves algunos brotes de xenofobia o la estigmatización
de algunas étnias, nacionalidades o grupos religiosos. Un solo país, muchas gentes.
Victoriano contra Mandrake
Consuelo Tomás
Poeta
Me piden que trate de imaginar los 25 años que siguen
sin Fredy Mercury; sin la sencillez perturbadora de Einstein ni la palabra acuchillante
de Alen Ginsgberg. Me piden que imagine dos décadas y un lustro y ni siquiera
sé si el tiempo seguirá midiéndose así. Si a algún déspota se le ocurrirá decretar,
al estilo Bush, que el día tendrá 7 horas para los pudientes y 30 para los desechables.
12 horas para los magistrados y 30 para los ex convictos de biblia bajo el brazo.
Imaginar es un ejercicio para el que se necesita coraje y memoria.
Me ubico entonces en la teoría de mi amigo Pedro, “Panamá es dos países al tiempo:
el de Victoriano Lorenzo y el de Mandrake”. Entones pienso que en el país de Victoriano,
una generación de nuevos lectores, músicos, pintoras, bailarines, poetas, médicas,
ingenieros hidráulicos, fabricantes de ladrillos, pasacables, y emprendedores
diversos, se preparan y hacen lo que tienen que hacer de la mejor manera posible,
sabiendo por qué lo hacen. Una generación que entiende el significado del bien
común. Jóvenes que modifican su entorno de manera positiva. Educan a sus hijos
en la inclusividad, el amor y curiosidad por la naturaleza, el estudio, la crítica
informada y la belleza (no la de las marcas).
Lo lamento, pero también tengo que imaginar el país de Mandrake,
porque nadie me ha demostrado aún que los paraísos existen. Creo que persistirá
la corrupción, al igual que la ciencia no ha podido con el cáncer o el sida. Habrá
desde el que se roba una donación o no hace su trabajo aunque le paguen, hasta
el que pasa leyes inconvenientes para los más, convenientes para los menos. País
del chupa y conversa, fuma y olvida. Yo le apuesto al país de Victoriano, y por
ese vivo y trabajo. El otro, solo sé que existe y mi tarea es evadir sus efectos
y ayudar a mis paisanos a entender las ventajas de pelear por el otro.
|