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14 jul Alemania: "Al saber le llaman suerte"

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Termina el Mundial y el periodista Ángel Ricardo Martínez se estrena en "Goles y letras" con un ensayo para pensar el fútbol. La pluma y la red.

1. Sobre la final y sus protagonistas:

Quizás la mayor diferencia entre Alemania y Argentina sea la cantidad de trabajo detrás de una selección y otra. Desde que fue eliminada en primera ronda de la Euro 2004 [Portugal], Alemania se embarcó en un proyecto futbolístico en el que participaron todos los estamentos de su federación, incluyendo a la Bundesliga y sus clubes.

Hoy se corona ese proyecto con la cuarta Copa del Mundo y muchos analistas discutirán tal o cual jugada fue definitiva. Pero la clave está en el contexto: los alemanes llevan metiéndose como mínimo entre los cuatro primeros en TODOS los grandes torneos que han jugado desde 2004. Es decir semifinalistas en Alemania 2006, subcampeones en Austria-Suiza 2008, semifinalistas en Sudáfrica 2010, semifinalistas en Ucrania-Polonia 2012 y campeones en Brasil 2014.

El triunfo alemán significa el triunfo del buen hacer, la organización, la planificación y la fe en que el trabajo bien hecho siempre termina dando sus frutos. Como suele decir mi padre, "al saber le llaman suerte".

2. Argentina vive en el extremo opuesto:

No soy especialista ni tengo detalles de la planificación a medio y largo plazo de la AFA. Pero el historial argentino en Copa América y en Mundiales de los últimos diez años habla de un equipo irregular, inestable e impredecible, con cambios constantes de técnicos y jugadores y, sobre todo, abonado perpetuamente a la esperanza de que tal o cual jugador "aparezca" o "frote la lámpara", de que salga la "picardía" y todas esas cosas a las que se encomienda el que no trabaja lo suficiente.

Hoy, por ejemplo, un fanático argentino decía ante las cámaras que la final "premió la eficiencia" con un aire despectivo, como si fuera inferior el ser eficiente y trabajador.

Esa actitud, en cierta manera, retrata no solo a los argentinos sino a todos los latinoamericanos, que nos creemos genios incomprendidos, demasiado talentosos para trabajar duro.

En resumidas cuentas, Argentina hizo un gran Mundial 2014 pero este pico de rendimiento es más bien una excepción en una década mediocre en el mejor de los casos.

El mismísimo Maradona, que sudó tinta para clasificar a Argentina a un Mundial (!!!), aceptó que este equipo "recuperó el prestigio" futbolístico de su país, lo que habla claramente de la diferencia de nivel entre uno y otro.

3. Saber estar en lo cotidiano:

Quitando lo futbolístico, el triunfo alemán es también el triunfo de la normalidad y el saber estar. Por encima de muchos latinoamericanos, los alemanes entendieron a Brasil. Fueron accesibles a su gente, posaron con camisetas de equipos locales y -según dicen- se fajó en obras sociales en todo el país.

Cuando Klose superó a Ronaldo como goleador histórico de los Mundiales, no tuvo reparos en reconocer que el brasileño es mucho mejor jugador que él.

La actitud del equipo tras aplastar a Brasil 7 - 1 -algo de lo que se hablará por los próximos 50 años- es también digna de recordarse. De ensalzarse. Alemania ha hecho un Mundial legendario, porque es el primer europeo en ganar en tierras sudamericanas y eliminar consecutivamente a los dos gigantes de la región.

La excelente actitud con la que lo han manejado les honra y les hace aún más grandes.

4. Triunfo y derrota, dos impostores (Dostoievsky):

¿Y qué decir de Argentina? Su presencia en el Mundial de Brasil se recordará más por las cancioncitas y burlas de sus fanáticos y medios de comunicación que por el juego de su selección.

Al regresar a casa con las mismas dos Copas alcanzadas en 1978 y 1986, ver a otro equipo alejarse de ellos en el escalafón de los campeones y llegar al club de los "tetra", harían bien todos los argentinos si se preguntarán de qué sirvió tanta columna de Neymar o autodenominarse "papás" de los brasileros y, en general, tanta mofa por anticipado.

Sobre el Mundial:

1. Brasil 2014 fue el primer Mundial en jugarse en tierras tropicales en no sé cuánto tiempo. Eso, sin duda, tuvo una influencia significativa en el rendimiento de muchos equipos, en particular al principio del torneo.

Más allá de entrar en juicios morales -sobre lo bueno y los malo-, el que el clima haya sido una novedad es un síntoma del imperialismo cultural en el que vivimos.

Mientras que la mayor parte del mundo se encuentra entre los trópicos, los países de las zonas templadas siguen siendo los protagonistas de la historia. Y el fútbol no es la excepción.

2. En general creo que Brasil 2014 será recordado como el Mundial en el que llegó a su fin la guerra futbolística entre Europa y Suramérica.

Europa lleva tres Mundiales seguidos en semifinales: su estándar en 9 de las 12 últimas Copas del Mundo.

Como mencioné arriba, creo que en Brasil 2014 algunos factores como el clima, el calendario (en el caso de Argentina, un aspecto importante), las urgencias históricas (Brasil) y algunas transiciones generacionales aún por comenza (España o Italia) o a medio camino (Holanda, Bélgica y Francia) hicieron que el fútbol no europeo rindiera a un nivel sorpresivo y, por momentos, diera la impresión de que esto era más una Copa América que un Mundial.

Con esto no quiero restar ni un poquito de méritos a equipazos como Costa Rica, Estados Unidos, México, Chile, Colombia o la misma Argentina, pero tampoco se puede obviar que, aunque haya sido en el minuto 113 de la final, las aguas regresaron al cauce más lógico y anticipado.

Al día de hoy la diferencia futbolística entre Europa y Suramérica es simplemente abismal, más cercana al 7-1 de semis que al 1-0 de la final.

Y no me refiero a comparaciones de jugadores  o incluso equipos puntuales, sino de estructuras futbolísticas a todos los niveles.

El nivel de excelencia en la formación y captación de talentos en europeo es simplemente superior al de cualquier otro lugar del mundo. La Alemania que hoy celebra es solo una muestra. Pero es que cualquier aficionado sabe que las generaciones en camino en Francia, Bélgica o España no tienen comparación con nada presente en Suramérica o cualquier otra parte del mundo.

Es una realidad dura, sí, pero eso no la hace menos real. Como el fútbol latinoamericano no empiece a incorporar los conceptos y la estructura y la exigencia europeos -Estados Unidos sí hace esto-, me atrevo a decir que pasará mucho tiempo hasta que un equipo de las Américas vuelva a ganar una Copa del Mundo.

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