CANALES
  Bebés
  Salud
  Mascotas
  Psicología
  Hogar
  Psicología sexual
 
  ENTRETENIMIENTO
  Discos
  Cine
  Farándula
  Libros
  Tecnología
 
  EL IMPRESO
  Hoy por hoy
  Panorama
  Nacionales
  Opinión
  Perspectiva
  Deportes
  Mundo
  Economía y Negocios
  Vivir +
  Reseña
   Sociales
   Horóscopo
 
  SUPLEMENTOS
  Ellas Virtual
  Martes Financiero
  Aprendo Web
  Reseña Empresarial
   Pulso de la Nación
 
  TIEMPO LIBRE
  Turismo
  De interés
  Cine
  De noche
 
  SERVICIOS
  Contáctenos
  ¿Quiénes somos?
 
 


Código de trabajo

Aunque los lectores no indican en qué sentido se debe reformar el Código de trabajo, sí saben que algo hay que hacer. Desde las empresas se pide más flexibilización para adaptarse a las nuevas normas de un mercado abierto, competitivo y variable. Desde las centrales obreras (siete en Panamá, con 56 federaciones y unos 348 sindicatos), se reclama más estabilidad para los trabajadores, un esfuerzo en seguridad laboral y el cumplimiento de la normativa vigente.

Pero lo cierto es que hay problemas que solucionar: la discriminación por edad (el 79.1% de las personas ocupadas tiene menos de 50 años), el establecimiento del salario mínimo (ahora en discusión), la formación de los trabajadores para los empleos relacionados con los sectores en desarrollo (marítimo y turismo) o el verdadero cumplimiento de las normas de salud ocupacional. Los problemas laborales van más allá del Código y tienen incidencia directa en la calidad de vida de los trabajadores y, por supuesto, en la productividad de la iniciativa privada.

Salud

El grueso del debate sobre la viabilidad de la Caja de Seguro Social (CSS) se centra en las jubilaciones. Fuera de la pelea está quedando el debate sobre el modelo de atención sanitaria del país.

En los próximos años se deberá definir si la salud es para todos o sólo para los afiliados a la CSS, si el país puede aguantar dos sistemas de atención (uno de la CSS y otro del Ministerio de Salud) y si la brecha social va a seguir creciendo entre los que tienen capacidad de acudir a la medicina privada y los que deben esperar horas por una simple cita o meses por una operación quirúrgica. Muchos lectores han expresado la necesidad de que la salud se sitúe en la primera línea de los intereses nacionales, junto al tema de la educación o del empleo.

Plan energético

El desmedido aumento del precio del combustible, azotado por la coyuntura internacional, ha prendido las señales de alarma. Panamá necesita de un Plan Energético serio y de proyección que garantice el abastecimiento de energía al país en condiciones que no castiguen tanto a los sectores comerciales. En el año 2004, Panamá importó 257.1 millones de galones de derivados del petróleo.

Dependemos del crudo. Así que la búsqueda de fuentes energéticas alternativas (biomasa, eólica...) y los acuerdos con países vecinos (Colombia o Venezuela) son parte de ese plan que debe ser pensado a mediano y a largo plazo. Las iniciativas del ejecutivo haciendo malabarismos con los impuestos al combustible son sólo parches que no traen tranquilidad.


Panamá de 2030 en luces y sombras

Ana Elena Porras
Antropóloga

Los antropólogos no predecimos el futuro. No obstante, con la intención de colaborar con la celebración de La Prensa, me aventuro a realizar las siguientes proyecciones.

La población panameña envejece... Esta es una tendencia demográfica indiscutible. De permanecer este proceso, sin desviaciones importantes, habrá consecuencias de todo orden. Por ejemplo, los políticos identificarán en este segmento poblacional del adulto mayor un electorado numeroso y, por tanto, apetecible. Esto los tentará a prometer y realizar cambios legales e institucionales que protejan sus intereses. De igual manera ocurrirá con el comercio: orientará sus productos y ofertas hacia las preferencias y necesidades de este nuevo mercado. Nuevos pactos sociales habrá que plantearse entre generaciones más jóvenes y adultos mayores, en cuestiones de solidaridad social, jubilaciones y derechos laborales.

La violencia doméstica y la cuestión de género... Las repercusiones de la denuncia de este viejo mal, su estudio estadístico y ponderación, no sólo profundizará los cambios legales que se han iniciado ya en nuestro tiempo. Producirán, además, una presión de cambio inevitable en el sistema educativo. Me refiero, por ejemplo, a la inclusión de cursos de defensa personal para niñas y mujeres, que las proteja contra el probable agresor conocido y familiar. Para los niños y hombres habrá que ofrecer nuevos cursos de disciplina y autocontrol. Ambos grupos de género deberán, además, tomar cursos de ética y crecimiento personal bajo el criterio de equidad de género que desarrollen una cultura nueva sobre la pareja humana, bajo principios de igualdad, justicia, responsabilidad y solidaridad. Los criterios y conceptos de género tendrán que incluir el género gay, con amplitud e iguales principios de equidad y justicia. Estas tendencias, tan polémicas hoy, obligarán a re-educarnos y a combatir prejuicios que nos conducen a la exclusión, discriminación y violencia

 
 
PUBLICIDAD
 
 
Corporación La Prensa. Todos lo s derechos reservados.