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La vida sobre ruedas
“A la humanidad le hace falta que alguien invente un aparato
que sensibilice a la gente inhumana e inconsciente”
Abraham Moreno
Fecha de nacimiento: 1 de septiembre de 1981
Abraham vino al mundo en micrófono de oro así que
no dudó en debutar en radio como locutor y director del programa “La voz juvenil
del Moscote”, con el cual ganó el premio nacional de prensa UNICEF. Saltó a la
televisión para ser comentarista de “Hacer familia” y colaborador de “Qué opinas”.
Fue productor y presentador de “Rompe la rutina”, de RTVE Canal 11, asistente
de producción en “LG Quiz” en TVN Canal 2, editor de promociones en RCM y animador
de tarimas. Actualmente es VJ de +23, y se desempeña como comentarista, productor
y presentador. ¿Quiere más?
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HAbraham Moreno cuenta que si tuviera que vivir algún día
fuera de Panamá, le gustaría hacerlo en una isla propia. Como el plan parece un
poco quimérico -nada es imposible-, de momento se sienta cómodamente en el sillón
amarillo desde el cual transmite cada semana su conocido programa de televisión
En la chantin, donde se turnan el puesto protagonistas de la música nacional e
internacional.
Un trabajo que años atrás no hubiera imaginado, pues la primera vez que se presentó
a un casting quedó mudo frente a la cámara -nadie lo diría ahora-. “Un trauma”
en aquel momento, dice, porque aunque ha sido locutor, dirigente juvenil radial,
comentarista, asistente de productor, productor, presentador, editor y animador,
entonces, como ahora, su sueño era ser actor de cine. Con aspecto desenfadado,
en cuanto a temas controvertidos como la homosexualidad, Abraham señala que “si
así se nace, está bien, mientras se contribuya con la sociedad sin afectar a terceros”.
Y aunque cree que el matrimonio es un acto responsable, si dos personas se quieren
no le ve nada de malo a la unión libre.
En definitiva: para Abraham no hay integrismo. Lo que sí no aprueba es el aborto.
Considera que hay suficientes métodos anticonceptivos para evitarlo. Y en cuanto
a las drogas, “son un escape para las personas débiles y con baja autoestima”,
asegura. “Como igual lo son las bebidas alcohólicas”, sentencia. ¿El invento que
le hace falta a la humanidad? La respuesta es inmediata: “Un aparato sensibilizador
para la gente inhumana e inconsciente”.
El atolladero panameño
Carlos Guevara Mann
Catedrático
Panamá tiene el potencial para convertirse en un país
desarrollado, es decir, un país que le permita a su población acceder a niveles
de realización individual y colectiva. Su privilegiada situación geográfica, su
patrimonio natural y cultural, nuestras indudables ventajas en la ejecución de
ciertas actividades económicas y la creatividad son recursos que podrían lograr,
en los próximos 25 años, un adelanto considerable en términos de desarrollo humano
sostenible.
Pero hay importantes obstáculos contra ese potencial. La mala
calidad de la educación, el grave deterioro ambiental, el pésimo funcionamiento
de los servicios estatales (especialmente los de justicia), la dependencia en
fuentes energéticas tradicionales, aunados a factores internacionales que la ineptitud
del Estado panameño nos impide afrontar con eficiencia, son algunos de ellos.
Los obstáculos son superables en la medida que el método para
la toma de decisiones que afectan a la colectividad -o sea, el sistema político-
opere para beneficio de esa colectividad y para el logro de los objetivos de desarrollo.
El sistema político vigente, sin embargo, excluye a la ciudadanía del proceso
de toma de decisiones y promueve la creación de liderazgos incompetentes, motivados
por obtener ganancias personales. El mejoramiento de la calidad de vida necesariamente
pasa por el mejoramiento del sistema político, lo que implica su democratización.
En ausencia de una clara voluntad de democratizar el sistema político y con la
intensificación de los conflictos, en un contexto de mal funcionamiento generalizado,
lo que se ve en el horizonte es una progresiva descomposición que, como lo advierten
algunos analistas, podría conducirnos a situaciones críticas similares a las que
experimentan países vecinos. El proceso podrá revertirse en la medida en que la
ciudadanía decida destrabar el atolladero político en que nos encontramos, mediante
una democratización del poder público en Panamá.
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