Página del Lector


[FOTODENUNCIA]

Ciudad de contrastes

LA PRENSA/Carlos Lemos

En medio de los nuevos e imponentes edificios que se construyen en la Avenida Balboa, justo frente a la cinta costera, hay varios lotes vacíos que se utilizan para desechar caliche y restos de materiales de construcción. Esta práctica no solo ofrece un panorama deplorable, sino que contribuye a la creación de charcos malolientes e insalubres.
 

 

[COMENTARIO]

El lento avance de la justicia en Panamá

10 DE NOVIEMBRE.

Me refiero a la excelente columna de Betty Brannan Jaén, “Corrupción sin castigo” (La Prensa 8/11/2009), en la cual señala apropiadamente que desde que cayó la dictadura (1989), “Panamá no ha avanzado un milímetro en la administración de justicia”.

Esa es una triste realidad desde los tiempos en que el recordado jurista Camilo O. Pérez afirmara en la década de 1970 que el sistema de justicia era un “potrero lleno de garrapatas”. Antes del advenimiento de la democracia, siempre pensé –y así se lo comenté a periodistas y diplomáticos a quienes me tocó atender como periodista bajo el periodo de Noriega– que el mayor daño hecho a Panamá y a los panameños por ese régimen era la total ausencia de un sistema imparcial de justicia.

En esos aciagos años, la justicia era denegada a quienes no comulgaban con el régimen. En lo personal, fui víctima del robo de mi auto por paramilitares luego de ser acusado de sedicioso. Consumado el hecho, acudí a los entes de investigación a sabiendas de que no harían nada, pues la orden de que me robaran el vehículo emanó del G–2, pues así me lo había informado un amigo miembro de la contrainteligencia. Instaurada la democracia a fines de 1989, abrigué la esperanza de que, al fin, los panameños tendríamos un sistema de justicia conforme lo dicta la Constitución. Al respecto, nuestra Carta Magna señala (Art. 198) que “la administración de justicia es gratuita, expedita e ininterrumpida”.

Pero ocurre que esta avanza a paso de tortuga, aun cuando las evidencias sean abrumadoras en contra del acusado. ¿De qué sirve que la justicia actúe en consecuencia si el fallo se produce luego de muchos años, después de que el querellante murió? La Constitución también ordena (Art. 217) que el Ministerio Público promueva “el cumplimiento o ejecución de las leyes, sentencias judiciales y disposiciones administrativas”.

Lamentablemente ocurre que –en no pocos casos– este se quita la venda de imparcialidad para favorecer a los poderosos o a quienes pasan dinero bajo la mesa o en maletines, aunque estos hayan violado flagrantemente la ley. De nada sirve que otros países nos brinden apoyo técnico y financiero para modernizar y mejorar nuestro sistema de justicia, si en su administración se designa a personas maleables y/o de dudosa trayectoria.

El problema de la justicia está, a mi juicio, referido a la calidad de las personas responsables de administrarla. Bajo el actual gobierno parecieran estar dadas las condiciones para que tanto la Corte Suprema de Justicia, como la Procuraduría General de la Nación, el Ejecutivo y la Asamblea Nacional asuman su responsabilidad histórica.

Franklin Castrellón
Periodista

 


 

Lamentan ataque a columnista

18 DE NOVIEMBRE.

Es lamentable que el doctor Sáez–Llorens y su familia sean blanco de ofensas y amenazas por individuos intolerantes que discrepan de su ateísmo. La intolerancia deberían demostrarla ante la injusticia, la pobreza, la delincuencia y los políticos corruptos entre otras cosas.

En mi caso, no creo saludable para nuestra sociedad eliminar a Dios de nuestras vidas. Si bien es cierto que la religión y Dios han sido utilizados en la historia de la humanidad como instrumento de sometimiento, intimidación e, incluso, se cometieron crímenes en nombre de Dios, no es menos cierto que la humanidad también ha sido atormentada por el supuesto uso de la “razón”. El problema no es si se vive con Dios o no. El problema es la humanidad cuando raya en el fanatismo radical.

Cabe mencionar el artículo publicado el 15 de noviembre en este diario, en donde se registra que jóvenes pandilleros de Puerto Escondido, en Colón, deciden, por influencia de Dios y a través de unos sacerdotes, abandonar las armas y los vicios. Dios vive con ellos, y ellos y la sociedad, incluyendo a los hermanos ateos, se benefician. Sería maravilloso que un grupo de ateos lograse algo similar, sin utilizar lo que el doctor llama “una estafa milenaria”, por supuesto.

Ricardo Caballero Vega
Oficial de Marina Mercante


 

Critican al alcalde

15 DE NOVIEMBRE.

Casi no pasa día sin que aparezca en La Prensa una noticia o comentario sobre el alcalde del Municipio de Panamá, Bosco Vallarino, por sus metidas de pata, sus descabelladas ideas, sus diferencias con los concejales, los despidos, etc. Vallarino dice que él es víctima de la persecución de los periódicos, pero es más bien víctima de sus acciones y falta de criterio. Los problemas que tenemos son demasiado serios para aguantarnos por cinco años a un alcalde que no está capacitado para ese trabajo. Yo le pediría que nos haga un gran favor a los residentes del Municipio de Panamá: ¡renuncie!

María Dolores Medina,
Ciudadana

 


 

Publicidad y rescisión de un contrato

16 DE NOVIEMBRE.

Leyendo la columna del arquitecto Rodrigo Mejía–Andrión del 7 de noviembre pasado, ocupada del tema “La Ciudad Gubernamental”, encontré atinada su crítica a “la reacción del ministro Alberto Vallarino de cancelar intempestivamente el contrato de desarrollo de los planos contratados con firma C.A. Clement & Sons Designers, firma que preside el arquitecto Carlos Clement”. Días antes, el 30 de octubre, el diario La Prensa había publicado que el ministro de Economía y Finanzas, Alberto Vallarino Clement, familiar de este último arquitecto, “decidió rescindir” ese contrato porque los representantes de la firma dieron a La Prensa información sobre la Ciudad Gubernamental, que apareció publicada el 29 de octubre.

En las palabras de Vallarino Clement, los contratistas fueron “irresponsables … por dar a conocer, sin autorización del Gobierno, los detalles de la propuesta”. El ministro se equivoca en su explicación. Un contrato como ese involucra la prestación de servicios al Estado para construir una obra del Estado con supervisión y recursos del Estado. Por ende, la información relacionada debe ser del conocimiento general, sin secretismos de ningún tipo. Además, tomando en cuenta el impacto de un proyecto de semejante magnitud en nuestro entorno urbano, toda apreciación sobre el medio ambiente en las áreas intervenidas necesita de un análisis abierto de cara a la sociedad.

Como ejemplo, hace poco La Prensa ganó un caso de hábeas data ante la Corte Suprema de Justicia en relación a los planos de la cinta costera, que el entonces ministro de Obras Públicas, Benjamín Colamarco, dificultaba entregar ante la solicitud del diario. Quizás la exagerada reacción del ministro, quien de acuerdo a la publicación “no explicó cuándo se dio la contratación ni bajo qué condiciones”, se debió a que el mismo contrato se mantenía reservado, lo cual es a todas luces reprochable. Allí está el verdadero problema. Las contrataciones directas y en especial aquellas sobre las cuales los altos funcionarios dejan de informar, no pueden tener cabida en un gobierno de “cambio”.

José Alberto Castillo C.
Ambientalista


 

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ANÁLISIS

Una reflexión sobre el ejercicio del poder

Difiero, con todo respeto, en cuanto al enfoque que se le da al artículo titulado “El ejercicio del poder” (La Prensa, 28/10/2009). Si bien es innegable que el poder deriva en muchas ocasiones del egocentrismo e idolatría, me parece que hay algo de subjetivo en el tratamiento que el autor da al artículo. El poder no solo deriva del egocentrismo e idolatría, deriva, también, de la responsabilidad.

La palabra responsabilidad significa etimológicamente: “Capacidad de respuesta”. Es la responsabilidad o capacidad de respuesta de algunos hombres y mujeres lo que los llevó, muy a su pesar, a detentar el poder en algún momento. Cuenta la historia que algunos tenían a Winston Churchill como un hombre prepotente, altanero, grosero, sin embargo, ¿Qué decía un biógrafo de tales actitudes? Decía: “Sus defectos no eran más que virtudes llevadas a la exageración”. Ahí está el quid del asunto. No se puede enmarcar el poder dentro de lo estrictamente conceptual, porque el poder no es una receta académica, es una responsabilidad del que detenta el manto o investidura del poder. Y como es una responsabilidad “un líder o gobernante hace lo que tiene que hacer”, no lo que otros piensan que debe hacer.

Esos “otros” no fueron investidos con el manto de tal poder y, por ende, no recae en ellos la responsabilidad directa de ese ejercicio. No es que quiera yo ponerme en la posición de un exégeta, pero ya que el autor del artículo mencionó la santa Biblia, al culminar su artículo y en virtud de lo antes expuesto, diré que es motivo de profunda reflexión el hecho de que Dios siendo amor dijera también: “Destruid del todo” (Deuteronomio 20: 16-17). ¿No sería tal vez por esto que alguien dijo: “Los ojos que tú ves no son ojos porque tú los veas, son ojos porque te ven”?

Robin Rovira
Contador Público

 

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