RECLAMO CIUDADANO.
El valor de los independientes
1080574César García Núñez
opinion@prensa.com
El votante independiente, en general, se caracteriza por su accionar político pasivo, incorporándose a la actividad política en la fecha de las votaciones para ejercer el derecho al sufragio, con la convicción de haber hecho un juicio claro del candidato de su preferencia que cumpla con su esperanza de elegir un político comprometido con los intereses de todos los panameños.
Los independientes se identifican con una ideología fundamentada en valores orientados al bienestar de la sociedad con un alto grado de sensibilidad social, una fuerte valoración al bien común y una visión integral de un gobierno con estrategia de Estado.
Los independientes representan la población votante mayoritaria en nuestro país, al mismo tiempo es el grupo con menor interés en defender sus derechos, asumir su responsabilidad ciudadana y defender las institucionalidad del Estado. A través de los años hemos permitido y hemos sido cómplices de que los partidos políticos –bajo el dominio de sus seudo líderes– tomen control del Estado, haciendo de la política un negocio de acuerdos y pactos para favorecer a sus miembros en perjuicio del bienestar colectivo.
Los independientes tenemos que promover el cambio de actitud de los ciudadanos, el epicentro de la política y hacer prevalecer nuestra fuerza cualitativa y cuantitativa al momento de elegir a los candidatos.
Su participación política no debe estar mediatizada por los partidos, tampoco por disposición de la ley electoral y menos por la Constitución.
Es inadmisible que los independientes, siendo el grupo de electores más grande del país, estén subordinados por propia conducta a cumplir los propósitos de grupos organizados en partidos. El Código Electoral no contempla, en ninguno de sus artículos, consideraciones generales ni particulares para los independientes al cargo de Presidente y de vicepresidente. ¿Has leído el Código Electoral? ¿Por qué ningún candidato a puesto de elección presidencial, diputado o representante menciona esta infame realidad? Esto me hace pensar que somos ciudadanos de una categoría inferior.
Esta anomalía, nos ha obligado, en las últimas dos décadas, a elegir políticos al cargo de Presidente, pensando que estaban comprometidos en buscar la solución a los problemas socioeconómicos del país.
Hemos sido defraudados sistemáticamente porque la gestión de los gobiernos ha tenido un efecto contrario al interés colectivo. Esta es la principal razón que justifica la participación de hombres y mujeres independientes en la administración pública de las instituciones del Estado.
El hecho de no ser parte de un partido no nos releva de la responsabilidad que tenemos como ciudadanos de hacer valer los derechos por el bienestar colectivo; por el contrario, no tenemos compromisos de grupo ni intereses particulares que nos condicionen a una gestión de gobierno comprometidos con el establishment.
¿Cuánto tiempo más permitiremos ser tratados como ciudadanos de otra categoría? ¿Qué hemos logrado eligiendo a los líderes de los partidos? El camino parece torcido y ha despertado un sentir colectivo incierto. Hay voces de temor y terror, también hay llamados de alerta y preocupación porque no queremos otro episodio nefasto de ninguna tendencia política.
Los independientes tenemos la esperanza de vivir en democracia, con gobiernos que administren los bienes de la forma más eficiente posible, por el bien de todos y con el deseo de estructurar una mejor sociedad. Pero, en su mayoría, los líderes de los partidos parecen responder a sus ambiciones de poder y a los intereses internos, dejando en un segundo plano el interés de toda la comunidad.
Los líderes de los partidos siempre utilizan postulados como: “Trabajamos por el pueblo y para el pueblo”, “Acabaremos con la corrupción y la pobreza”, “Crearé más fuentes de trabajo”, “Haremos cambios profundos en la educación”, todas estas consignas hacen que los independientes compren sus mentiras, porque no pierden la esperanza de tener un buen gobierno. Esta reflexión me hace recordar el siguiente pensamiento: “El verdadero político tiene una filosofía de la vida fundamentada en justicia, equidad y aspira a la democracia, pero el politiquero vive de la demagogia y aspira al poder”. (Alfa Canis Majoris).
Desde hoy, debemos exigir al Ejecutivo y a la Asamblea Nacional, incorporar los derechos de los independientes en el Código Electoral, y fundamentalmente a la Corte Suprema, para que declare inconstitucional la discriminación que se hace en el Código Electoral al derecho natural de todo ciudadano independiente de poder ser postulado al cargo de Presidente o vicepresidente de la República de Panamá.
El autor es financista
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