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La vida es fútbol

"El racismo es un mal que debe acabar y ser castigado hasta con cárcel”

Victor Manuel Herrera Piggot

Fecha de nacimiento: 18 de abril de 1980

Su primer partido oficial en la Asociación Nacional Pro Fútbol (ANAPROF) fue en el Panamá Viejo Fc. Ha sido jugador en las selecciones Sub17, Sub20, Sub21, Sub23 y Absoluta. Ha sido también jugador de las categorías juveniles del Necaxa de México, y del equipo salvadoreño Club Luís Angel Firpo. Entre sus logros está haber sido campeón goleador de la copa Reebok 5 (con 13 años de edad), una medalla de plata en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, y campeón del "Torneo Apertura" de Anaprof. Actualmente, es jugador del San Francisco Fc., y su posición es volante izquierdo.

Él ama lo que hace: es futbolista de corazón. Le encanta la emoción que brinda el fútbol y que la gente lo conozca en la cancha. Dos horas y media diarias, cinco días a la semana, sin falta, Víctor entrena el deporte que juega desde los 10 años. Esta es su vida porque se dedica de lleno al fùtbol y su sueño es, indudablemente, ser un exitoso técnico de fútbol.

Como sabe que el fútbol para un jugador dura lo que el cuerpo decida, quiere ser precavido y ya está planeando sus estudios en electricidad. Sobrino del conocido jugador Persibal Piggot, Víctor compagina su trabajo como jugador a tiempo completo con su familia. Tiene novia desde hace ocho años, y convive con ella desde hace tres.

También es padre de tres hijos varones. No se ha casado porque, según cuenta, no ha tenido tiempo . “Pero apenas tenga unos meses libres, lo hago”. Víctor no cambiaría Panamá por nada del mundo, pero si tuviera que vivir en el exterior, lo haría en Nueva York. Y es justamente porque ha sentido el racismo en carne propia, que asegura que es un mal que debe acabar y ser castigado, hasta con cárcel si es necesario. “Yo estoy muy orgulloso de mi raza”.


Hacia el 2030

Carlos Iván Zuñiga
Ex rector de la Universidad de Panamá

Al cumplir La Prensa sus primeros 25 años de fundada es justo que reciba algunos reconocimientos. Su lucha por la restauración de la democracia en Panamá es su primera gloria. Es la misma gloria de Radio Impacto y Radio Mundial. En los días de su nacimiento, opinar sobre las políticas castrenses era un riesgo y en muchos casos un delito. Ese riesgo lo afrontó con el valor que aportaron sus fundadores. En esa época asustaba la trilogía del mal que se traducía en encierros, entierros y destierros.

Es igualmente correcto reconocer que La Prensa y otras fuerzas y personajes ejercieron su papel para que la opinión pública adquiriera vigencia y personalidad hasta convertirla en cariátide del mejor juicio crítico en defensa de la probidad, de la democracia y de la decencia. ¿Cuál fue la línea? Actuar sin miedo, libre de temor. Esa fue su enseñanza histórica.

Estimo que en agosto de 2030, cuando se celebraría el cincuentenario de La Prensa, la sociedad entera y los herederos de este ensayo, tan propio del ciudadano I. Roberto Eisenmann, vivirán en una democracia participativa bien perfeccionada gracias a la vieja semilla que sembró La Prensa en el fecundo surco de la opinión pública.

En 2030 los panameños habitarán en un país protegido por la conciencia ciudadana. En las buenas y en las malas, La Prensa se ha ceñido a esta esperanza, que ha tenido el mérito y la prudencia de haber sentido temor a la historia. Ese temor determina el porqué en 2030 se advertirá que los herederos de La Prensa no escribieron con políticas dudosas la fe de erratas al ideario democrático de sus fundadores.

Se inicia, pues, la marcha al cincuentenario. Para esa fecha a la Universidad de Panamá le restará un lustro para su primer centenario. Entonces, unos desde el infinito y otros desde la misma tierra, celebraremos el feliz advenimiento del diario libre de Panamá.

 
 
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