Dafoe, aquí y allá

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En menos de un mes, Willem Dafoe estrenó en Estados Unidos nada menos que tres películas diferentes. Con alguien que ya filmó más de 80 películas durante su carrera como el villano más famoso de Hollywood, también demuestra los diferentes estilos de cine que tanto le gustan.

Empezando con la acción de John Carter (aunque no se lo vio en pantalla porque era el gigante marciano verde), siguió protagonizando una historia de amor durante el fin del mundo en 4:44 Last Day on Earth, para estrenar apenas dos semanas más tarde el thriller The Hunter. Solo Willem Dafoe se atreve se atreve a competir... contra sí mismo.

–¿Después de haber hecho más de 80 películas, lleva la cuenta exacta de sus actuaciones?

–No, no.

–¿De verdad?

–No.

–¿Cuándo dejó de contar?

–Nunca conté. Solamente tomo conciencia, cuando la gente me dice la cantidad de películas que hice. ¿Quién las cuenta realmente? Algunas son muy cortas, otras son muy largas. ¿Las largas cuentan dos puntos? (Risas) ¿Las que no son tan importantes les quito puntos? Ya bastante me sorprende el solo hecho de haber actuado en tantas películas. Pero también significa que me estoy poniendo viejo. Me siento como si tuviera 22 años, pero sé que no es así.

–¿Todavía encuentra nuevos desafíos?

–Ah sí, claro, porque todo cambia. Y cambian también las fuerzas, las debilidades, uno va aprendiendo, perdemos ciertos miedos.

–¿Cuál de todos los diferentes personajes de su carrera cree que se parece más a usted?

–No lo sé, yo cambio tanto como mis personajes.

–¿Los personajes de villanos son sus preferidos?

–La verdad, no hago tantos villanos como la gente piensa. De verdad, no. Solo interpreto personajes marginales que son conflictivos o tienen ciertos problemas, pero muchos de ellos no funcionan realmente como villanos. Creo que es una impresión equivocada. Tiendo a interpretar más villanos en las superproducciones y muchos menos en otro estilo de películas menos trascendentes.

–¿Cómo controla los cambios entre las superproducciones de Hollywood y las películas independientes? ¿Prefiere algún estilo en particular?

–Me gusta perderme entre los dos estilos, porque no tengo ningún control total. Los cambios son naturales. Pero también me gustan los proyectos personales y por eso hago muchas más películas independientes, porque suelen tener mucha más pasión por la historia que cuentan. Es como una declaración personal, un punto de vista muy personal. Ahora, cuando encuentro una superproducción que ofrece esos elementos de pasión personal, no me siento nada corrupto.

–¿Más allá de los millones de dólares, desde el punto de vista actoral, hay grandes diferencias entre el cine independiente de bajos presupuestos y las superproducciones como Spiderman?

–Todo depende del actor, es algo muy personal. Para mí, el trabajo sigue siendo el mismo. Supongo que la gran diferencia, la única tendencia en las películas con mayor presupuesto es que al tener más dinero invertido también tienen una idea mucho más clara del efecto que buscan. Normalmente, no pueden arriesgarse demasiado y anticipan cómo puede reaccionar el público. Tampoco me quejo, es solo un punto de vista. No me parece mal, pero tienen que asegurarse más de los resultados, experimentan mucho menos. Y a veces, es divertido trabajar así. Es como tirar al blanco.

–¿Cuál es su mayor debilidad?

–(Risas) ¿Crees que te lo voy a decir?

–Debería...

–Mi mayor debilidad probablemente sea mi punto más fuerte, porque me encanta la gente que es lo suficientemente apasionada como para seducirme a involucrarme en un proyecto riesgoso. Y cuando funciona, termina siendo mi punto fuerte. Esa es la buena noticia. Tampoco quiero usar la palabra riesgo, porque también tiene cierta connotación noble. Pero no siempre sale bien, porque cuando se utiliza el corazón y la intuición, hay más probabilidades de errar el tiro. Pero cuando el resultado es bueno, la experiencia resulta mucho mejor que una experiencia programada y calculada.

–¿Hasta qué punto lo ayudó a usted haber sido nominado al Oscar en dos oportunidades diferentes?

–Yo pienso que el Oscar ayuda. Pero todo depende. Para mí, cada nominación fue diferente. La primera vez, fue realmente importante porque le dio visibilidad a mi película. Fue la primera vez que una de mis películas se distribuyó en todo el mundo. Eso fue importante. Y la segunda vez, Shadow of the Vampire, no se vio mucho en el resto del mundo, pero fue una interpretación muy particular. ¿Quién sabe?

Pero sí, el Oscar es una credencial de respeto, pero también es una credencial de reflexión, de saber que estás parado en esta industria. Muchas veces, las nominaciones están coloreadas por cierta clase de sentimiento de aprecio por algún actor y no siempre están conectadas a un trabajo específico. Y me parece bien. Nadie realmente cree cuando la gente dice “El mejor actor del año es...”. Ni siquiera lo pueden decir. Por eso dicen “El Oscar es para...” Nadie cree que sea para el Mejor Actor del año. También creo que hay muchos otros premios que no tienen credibilidad, porque los que votan son fantasmas. Como pasa con el premio del Sindicato de Actores. Yo soy actor y ni siquiera voto, aunque estoy en el sindicato. Es un voto que pasa misteriosamente por cada quinto miembro o algo parecido. ¿Cómo se mide? Se supone que los actores votan por sus compañeros y no es cierto. Hay ciertas limitaciones.

–¿Y por el Oscar, vota? ¿Es miembro de la Academia?

–Sí, ahí yo voto.

–¿Votaría por usted?

–¿Si votaría por mí?

–¿Sí?

–¿Si lo haría? ¡Lo hice! (Risas) Se supone que no podemos decir por quién votamos, pero me parece justo votar por mí (Le cuesta parar de reir).

–¿Ganar el Oscar es como un sueño que todavía le falta cumplir?

–No, no sueño con ganarlo. Claro que sería bueno ganarlo, pero no es ningún sueño para mí.

–¿Cuáles son sus sueños entonces?

–A la gente le cuesta entenderlo, pero no tengo sueños. Nunca los tuve.

–¿De verdad?

–Pura verdad. No tengo sueños, nunca los tuve.

–¿Prefiere vivir en el presente?

–Me encantaría, es una buena idea. Al menos lo intento.

–¿Cómo?

–Trato de no apurarme, por ejemplo. Tomo mi tiempo y dejo que las cosas vayan donde tienen que ir. Voy donde me lleva el viento, en vez de ir en contra. A lo mejor, esa es mi ambición.

–¿Diría que mantiene la misma ambición de siempre, a pesar del tiempo?

–No. La verdad, estoy pasando por una especie de crisis. Debería dejar de hablar del tema. Todavía me interesa la actuación, pero a lo mejor no le intereso tanto a la gente. Por ahí pasa mi crisis, mejor cambiemos de tema.

–¿Por lo menos podría contarnos cómo fue que se decidió por la actuación... sin sueños?

–En un principio, la actuación surgió como algo social. Vengo de una familia grande y siempre tuve problemas para conseguir la atención que buscaba. Hablaba muy despacio, todos hablaban más rápido, nadie seguía mis tiempos. Después, pasé a ser una de esas personas que descubría la estrategia de ser el comediante del grupo o el que imitaba a los demás. Así fue que empezó todo. Y a medida que crecía me di cuenta de que la actuación también era algo bueno... para las mujeres.

–¿Funcionó con usted?

–Digámoslo así: no puedo decir que no funciona.

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