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21 jul Empates que valen copas

Panamá juega bien; le falta anotar, y aun así es semifinalista.

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Argentina llegó a la final del Mundial de Italia 1990 luego de ganarle a Brasil 1-0 en la segunda ronda y dos empates al hilo frente a Yugoslavia e Italia en cuartos de final y semifinales. Estos encuentros se definieron por la tanda de penales. En el partido definitivo, Argentina perdió 1-0 con Alemania en el partido definitivo. Andreas Brehme marcó el gol de penalti.

Criticado con dureza a lo largo de la Copa, tildado como el máximo exponente del “antifútbol” por la prensa mundial, Carlos Bilardo se retiró de la dirección técnica una vez concluyó el torneo. Semanas después, quizás dos, la revista El Gráfico le dedicó una edición extraordinaria al camino seguido por el estratega, desde sus épocas de mediocampista de Estudiantes de La Plata. En calidad de técnico obtuvo un campeonato mundial en México 1986 y un subtítulo en Italia 1990.

Varias diferencias se marcaron entre el fútbol plasmado por el seleccionado argentino de 1986 y el de 1990. La más importante fue la capacidad de gol del campeón del mundo, con tres delanteros letales en óptimas condiciones: Valdano, Burruchaga y Maradona. Sumaron 11 tantos en 7 partidos. Argentina subcampeón del mundo jugó en Italia sin Valdano, con Burruchaga si su aptitud anotadora y un Maradona objeto de patadas inmisericordes que bien vale la pena repasar en el Youtube. Sobre todo por aquellos que insisten en la comparación con Messi.

Bilardo tuvo en Italia un equipo menos ofensivo, restringido en su fuerza creativa, golpeado, odiado y despreciado, y se vio en la obligación de acudir a la disposición táctica. Jugó a defenderse, se fió siempre de las apariciones de Goycochea en el arco, como una especie de amuleto salvador, y esperó los chispazos de Maradona y los piques de Cannigia. Poco le importó si había que ganar partidos en la serie de los penaltis. Así obtuvo el subcampeonato.

Los animadores de las catástrofes se dieron gusto hablando de lo “mal que juega Panamá” en esta Copa de Oro. Inquirieron en la primera ronda:“¿Cómo es posible solo sacar empates?”. Exigieron una goleada sobre Haití. Se sintieron ofendidos por el resultado con Honduras, y justificaron el 1-1 con Estados Unidos porque el anfitrión asumió el partido como un entrenamiento más. El partido frente a Trinidad y Tobago quedó otra vez 1-1.

En términos estadísticos son cuatro empates seguidos. Una mirada más detallada, subjetiva, muestra cómo fue una injusticia para Panamá el resultado frente a Haití, la sensación de la copa. (Hernán Darío Gómez tenía razón de enfadarse al final del partido). Ante Honduras el árbitro se abstuvo de pitarle una pena máxima a Panamá, y contra Estados Unidos el seleccionado hizo lo mejor que pudo ante un equipo de suplentes. Aunque algunos nombres de la banca del anfitrión pueden jugar en la titular de representativos de peso de la Concacaf.

Trinidad y Tobago se anunció desde la primera vuelta como la otra revelación del torneo junto con Haití. El empate de los isleños a cuatro goles con México demostró una notable capacidad de gol. Pero contra Panamá lucieron inferiores. Pegaron, y mucho, y estaban extenuados en el extratiempo. En los 30 minutos del alargue, los caribeños se quitaron el parche de los corsarios y se convirtieron en unos chicos rogando misericordia. En los penaltis se impuso la roja. Penedo fue la figura.

Panamá juega bien; le falta anotar, y aun así es semifinalista. Gústele al que le guste. Duélale al que le duela.

Nota. A propósito: Panamá pasó ayer a la segunda ronda de los Panamericanos tras igualar con Brasil. Otro empate que vale como una victoria. 

 

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