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23 dic Pedro Chaluja, el Guardado panameño

Alexander Da Silva adasilva@prensa.com

OPINIÓN

Otra vez los ojos del mundo en Panamá.

Esta vez la pelota estaba en manos del presidente de la Federación Panameña de Fútbol (Fepafut), Pedro Chaluja.

La Fepafut ya había anunciado una conferencia de prensa en suelo estadounidense, para mostrar su indignación y rechazo por el terrible atraco sucedido el miércoles en Atlanta, con el pistolero Mark Geiger como la principal arma de la Concacaf.

Ya la selección de Panamá habían dado el valiente primer paso en el camerino, solo minutos después del triunfo asqueroso del equipo mexicano, al posar todos los 23 jugadores con un cartel improvisado formado por dos toallas y el claro mensaje: “Concacaf, ladrones, corruptos”.

Ahora era el turno de Chaluja.

Oportunidad para enmendar el tibio comunicado enviado un día antes pidiendo la “remoción integral de todo el cuerpo arbitral de la Concacaf”, como si este actuara solo.

Lo cierto es que se había apuntado al simple mensajero, pero por suerte tenían otra bala guardada con el nombre de Concacaf lista para ser disparada.

Y es que todos estamos más que claros que el problema es muchísimo más serio, incluso los que se pasean y trabajan en ese cómodo edificio del Proyecto Gol 2 y 3 de la Fepafut, a las afueras del estadio Rommel Fernández, saben de dónde proviene el olor a podrido y corrupto, pero ¿se atreverían a denunciarlo?

La respuesta llegó con un enérgico y contundente Chaluja expresando que “percibía” que el partido estaba amañado y que pedía una investigación.

Apuntó a sus colegas de la Concacaf para que dejaran a un lado el temor.

Palabras más, palabras menos: fue todo un profesional.

Un profesional como el mexicano Andrés Guardado.

Ese jugador, quien perdió la oportunidad de reivindicar a todo una nación, de demostrar que sí existe el juego limpio, pero que reveló la triste realidad de lo que hoy en día es el deporte: un escenario donde no existen los valores y solo reina el dinero y el negocio de los más taquilleros.

Y ante ese mismo marco estuvo ayer Chaluja.

También con el balón en sus manos y la chance de que si lo tiraba afuera le diría basta a la Concacaf.

Era decir renuncio al comité ejecutivo de la Concacaf, y otra vez Panamá, como sí lo hicieron sus jugadores en ese triste y adolorido vestuario, sentaría un precedente en la corrupta Concacaf y marcaría el camino a seguir a toda una confederación que demanda ya por una limpieza general.

Sin embargo, a lo Guardado, escogió la ruta del gol.

Lástima por Chaluja, lástima por la Fepafut.

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