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07 jul Miroslav Klose, 12 años más tarde

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Mañana se enfrentan Brasil y Alemania y Miroslav Klose tiene una deuda pendiente. Las revanchas del fútbol.

El cronómetro marcó el minuto 74 de la final del Mundial de Corea y Japón y el cuarto árbitro anunció un cambio en la Selección de Alemania. La paleta electrónica mostró el número 11 para señalar la salida de Miroslav Klose.

Su único aporte fue un tiro desviado al arco rival en el minuto 53. Hasta ese momento contabilizó cinco anotaciones durante el campeonato. Tenía 24 años recién cumplidos y era el rostro del cambio generacional del equipo europeo.
Klose vuelve a enfrentar a Brasil en una Copa del Mundo.
Si es alineado mañana, sería el único futbolista de Alemania en competir contra los brasileños en dos Mundiales diferentes. Sería la segunda parte de un capítulo pendiente para el delantero, ahora de 36 años y con el deseo, la obsesión misma, de anotar ese tanto fallado 12 años atrás en el segundo tiempo de la final de 2002 cuando todavía estaba igualada a cero. Y si la venganza es el diesel de un crimen pasional, entonces el alemán está a punto de hacer combustión.
Frío como un esquimal, largo y flaco como un ciprés, Klose trazó desde sus inicios una parábola profesional en clubes y campeonatos de todas las condiciones. Nació en Polonia y eso significa estar dispuesto a caminar y hacer cambios de residencia, y como dice Rayuela, eso no se arregla así no más.
El caminante ciprés pasó la infancia en Opole, ciudad marcada por una enorme influencia germánica. Su padre fue futbolista de varios equipos de Polonia y de Francia y ese estatus migratorio anticipó el estilo de juego de su hijo. La fusión de una máquina con la tristeza de un desplazado. Basta con ver su mirada.
Su trayectoria profesional transcurrió por clubes teutones salvo el traspaso a la Lazio en 2011. Jugó en SG Blaubach Diedelkopf, Hamburgo, Kaiserslautern, Werder Bremen, Bayern Munich y Lazio.
Debería entonces querer ganar y ganar siempre. Aunque a Klose no le gusta imponerse de cualquier manera. En la temporada de la Bundesliga 2004 – 2005 se enfrentaron el Werder Bremen y el Armania Bielfeld, y el juez pitó en favor del delantero un penalti inexistente. El marcador estaba 0 – 0.
Klose le exigió al árbitro el cambio de decisión, pues alegó haberse resbalado y que en nada intervino el defensa de Armania. El juez rechazó la apelación, y entonces Klose cobró a propósito el tiro lejos del arco. El partido quedó empatado y sin goles. En ese año se lo declaró el Jugado Fair Play de la Confederación de Fútbol de Alemania.
Mañana contra Brasil es casi imposible que a Alemania le piten un penalti. Las oportunidades serán escasas como insoportable será el bufido intimidante de los brasileños. Un equipo de jugadores pegadores, correlones, tácticos incluso al amarrarse los botines, y protegidos por los árbitros. Son locales al fin y al cabo.
Pero en su área puede estar el viejo ciprés, el de la deuda pendiente. Sabe cómo sortear a los jueces, los buenos y los pésimos, que ahora son mayoría. Y lleva 12 años a la espera de un balón en el área, de cualquier oportunidad medianamente convertible en gol. El hombre quiere su revancha.

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