José Raúl Mulino: 'Nosotros vinimos a ejercer el poder'

El diario La Prensa obtuvo una entrevista en exlusiva con el ministro de Seguridad Pública, José Raúl Mulino, quien emitió su opinión sobre varios temas que están en la palestra nacional.
José Raúl Mulino, ministro de Seguridad Pública José Raúl Mulino, ministro de Seguridad Pública
José Raúl Mulino, ministro de Seguridad Pública

”Recibe al periodista a la hora acordada. No ha pedido ver las preguntas por anticipado, algo que acostumbran los altos cargos del país. Mientras dure la conversación, no contestará el celular, que descansa al alcance de su mano, ni será interrumpido por las secretarias.

El diálogo, será matizado por él con referencias a diversos temas. Alguna digresión lo lleva a una de sus pasiones, la lectura: Borges, García Márquez y Faulkner, entre otros.

Lee todo el tiempo, y diversos géneros. Ahora mismo, la novela El tiempo entre costuras, de María Dueñas. Cuando termine, “ahí mismo” agarra Anatomía de un instante, de Javier Cercas, que disecciona los momentos del intento de golpe de Tejero.

Da preferencia a los boleros y a la música cubana, especialmente la Nueva Trova. Desde joven se hizo fanático de las películas de acción, y mejor si son con mucha bala.

Sus mejores amigos conforman estancos que, por separado, disfrutan descubrir nuevas variaciones gastronómicas en torno a los callos y la lengua de res. Asegura no ser para nada rencoroso, ni de disfrutar macerando venganzas; más bien suelta lastre rápido, para no vivir amargado. Los entrevistados acostumbran mostrar condecoraciones o trofeos.

Los suyos: fotografías de un antiguo enclave de las Farc en el Darién. Allí, una bandera panameña señorea sobre el territorio recuperado.

Ha estado varias veces a la entrada del túnel, ese que según dicen, se atraviesa para llegar a la otra orilla. Una de ellas durante 14 horas, completamente solo, en un hospital en Boston y, además, consciente de que todo dependía de los tubos que le invadían el cuerpo.

Después de 23 años de arreglar y deshacer valijas por todo el mundo como abogado de corporaciones, echó anclas en el patio político. Ahora disfruta de la familia. Y anticipa el momento agridulce en que los hijos se vayan, a hacer sus propios hogares.

Es egresado de la Usma y obtuvo Maestría en Derecho Marítimo en Tulane University. Es socio-director de la firma Fábrega Molino y Mulino.

Está casado con Marisel Cohen. Son padres de cuatro hijos: tres mujeres, dos de ellas gemelas, y un varón, ya abogado.

¿Por qué un abogado de renombre deja la comodidad de su bufete para meterse en el trapiche de la cosa pública?

Trabajé durante cinco años junto a Ricardo Martinelli, ambos como presidentes de partidos que alcanzaron el poder. Llegado a ese momento, no le rehuí a mis responsabilidades.

Lo hice primero como titular de Gobierno, y ahora de Seguridad Pública. Esta es una cartera muy complicada e incomprendida; aquí no ganas amistades.

El puesto conlleva ser, después del Presidente, jefe de la fuerza pública. Siento orgullo al saber que me he ganado un espacio en ese este equipo, a cuyos integrantes admiro y respeto.

Las complejidades de la seguridad no permiten lograr soluciones de un día para otro. Pero estoy seguro que el tiempo será mi juez.

Además, la vida me ha permitido dedicarle este tiempo al país sin ninguna ambición económica. Algunos lo imaginaban mucho más cómodo yendo a Relaciones Exteriores… Estoy convencido que segundas partes nunca son buenas. Y ya estaba aburrido de pasar toda una vida viajando, con las complicaciones de los aeropuertos y los aviones.

Ese trajín me trajo serios problemas de salud. Ahora viajo al interior, lo que ha me ha dado un conocimiento de nuestras realidades profundas.

Un balance, en lo personal, de estos dos años… Emociones cruzadas. Satisfacción por todo lo que ha podido hacerse con el respaldo del Presidente de la República.

Los sinsabores provienen de la ingratitud que acarrea el puesto por los niveles de confrontación, buscada, sobre algo que debe trascender la vida partidaria como es la seguridad. Hace falta objetividad para analizar el tema.

Tu existes en la medida en que un medio quiera publicar o no lo que dices o lo que haces. No aspiramos a hacer noticia de techo todos los días, pero es ingrato ver que lo que hace el ministerio parece no tener importancia para los medios.

¿Qué tal se trabaja con Ricardo Martinelli?

El es un adicto al trabajo. Es muy intenso y un gran, gran amigo, y un tremendo jodedor. Tenemos gustos y aficiones comunes. Como todo el mundo, carga con días malos.

Pero le pone humor a la cosa. Creo que de esa manera se hace más fácil el trabajo.

El humor ayuda porque hay que imaginarse que sería de un presidente si vas a coger rabia por cada cosa que lees, por cada cosa que escriben sobre ti, o por cada barbaridad que te publican.

Mínimo te vas a morir del corazón. Así que él se lo toma con filosofía. Se le juzga envalentonado como al presidente.

¿Esa es su naturaleza, o lo hace por espíritu de cuerpo?

Cada uno es como es. Los dos tenemos un carácter fuerte. El sabe que yo soy un hombre de criterio. Ambos estamos comprometidos a darle seguridad a este país. Nuestro deber es proteger a la inmensa mayoría, que es gente decente.

El país necesitaba un timón. Y el presidente se lo ha puesto. Nosotros no llegamos aquí para pasar por el poder. Llegamos a ejercerlo. En todo caso, no vamos a hacer un gobierno anodino.

En Por mi parte, no estoy aquí para proteger a los criminales. Las modalidades y lugares del crimen cambian. Tus los persigues por aquí, y se te aparecen por allá, con rutas y métodos distintos y nuevos.

Es notoria la manera cómo la criminalidad se ha movido al interior del país, Y no es lo mismo en La Mesa de Veraguas que en Horconcitos, Chiriquí o Colón versus San Miguelito. Hay móviles distintos y hasta patrones culturales diferentes.

¿Solo nos va a quedar para el recuerdo ese interior con espíritu de campiña placida y tranquila?

Ya el interior panameño no es lo mismo. Hay representaciones de pandillas en todas partes del país. Ya no es la campiña tranquila.

Hoy todo el interior está influenciado por el entorno informativo que imponen Internet y los celulares, y está penetrado por los criminales, ya sea en grande o pequeña escala. Nadie desconoce la importancia de la seguridad,

¿pero era necesario crear un ministerio para atenderla?

Si, no me cabe ninguna duda. Y no fue un invento: responde a una estrategia. El viejo ministerio de Gobierno y Justicia era una mega institución de múltiples y disímiles competencias, una especie de tribunal de apelaciones que ya no guardaba concordancia con un Estado moderno.

Aquí se manejaba desde la Banda Republicana hasta la Fuerza Pública, pasando por Migración, Pasaportes, Correos y gobiernos locales. Hoy solo atendemos la seguridad, con la prioridad que el tema debe tener en los asuntos del Estado.

En agosto trabajaremos en Washington con el Instituto Hemisférico de Seguridad, lo que nos permitirá diseñar una mejor estructura operativa y administrativa para nuestro esquema de seguridad.

¿Qué papel juega en esto la prevención?

Si nos enfocamos principalmente en la prevención, nos devoran los maleantes; la partida la gana el crimen. Ahora mismo solo tenemos tiempo para reprimir; para defender y salvaguardar a los honestos que nos piden garantías para vivir y trabajar en paz. Por eso la Policía Nacional ha triplicado sus acciones.

Cerramos el 2009 con 59 mil acciones y hoy estamos arriba de las 300 mil. Y la Policía cuenta con el apoyo el pele-pólice, el guarómetro y las cámaras integradas de video vigilancia que ayudan a la identificación de los delincuentes. Hay un impacto sicológico en saberse vigilado.

Los honestos se sienten protegidos, mientras que los que no lo son, se auto reprimen al saber que filmamos. Cuando avancemos más en esto, pensamos en la prevención

¿Qué tan autónomos somos en materia de seguridad y cuánto dependemos de terceros?

No hay un país autónomo en materia de combate a la delincuencia.

Es más, si no se busca colaboración, y si no se colabora con los demás, se pierde la guerra. La razón es simple: los criminales no hacen aduana ni migración. No tienen fronteras.

Una embarcación que sale de Ecuador con un cargamento de drogas rumbo a México, durante el tránsito viola las leyes de varios países.

Entonces, para seguirla, una vez detectada, no puedes encontrarte con barreras territoriales que interrumpan su persecución. Estamos en presencia de la internacionalización del delito y la respuesta, para ser efectiva, tiene que ser multinacional.

Además, Panamá no es sólo una vía de paso para las drogas. Ahora somos un sitio de consumo, de venta al menudeo en la calle, lo que trae la aparición de pandillas, fenómeno al que se vincula la deserción escolar.

Y por extensión a las familias que protegen a los delincuentes, porque en su actividad hallan apoyo económico. Este un problema en crecimiento que los gobiernos anteriores no encararon con la firmeza y la determinación que nosotros le estamos poniendo.

De algunos sectores parten críticas, según las cuales, sin tratado formal, Panamá es una inmensa base de Estados Unidos… Entre otras calamidades, la izquierda de este país padece el complejo de inferioridad.

Para ellos no puede concebirse un Estado capaz de defenderse si no es bajo el paraguas norteamericano.

Y como no ha habido, ni va a haber un acuerdo de esa naturaleza, al menos durante este gobierno, crear estaciones aeronavales es visto bajo el viejo concepto de Clayton, Howard o la Escuela de Las Américas.

Son bases panameñas, financiadas a un costo de más de cien millones de dólares por el gobierno panameño. Y están pensadas para luchar integral y eficazmente contra el narcotráfico. En esa comprensión de las realidades es que nuestra izquierda, radical y pasada, se diferencia de las izquierdas democráticas que acuerpan las políticas de Estado cuando priman los intereses nacionales.

Tú puedes hablar con estos últimos, porque sostienen ideologías que hace tiempo pasaron por encima del caído muro de Berlín.

¿Y el tapón del Darién? ¿Y las FARC?

El tapón, ahí se queda. Y no es tan tapón porque no exista una carretera. La prueba es que hoy todavía tenemos, precisamente, presencia del Frente 57 de las FARC dentro de nuestro territorio, bastante cerca de la frontera con Colombia.

A diferencia de lo que hicieron otros gobiernos, nosotros estamos trabajando fuerte para combatirlos. Es posible que alguna vez en Colombia los guerrilleros tuvieran alguna ideología.

Pero lo que hay en Darién es un cartel de narcotraficantes que buscan exportar drogas desde nuestro país.

Entonces, ¿por qué tenemos ser que complacientes o tolerantes con ellos? ¿Tendríamos que ser igual de complacientes con el cartel de Sinaloa, si establece una sucursal en Panamá?

Este gobierno va a hacer valer nuestra soberanía en todo el territorio nacional.

El sicariato que vemos ¿es criollo o importado?

Lamentablemente es criollo, de inspiración foránea. Opera como mecanismo de ajuste de cuentas y de facturación de tumbes (robo de drogas) entre los narcos.

En cuanto a seguridad ¿Cómo estamos en la región?

Dicen los expertos que por cada tonelada de droga que se incauta, mueren tres. O sea que cada vez que la Policía hace un decomiso, alguien muere; a alguien le facturan ese fracaso comercial. Lo dije en Guatemala: podremos vivir en una región más segura o menos segura, pero no libres de violencia.

Ojalá me equivoque, pero no veo el narcotráfico derrotado o acabándose en dos o cinco años. Y lo que vive México… He escuchado al presidente Felipe Calderón hablar sobre este tema con gran sinceridad y una profunda preocupación.

En esto influye mucho la institucionalidad federal de México, que determina el traslape de jurisdicciones estatales y dificulta una lucha centralizada contra el crimen.

Yo recuerdo cuando en el gobierno de Guillermo Endara surgió la idea de una policía municipal y el Presidente le dio un rotundo no a la propuesta, al punto que la limitaron a una policía de custodia de monumentos municipales, porque él veía algo que hoy sufre México: policía federal, policía provincial, policía municipal.

Hay que imaginarse a cada alcalde, a cada gobernador con su propia policía. Y en el caso de México hay que considerar, de igual modo, una extensísima frontera ya no con Estados Unidos, sino con el Nafta, y la presencia de cárteles súper poderosos que compiten largamente con los colombianos.

Si, el caso de México es preocupante y habla muy claro de la lucha que tenemos que librar de manera sostenida contra el crimen.Tenemos que mirarnos frente al drama mexicano.

Rotundamente, en una escala de 1 a 10, qué tan seguro considera a Panamá su Ministro de Seguridad Pública? Siete

¿Veremos algún día la despenalización del consumo personal?

No tengo un análisis profundo de este tema. Pienso que, con relación a Estados Unidos, es muy difícil que ellos den ese paso.

Pero resulta espeluznante imaginar a las organizaciones criminales convertidas en empresas distribuidoras de drogas, como si se tratara de leche o cerveza, porque la organización que distribuye cocaína tiene empleados, sicarios, informantes, ejecutivos que planifican cómo manejar financieramente la barbaridad de efectivo que este negocio genera.

La parte más visible son los sicarios o las mulas, pero en los niveles más altos, en las sombras hay mentes brillantes, muy bien pagadas, comprando gobiernos, sobornando policías. No sé si llegará el momento de hablar de despenalización mientras esta maquinaria del crimen siga funcionando,

¿Cómo resolvemos el problema de la impunidad?

Con una aplicación expedita de la justicia que haga efectivos y eficaces sus procedimientos.

¿Y qué se hace con los corruptos?

Si estuviera en mis manos decidir su suerte, a todos los metería presos. Son una lacra para el país.

¿Cómo reaccionan ustedes cada vez que se escucha hablar de un atentado al Canal?

El Canal de Panamá tiene una estrategia de seguridad de avanzada. Y claro, se trata de un patrimonio inalienable de la Nación que exige políticas de seguridad consecuentes con ello.

Pero hemos de aceptar, a partir de los sucesos de 9-11, que no existen barreras contra posibles atentados.

En ese sentido, pienso que la mejor barrera que tenemos es que el Canal de Panamá es reconocido como un patrimonio, como un bien y como un recurso de carácter internacional.

¿Qué opinión le merece el espionaje político?

De ninguna manera lo justifico. Pero habría que ver si bajo el paraguas de político alguien esconde intenciones aviesas como, por ejemplo, atentar contra la democracia misma del país. Tampoco puedo arroparme con la manta de político para cometer delitos comunes.

Hubo tiempo que en la doctrina atentar contra un presidente era un delito político, pero eso ya no es así: ahora es terrorismo. A César Pereira Burgos le debemos que en Panamá no haya prescripción para los crímenes contra la humanidad bajo el argumento de que eran delitos políticos. Son imprescriptibles.

Volviendo a la pregunta, aquí no hace falta que te pinchen el teléfono para saber lo piensas o lo que opinas. Todos se la pasan ventilando sus pareceres en los programas de opinión y hablando en las radios y en las televisoras, más de lo que la gente quiera enterarse. Aquí no hay secretos para buscar

. En este punto, ¿ Le consultaron el asilo para María del Pilar Hurtado?

No. Esa decisión se tomó en otra instancia. ¿Nuestras relaciones con Colombia? Para que fueran mejores, ellos tendrían que hacerse panameños y nosotros colombianos. ¿Cambios apreciables entre los estilos de Uribe y de Santos?

Uribe fue un presidente fuera de serie y es político con un largo camino todavía por recorrer. He seguido la evolución de Juan Manuel Santos, con quien me tocó ver tratados comerciales en los 90.

Está haciendo un gran gobierno. Un desempeño político interesante en Colombia es el de Germán Vargas Lleras. Para mi, sin duda, es una de las figuras presidenciales más descollantes de ese país. Además de la capacidad que demuestra, tiene linaje político. Y como sabemos, el pedegree es muy importante en Colombia.

¿Por qué son espinosas sus relaciones con los medios y los periodistas?

El espinoso no soy yo. Soy hostil al comportamiento de algunos que no pueden ver las relaciones con las instancias de gobierno como no sea bajo el prisma de la confrontación. Y eso no pocas veces esconde mediocridad. 

Aquí parece que si no es con el choque, la nota no sirve. No hablo de pleitesía o de besamanos. Digo que cuando se trata de ser campechano y jodedor, yo soy el primero.

Pero, cuando actúo como ministro, tengo que exigir respeto para el cargo. Y no veo por qué tenga que tolerar que alguien busque un Pulitzer a cuenta de ridiculizarme o de provocarme para obtener un titular.

En la prensa local es notoria la tendencia de buscar algo escondido bajo las alfombras. Mire, una vez me pasó algo que aparentemente resultó ser un delito. Invitamos a un periodista determinado, al que respeto mucho, a que nos acompañara a una gira al interior.

En el medio no lo autorizaron porque supuestamente mi intención era ponerlo en la planilla del ministerio.

¿Eso no es un irrespeto al periodista?

Pero no voy a polemizar con quienes quieren politizarlo todo so pretexto de ser conductores de la opinión pública, cuando en verdad tienen una agenda. Por eso, y pese a mis limitadas habilidades, me he metido en Twitter.

Creo que a través de esa red puedo dar a conocer mis opiniones o información puntual sobre el trabajo del ministerio. ¿No le parece que los políticos se entienden mejor con los medios cuando están en la oposición? Coincido en eso.

Entonces, hablan el mismo idioma y comparten el interés político de chotear al que está arriba: joderlo.

Las encuestas no lo tratan precisamente bien… Aquí yo veo una paradoja, creyendo como creo y respeto las encuestas. Durante mis desplazamientos al interior no me he encontrado una sola persona que me critique.

Si las encuestas fueran la representación real de la opinión de la gente, a mi me escupirían en la calle. Pero lejos de eso, recibo muchísimas expresiones de consejos provinciales y de simples ciudadanos que reconocen lo que hace este ministerio.

Mi mayor halago es oír decir, “siga así, ministro, deles duro a los criminales”. En resumen, este puesto no es para un pelele ni para quien busque complacencias. Las encuestas muestran a la gente tan preocupada de la seguridad como de la canasta básica. Es natural. Ambos son problemas serios antiguos.

Panamá no es una isla y el precio del petróleo se ha sentido con rigor. La inseguridad es el resultado del descuido e irresponsabilidad en el tiempo. Nos ha tocado hacerlo todo en este campo. No había nada.

¿Cómo ve la actuación de la actual oposición política?

Aquí no hay oposición política, como no sean el Suntracs, que cierra calles, y los indígenas, que reivindican sus derechos.

Si vamos a hablar del PRD, esa gente vive de reminiscencias. Van a los restaurantes; se toman unos tragos y al día siguiente se están matando entre ellos. Todavía no comprenden lo que les pasó en el 2009.

Yo veo un partido atemorizado, incapaz de jugar el rol opositor que en toda democracia le corresponde a los grandes partidos. No digo que no e puedan componer, pero ahora mismo son disco rayado. Y hablando de los indígenas,

¿qué haría hoy distinto a lo hecho en la crisis del año pasado en Changuinola?

Dejarla correr. Quizás así se hubiera tenido más entendimiento de la manipulación política que se dio en esos momentos.

El Frente Amplio Democrático va en vías de inscribirse… Ojalá lo hagan y vengan a buscar los votos en las próximas elecciones.

Ojalá lleguen a trabajar la política bajo las reglas de la democracia. Ojalá cubran la pirámide de las candidaturas en todo el país y sepan lo que es pedir los votos en la calle. Es recomendable para la democracia que los electores tengan varias opciones ideológicas para decidir.

Y si en el 2014 el pueblo quiere un gobierno comunista, pues nos daremos un gobierno comunista. Y digo esto porque yo no imagino a un Genaro López como un Mojica o como un Lula. De todos modos, fíjese que ya no trancan calles. Ahora se muestran democráticos.

Hablemos de la suerte de la alianza oficialista. La alianza va a sobrevivir. Pienso que Juan Carlos Varela ha jugado con la prudencia necesaria para mantener la alianza controlando a sus radicales, que no son muchos.

Nosotros podemos trabajar con los panameñistas sin mayores problemas. El asunto de las candidaturas lo podemos resolver a través de un proceso interno que nos permita escoger el mejor candidato para el 2014. Ya no existe el candidato de a dedo.

¿Y la segunda vuelta electoral?

Soy partidario de ella porque de esa manera surgen de las urnas gobiernos verdaderamente representativos de la mayoría nacional.

La apoyo, por supuesto. En una escala de 1 a 10, en la que 1 es nada y 10 muy democrático,

¿cómo situaría las administraciones de Guillermo Endara y de Ricardo Martinelli?

Son tiempos distintos. Endara condujo una transición. Martinelli es producto de un sistema democrático ya afincado, aunque aun se debe mejorar. Vivimos en un mejor país y hay progreso.

A Endara le tocó ser austero para hoy pudiéramos tener lo que disfrutamos.

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