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Con la mira en Las Garzas

“Por más que me dijeran ahora mismo que Panamá se destruye mañana, aquí me quedo. Estoy totalmente seguro de eso”.

Ramón ‘Coco’ Zarak

Fecha de nacimiento: 4 de junio de 1979

Cuando la política se lleva en la sangre, la cosa revienta más tarde o más temprano. En el caso de Coco Zarak lo hizo temprano. Fue director del Servicio Social Javeriano cuando se encontraba en la escuela. A los 15 años formó la Asociación Juvenil Pro Panamá (AJPP), agrupación juvenil sin fines de lucro de asistencia social que otorga útiles escolares a la niñez campesina. Hoy es médico y se encuentra terminando su internado. Tiene las cosas claras y piensa a largo plazo: hace poco más de un año lanzó su campaña presidencial para el año 2024.

Coco Zarak Presidente 2024”. Así rezan las calcomanías que decoran decenas de autos en Panamá. ¿Qué quiere ser Coco en 19 años? Presidente, claro. Aunque él sabe que el destino decide, ha comenzado su campaña con tiempo para dejar huella en la memoria. No parece normal que alguien quiera ser político en un país donde esta ‘profesión’ tiene tanto descrédito, pero Coco lo lleva en la sangre.

Aunque es médico de profesión y se encuentra ejerciendo en la ciudad de Chitré, buena parte de su familia (sobre todo la paterna) ha pasado por las lides políticas. Su tío-abuelo, Lucas Zarak padre, fue cónsul en Nueva York. Lucas Zarak hijo, su tío, fue legislador en dos periodos y presidente de la Asamblea Legislativa. En 1931, su bisabuelo, el prócer de la independencia Enrique Linares, rechazó el cargo de Presidente de la República, después del golpe de Acción Comunal. Después, fue nombrado cónsul en Inglaterra y decano del grupo consular durante el gobierno de José de Obaldía. Por si le faltaran ejemplos de cómo gestionar la popularidad, su tío es Pedrito Altamiranda.

Coco se considera un nacionalista auténtico. “Por más que me dijeran que Panamá se destruye mañana, aquí me quedo. Estoy totalmente seguro de eso”. Sabe que hay más políticos malos que buenos, “pero si no hubiera política, no existiera país. Y, además, sí hay políticos buenos, preparados, que quieren velar por el pueblo y que no se dejan llevar”.

Este pacifista cree que su país tiene un enorme potencial turístico. “Somos una tacita de oro”. Coco es un joven con convicción, pero tolerante. Se quiere casar dentro de 10 años, cuando termine su especialidad y tenga estabilidad, porque él prefiere estar “titulado bajo la ley de Dios”. ¿Será parte de su programa político?.


25 años para soñar despierto

Paco Gómez Nadal
Periodista

Si despertara en 2030, significaría que me habría dormido hoy mismo. Si durmiera estos 25 años (¡qué cansancio!), al despertar querría desayunar con una nación que desayuna todos los días y bien; poder subirme a un bus sin temor a morir en el intento; poder sentarme a charlar con unos pensionados que hablan del pasado con esa mueca de superioridad que da el buen presente; bailar con unas muchachas que hayan llegado a los 20 sin barriga y sin maltrato; mirar la televisión que hoy me repugna con alegría por la calidad inesperada; escuchar a un presidente que hable como un primer ciudadano, ser un ciudadano sin la vergüenza de tener que pelear por cada uno de mis derechos.

Si despertara en 2030, querría no haber dormido estos 25 años. Que me hubieran dejado ser parte de este país que me acoge con generosidad; sentirme parte del lugar más mezclado y respetuoso de estos lados del planeta; ver cómo el desarrollo ha dejado de ser un discurso político de espantapájaros para convertirse en la razón de ser de un Estado fuerte y digno; sentir la brisa del verano porque nuestros bosques hayan crecido contradiciendo la práctica de tumbar para progresar...

Si despertara en 2030 en Panamá, se confirmaría el amor que ya siento por esta tierra, y sabría que aquí fue posible el sueño latinoamericano de la verdadera independencia, la del alma, la que confiere a los pueblos la autoestima necesaria para enfrentar los retos. Ni un Canal con un país, ni un lugar pequeño luchando frente a los gigantes (reales e imaginados), ni un paraíso financiero sin normas que cumplir. Panamá como un país que gestiona su destino, sin deuda externa que la aplaste, con líderes que buscan la riqueza, pero colectiva, con un pueblo que hable del juegavivo como quien habla de la historia que un día fue, con 2 millones de turistas que se quedan boquiabiertos con la naturaleza ambiental desbordada y con una naturaleza humana desbordante. Creo que no voy a dormir.

 
 
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