EDUCACIÓN.
Endiosando tecnologías, desvalorizando lo humano
Roberto A. Pinnock
opinion@prensa.com
Existe una idea peregrina que afirma que todo progreso tecnológico lleva a un bienestar humano. Los hechos cotidianos niegan su veracidad salvo cuando se cumplen determinadas condiciones.
Esto me es muy familiar como docente, cuando observo el culto irracional que más de cuatro colegas de nuestra primera Facultad de Medicina fomentan a favor de los avances tecnológicos. En la práctica, deforman a nuestros (as) posteriores médicos (as) a ser dependientes de los equipos sofisticados de diagnósticos y tratamientos, subestimando tecnologías alternativas y apropiadas en función del Panamá pobre e indígena que no puede accesar a dichos usos. Resultado: en el mejor de los casos, distracción de grandes sumas de dinero por parte del Estado para garantizar una atención de salud eficaz, pero no necesariamente eficiente ni de carácter universal.
Cosa no distinta se verifica en el adiestramiento que han tenido nuestros técnicos y productores comerciales del agro. El endiosamiento aprendido a favor de los agroquímicos los tiene con altos costos de producción, insostenibles para el resto de la economía y los subsidios que el Estado les pretende otorgar.
Si desaprendieran el empleo de esta tecnología y adoptaran los aportes de la microbiología moderna, lo ofrecido por el Gobierno a los arroceros le sería más que suficiente para garantizar un margen adecuado de ganancias y precios accesibles a quienes lo consumimos. Aquí, lo sofisticado es el uso de agroquímicos de las superindustrias, no los plaguicidas biológicos y mucho menos, el manejo de la gallinaza y las lombrices.
Lo lamentable es que tal culto se viene reforzando desde tempranas edades con el argumento artificioso de que para insertarnos exitosamente al mundo globalizado, debe incorporarse en cada escuela las tecnologías de punta, singularmente, las informáticas y de comunicaciones (TIC).
No es que adversemos la inclusión de las TIC en nuestros centros educativos, el problema es que tiene que hacerse con ojos críticos, no incorporando equipos sofisticados porque sí o porque sus vendedores nos los pintan maravillosos.
Conozco de un programa muy publicitado que se viene extendiendo en nuestras escuelas oficiales orientado a la enseñanza de “mapas conceptuales” a partir de un software diseñado para tal propósito.
En principio, un (a) docente debidamente entrenado (a) sobre los mapas conceptuales y los pensamientos lógico y crítico para la creatividad, no requiere de un equipo y un programa sofisticado a menos que –y solo bajo esta condición– éste demuestre ofrecer algo comparativamente superior en términos pedagógicos e inferior en términos de costos sociales y económicos.
A fin de cuentas, la efectividad de la incursión de las TIC en el sistema escolar depende menos de la sofisticación de un equipo que de la calidad de las instituciones (clima escolar) y de la capacidad de aprendizaje y planificación que tienen tanto docentes como estudiantes y directivos de los planteles. La cuestión es ¿con qué orientación y sentido se insertan en la educación panameña? Esto, que debiera ser debatido por la comunidad educativa, discriminaría entre programas informáticos que cuentan con opciones sustitutas en calidad y costo, y los que no.
Lo contrario es seguir endiosando las tecnologías “de punta” a un precio muy alto para nuestro desarrollo humano integral, al distraer recursos para la obtención de resultados muy magros en los aprendizajes de nuestros estudiantes y lo peor, continuar responsabilizando de esto último solamente a los (as) docentes y directivos.
El autor es consultor en sociología
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