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Panamá, lunes 4 de agosto de 2008
 

informando la verdad por dura que sea.

Gracias al mundo del periodismo

Horacio Bustamante
opinion@prensa.com

Cuando ya se está cansado de comentar, en vano, los innumerables problemas que sacuden a nuestro país en forma negativa, se siente un deseo de escribir sobre algo positivo brindando un aplauso para quienes merecen nuestra admiración y agradecimiento.

Al abrir por la mañana el diario del día, el lector o la lectora se llena los ojos con todo tipo de noticias nacionales y extranjeras sin pensar en todos aquellos incansables artífices, hombres y mujeres a quien le debe todo lo que está leyendo. Recorre con su vista editoriales, comentarios, acontecimientos que durante horas han puesto en movimiento todos los teletipos del mundo, fotografías de personajes de actualidad, de desgarradoras catástrofes naturales, de actos de terrorismo o de hazañas deportivas. Noticias de todo tipo del acontecer diario le dicen en pocos minutos lo que está pasando dentro y fuera de nuestras fronteras.

Pero gran parte de los lectores ignoran lo difícil que es llegar a ser un buen periodista o trabajar día y noche en la realización de un periódico para que este salga a la calle siempre en el mismo horario y en perfectas condiciones. Sin embargo, lo que no faltan son las críticas infundadas por las tendencias políticas u otras que pueda manifestar uno u otro rotativo. Son comentarios inevitables en quienes no tienen en cuenta la libertad de prensa que yace grabada en el artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que empieza diciendo: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de expresión y de opinión…”.

Las máquinas de escribir de antaño y hoy día las computadoras son como el bisturí del cirujano, la dialéctica del abogado o los instrumentos de precisión del ingeniero. A través de sus teclas, hombres y mujeres periodistas ejercen su abnegada y difícil profesión. Cuántos de ellos no pudieron enviar su último reportaje víctimas de una ráfaga de metralla. En cuántos lugares del planeta, lejanos de sus hogares, no se arredraron ante el peligro, ni ante el cansancio del insomnio y del hambre en inhóspitos territorios plagados de noticias. Cuantos de ellos murieron en misión apretando entre sus manos una cámara, única e inofensiva arma de estos valientes soldados, queriendo darnos a conocer los horrores de un conflicto bélico o una catástrofe de la naturaleza.

Pero además de estos heroicos corresponsales internacionales existen otros que hacen honor a la carrera periodística y que son la base de todo su engranaje. El diario para salir a la luz del día necesita la total dedicación de un ejército de grandes profesionales. Desde su presidente, su director y los gerentes y ejecutivos que los rodean, todos asumen la enorme responsabilidad de que en aquellas páginas se haga honor a la verdad por dolorosa que sea, y de estar pendientes para que se respete la sagrada libertad de prensa ofreciendo a la opinión pública una lectura abundante, tanto en noticias como en el aspecto cultural, social y artístico cubriendo todos los campos de la vida que nos rodean a diario.

En el mundo del periodismo trabajan a fondo y sin tregua sus editorialistas, su planta de periodistas locales e internacionales, sus columnistas, sus encargados del montaje, tipógrafos, editores, fotógrafos, camarógrafos y tantos otros importantes empleados que hacen posible esta maravillosa fuente de información nacional y mundial que pasa por nuestras manos cada día.

Al observar las agitadas salas de redacción y el entorno de las bulliciosas impresoras de un diario, se siente uno fascinado por la devoción que se adivina entre quienes allí laboran. Absorbidos por el apasionante trabajo a ellos no los detiene ni el horario, ni la noche que gran parte deberán pasarla en vela. Lo importante es redactar y montar correctamente, sin errores, el próximo ejemplar. Ellos están conscientes que ya en la calle la obra realizada tiene que ser perfecta, pues saben muy bien que el diario llega a manos de una ciudadanía que si bien no abundará en elogios hacia el trabajo realizado es seguro que magnificará algún error que se haya cometido.

Y llega el momento en que la obra de todos ellos sale a la calle antes del amanecer en abultados paquetes que los llevan a su destino final. Distribuidores y vendedores ambulantes tienen desde ese momento una participación determinante en la comercialización del diario. Desde el pequeño canillita que le permitirá ganar su sustento, centavo a centavo, hasta las tiendas o lugares que lo venden, o el abonado que recibe su ejemplar a domicilio, el diario ha recorrido la ciudad desde antes que salga el sol. En pocas horas ya estará en el interior del país y hasta volará al extranjero o, a través de su sitio web, aparecerá en las pantallas de las computadoras del mundo entero.

Y pronto llegará también a las manos de quienes lo han esperado impacientemente con la esperanza de que en sus últimas páginas, en sus anuncios clasificados, se encuentre las soluciones a los problemas y necesidades que están viviendo. De todo se puede encontrar en esas páginas que especialistas de la sección han distribuido en sendas columnas de avisos minuciosamente elaboradas y en impecable orden.

Finalmente deseo decir que personalmente no soy extraño a este maravilloso mundo del periodismo. Desde mi infancia crecí junto al traqueteo de la máquina de escribir de un querido periodista. Mi padre, de nacionalidad ecuatoriana, fue además de diplomático, corresponsal en Argentina y en Europa, durante 30 años, de los diarios El Comercio de Quito, El Telégrafo de Guayaquil y El Mercurio de Cuenca. Su devoción por el periodismo y su constancia enviando artículos, que solo interrumpieron su fallecimiento, inculcaron en mí el verdadero significado de esta maravillosa carrera. Más tarde yo incursionaría humildemente en este mismo mundo.

Creo que sería justo que al leer el diario se tuviera, de cuando en cuando, un pensamiento hacia esos profesionales de la prensa que trabajan, sin tregua, para proporcionarnos un medio que es de tanta ayuda y que nos informa a diario sobre lo que pasa en este sorprendente mundo en que vivimos.

¡Gracias a todos ellos!

El autor es ex diplomático
© 2008. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
 
 
 
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