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Florecita rockera
"Uno no termina de conocerse como para que otros vengan
a ponerlo a prueba”
Priscila Moreno
Fecha de nacimiento: 24 de noviembre de 1979
La música se enamoró de Priscila cuando ella todavía
era una niña. A los nueve años escribió su primera canción y a los 15 participó
como cantautora en el “Festival de talento juvenil 20-30”, ganando el premio a
la mejor canción inédita. Luego adoptó el nombre artístico de ‘Garota’ y empezó
a grabar canciones de manera independiente. En octubre de 2004, Rolling Stone
Latinoamérica la catalogó como “una de las promesas para 2005”, y en diciembre
ganó “Mejor Intérprete Femenina” y “Artista Revelación del Año” en los Premios
Panama Rock 2004.
Va un tópico: Priscila Moreno nació con música en las venas.
Desde muy pequeña comenzó a hacer música y se ve montada en una semicorchea por
mucho más tiempo. Inició con el pie derecho al producir Funky Night, en 2004 la
revista Rolling Stone Latinoamérica la incluyó en la lista de promesas
latinas para 2005, y ganó los premios a Mejor Intérprete Femenina y Artista Revelación
del año en los Premios Panama Rock 2004.
Segura de sí misma, Priscila piensa que su educación formal
le ha servido para tener temas de conversación, aunque muchas cosas no las ha
vuelto a usar.
Ella no cree en las ideologías. “No sirve de nada ir a la iglesia
los domingos y ser corrupto el lunes”, y confiesa que va a la iglesia y visita
a Dios como si visitara a su mejor amiga. Igualmente, piensa que se puede rezar
en cualquier lado,
siempre y cuando predomine la fe.
Priscila está convencida que cada quien es libre de querer a
quien quiera, pues si uno no es feliz consigo mismo, no puede hacer feliz a otros.
Si ella pudiera hablar con alguien por un minuto, lo haría con
el hiperproductivo y mítico compositor brasileño Tom Jobim. Le preguntaría de
dónde saca la inspiración, para que le pase “el dato”. ¿Querrá conocer los secretos
de la Garota de Ipanema?.
Veinticinco años
Roberto Arosemena Jaén
Sociólogo y filósofo
Primero: La doble moral jurídica del Estado panameño que
nos permite ganar plata -para alguna minoría selecta, mucha plata - con abanderamiento
de barcos, con sociedades anónimas, con servicios marítimos y de transporte, con
centro bancario y, de otra parte, nos coloca en restringidas listas negras como
paraíso fiscal -atractivo y eufemístico nombre que sustituye el de refugio de
defraudadores fiscales-.
Esta situación mantiene un poderoso y minúsculo sector capaz
de distorsionar la economía nacional al insistir en esos servicios "hacia fuera",
además de ejercer una influencia significativa en la tributación fiscal y en el
manejo del poder político administrativo del Estado.
Segundo: Somos un país forzado a mantener volúmenes
inimaginables de recursos hídricos para que los barcos puedan pasar por el Canal.
Ese diseño de país garante de una servidumbre de paso marítimo internacional limita
el uso agrícola y ganadero, y hasta humano, del agua dulce en las tierras fértiles
de nuestra extendida zona metropolitana.
Estas millonarias hectáreas de tierra, potencialmente explotables,
entregadas a la servidumbre del Canal seguirán limitando el desarrollo productivo,
además desalientan el desarrollo multimodal de puertos, superferrocarriles y autopistas
transístmicas, máxime si se tiene en cuenta que el Tratado del Funcionamiento
del Canal tiene perspectivas de duración que llegan a rozar el mito de la perpetuidad.
En resumidas cuentas, el Panamá que tendremos en los próximos
25 ó 50 años, si no logra desmantelar esas dos instituciones, no será diferente
al Panamá sobresaltadoque nos inquieta en el presente.
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