Para comprobarlo: Hay que observar una muestra y si
resulta muy resbaladiza y brillante cuando se le
aprieta con los dedos es de tipo arcilloso.
Arena: Los suelos ricos en arena suelen drenar
correctamente y ofrecen mucho aire a sus raíces.
Son fáciles para el cultivo, pero suelen
secar demasiado pronto y los nutrientes se escapan
con suma rapidez.
Para comprobarlo: Cuando se aprieta con los dedos
se sienten sus partículas ásperas.
Cieno: Los suelos con demasiado cieno (lodo blando)
tienen partículas cuyo tamaño es
intermedio entre la arena y la arcilla. Pegajosos
y pesados, suelen ser difíciles para cultivar.
¿Cómo mejorarlo? Para mejorar su
calidad hay que aplicar grandes cantidades de material
productor de humus (conjunto de materias orgánicas
en descomposición).
Turba: Está formado por materia orgánica
descompuesta parcialmente. Estos suelos suelen
ser ácidos. Su principal inconveniente es
la dificultad de drenado. La construcción
de formas de drenaje artificiales mejora su calidad.
Marga: Este tipo es el ideal para cualquier jardinero.
Es el resultado de una mezcla de arcilla, cieno,
arena, materia orgánica y nutrientes. Retiene
la humedad y los nutrientes, y drena muy bien.
Pineda recomienda este último tipo de tierra,
pero para asesorarte bien debes consultar a los
expertos de las tiendas de jardinería que
hay actualmente en el país.
Como por ejemplo, Carmen E. Maldonado, gerente
de Creatividades y Servicios Carmal S.A., quien
plantea que es mejor abonar la tierra cada 15 días
con el producto adecuado tanto para follajes verdes
como para las flores.
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